viernes, diciembre 26, 2014

JARDIEL IMPRESCINDIBLE

Ayer vi el documental sobre Jardiel Poncela en "Imprescindibles" de Televisión Española y fue una gran satisfacción en todos los sentidos. De alguna extraña forma me siento horado personalmente por el reconocimiento a su figura. Desde que mi madre me dejara un pequeño libro, un crisolín, de artículos y cuentos suyos titulado "Para leer mientras sube el ascensor", allá por mis doce años, se convirtió en mi ídolo absoluto. Publicaron una colección con sus obras completas y dediqué cada peseta que podía ahorrar de pagas y cumpleaños para comprar sus volúmenes de uno en uno. El resultado se lo pueden figurar: me acabó faltando uno que no hubo manera de encontrar, lo que quizá contribuyó más a mantener viva mi admiración. Sin él saberlo, se convirtió en el motivo por el que quise dedicarme a escribir. Y probablemente por eso, siento a Jardiel como a alguien propio.

Recuerdo mi frustración cuando, año tras año, lo buscaba inútilmente en los libros de literatura del colegio hasta que tuve que aceptar su ausencia amparándome en la idea (que no me entraba en el corazón) de que los contenidos de la asignatura tenían que ser limitados y que quizá Jardiel no fuese de los mejores para esta selección. Por eso, el documental de la 2 me hace volver a mi adolescencia y confirma muchas de mis creencias. Jardiel fue uno de los grandes hombres del teatro en España, fue un precursor no reconocido del teatro del absurdo, y más que un simple comediógrafo fue todo un intelectual. Escucho que él mismo reconocía lo que siempre he pensado, que "La Tournée de Dios" era su mejor novela. Y otras personas, más autorizadas que yo, recomiendan su relectura hoy día, pues sus palabras adquieren mucho sentido en la situación actual. Eso es porque su novela es un clásico (y no un Madrid-Barça), un clásico no reconocido, como el propio Jardiel.

Se desmienten los topicazos de su misoginia y su filia franquista, y entre el eterno protestón contra críticos y plagiadores, aparece el hombre tierno que adoptó a un perro de la calle, el hombre culto y divertido que se convertía en el alma de cualquier reunión, y un enamorado de su arte capaz incluso de dibujar los planos de un diseño industrial para el teatro. En el aspecto sentimental, me emociona conocer tantos detalles de su vida (alguna biografía suya ya había leído, pero sin testimonio gráfico), y ver el trabajo artesanal que hacía con cada escrito, manuscrito con pluma, con la letra perfectamente caligrafiada y con dibujos propios. Si a mano y pegando "banderillas" para corregir, pudo escribir tanto, ¡qué no hubiera hecho con un programa de textos!

No me extraña nada que de jovencito soñara con emularlo. Y eso, sin haberlo visto en acción. Si llego a conocerlo un poco más, creo que me hubiera vuelto loco de ilusión con querer seguir sus pasos... aunque evidentemente no esté a mi alcance. Entre tanto, he leído todo libro suyo que ha caído en mis manos y he asistido a todas sus obras de teatro que he tenido ocasión. Y en mis primeros tiempos de bloguero, cuando curioseábamos de blog en blog y nos dejábamos comentarios, como por azar, me encontré con dos de sus descendientes, don Enrique y doña Sakura, una forma virtual y cibernética de entroncarme con él.

En estos tiempos de internet, nuestra Televisión Española, que alguna cosa bien sí que hace, tiene una página web con una pestaña llamada "a la carta" que le permite a uno saltarse la tiranía de las programaciones (que pueden emitir, por ejemplo, unas interesantes tertulias humorísticas a las doce de la noche de un domingo) y ver el programa que quieras a la hora que quieras. Les recomiendo fervientemente que busquen el programa Imprescindibles dedicado a Jardiel, toda una delicia. ¡Incluso tipográfica! Véanlo, y corríjanme si me equivoco.

domingo, diciembre 21, 2014

AL CARIBE CON LOS PIRATAS ¡URGENTE!

Ayer estuve viendo a mis amigos de Timaginas en el Teatro Arlequín y me lo pasé como un enano. Si tienen ustedes niños, tienen la excusa perfecta para ir a verla cualquier día de estas navidades (entre semana, por la tarde, y el sábado y domingo, por la mañana). Pero si no los tienen, vayan igualmente, Y fui sin hijos ni sobrinos (creo que fui el único adulto sin niños), pero no los eché de menos.

Si Julio Verne ideó a un Capitán de Quince Años, Timaginas sube la apuesta y nos planta uno de trece (que, además, ya viene con experiencia). Al pobre Miguel Ángel, el más joven del elenco, le toca hacer de serio y poner orden en su tripulación, dos primos zascandiles que no paran de hacer bromas desde que se levanta el telón y hasta que baja. Bueno, metafóricamente, porque ayer el telón no lo tocaron. Pero él se lo pasa bien, parece que hubiera nacido para el escenario.

En "Piratas al Caribe" (no del Caribe, no confundirse), el capitán Bramante, Boquerón y Esparragón tiran abajo la cuarta pared y se meten al público en el bolsillo desde el minuto 1 con sus rimas, sus chistes, sus canciones, sus bailes y sus improvisaciones. Y los niños responden. Algunos demasiado, como la pobre Rocío que casi se queda sin voz al intentar hacerle entender a Boquerón por dónde se había ido su capitán. 

Timaginas toma todos los recursos clásicos del teatro infantil, del guiñol, de los payasos... recursos brillantes que, como dirían Boquerón, "no se pasan". Y da gusto ver a los niños divertirse con algo vivo y real, con actores entregados en cuerpo y alma a su diversión. Si les digo la verdad, hasta sufrí un poco al pensar en el esfuerzo físico que hacían Andrea y Armando (con su hernia lumbar en la L4, que no es la línea de metro Argüelles-Pinar de Chamartín, sino una vértebra). 

Pero los Piratas no se quedan en la tradición, nos traen un espectáculo moderno con toda clase de referencias actuales en chistes y canciones, porque los niños de hoy saben mucho. No les digo más que Rocío dirigió a Boquerón al backstage. Al backstage, así, con todas las letras.

Háganme caso, y lleven a sus niños al Caribe, quiero decir, al teatro. Es probable que se lo agradezcan, pero lo que es seguro es que ustedes se lo van a agradecer a ellos. ¡Y corran, que están pocos días!

martes, diciembre 09, 2014

LA INVENTORA DEL "INVENTOR"

Me es enormemente grato escribir sobre el libro que acabo de leer de mi excompañera y amiga María Ruisánchez, "El inventor de sombras". Y, por supuesto, gratísimo ha sido también leerlo.

La autora, con modestia (verdadera o falsa, ella sabrá), admite que es "entretenida". ¡Claro que lo es! Pero ella lo dice como si fuese cualquier cosa. ¡Ya! ¡Cualquier cosa! Mantenerte en vilo es lo principal de una narración, y ella lo hace con maestría. María consigue incomodar al lector de ratos perdidos que aprovecha un viaje de metro para abordar un capítulo, y se demora un poco en los pasillos para dejarlo terminado y olvidarse del libro por un tiempo mientras continúa su vida y sus recados, ¡y no puede!, porque justo al final sucede un imprevisto, un giro de guión, un lance sorprendente que exige inmediata explicación. Qué frustración quedarse así a medias. Y con qué ganas lo retoma uno en el viaje de vuelta, en una sala de espera, en casa... donde puede.



Leer "El inventor de sombras", narrada con la voz de un adolescente, le rejuvenece a uno un poco. Se identifica con los jóvenes, con su curiosidad, con la amistad que va surgiendo... no puedo contar mucho. Retoma uno el sentir de sus primeros libros de aventuras, como si leyera una "Isla del Tesoro" o un "Tom Sawyer" asturianos. O, si lo prefieren, esos libros de Los Cinco, que aunque Enid Blyton no sea Stevenson ni Twain, a la edad de empezar a leer uno no hace distingos.

La historia, como María cuenta, es oscura, de magia, ocultismo y muerte, y en ella las luces, las sombras, lo que se ve y lo que no se ve tienen un gran protagonismo. La lees y te parece estar viéndola. Por eso, la duda que me queda es qué espero ahora con más ganas, si la próxima novela de Ruisánchez o la adaptación de ésta al cine, 

Por ponerle un pero, diré que no me hubiera importado que la historia durara un poquito más... y a lo mejor una cosilla que le diré en persona a la autora, pero que no le importa a nadie más. Lo que tienen que hacer ustedes es buscarla y leerla. 

Bueno, si quieren. Pero, si me hacen caso, les va a gustar, eso seguro.

lunes, diciembre 08, 2014

"UNA GRAN PROFESIONAL" DE UN GRAN PROFESIONAL

Qué alegría leer libros de amigos, qué alegría que los escriban y que los puedan publicar. Y un poquito de remordimiento por no hacer yo lo mismo, que tengo un proyecto atascado como una tesis tardía. Pero lo terminaré, seguro que lo terminaré. Ya sabrán de ello cuando toque.

Me adelanté a leer la novela de Fernando del Moral "Una gran profesional" un par de semanas antes de su presentación el pasado lunes 1 de diciembre. No soy objetivo, lo admito, la leí con prejuicios. Prejuicios de los buenos, quiero decir, prejuicios de que me iba a gustar y me iba a divertir. Como lo hace cualquier conversación que uno tenga con este gran observador y humorista que es Fernando. La leí con la benevolencia ya captada desde que lo conocí hace casi quince años. Y la lectura no defraudó en absoluto mis expectativas. Fue un disfrute metagozoso, pues no sólo me divertía la novela, sino el hecho palpable de que Fernando se había divertido también - y mucho - escribiéndola.




Fernando es un compañero guionista, gran profesional y mejor persona, y una especie de héroe mitológico con un superpoder: el de permanecer en Antena 3. Bromas aparte, a lo largo de sus muchos años de carrera ha podido observar los ires y venires de muchos programas de sus y trabajadores, y encontrar los denominadores y mínimos múltiplos comunes de cada uno de los gremios (a modo de sistema de "castas", como él dice en su libro) que participamos en esta industria de fachada glamurosa y fondo de cartón piedra.

Con el pretexto argumental de una investigación policial por la muerte en extrañas circunstancias de una prestigiosa presentadora - la "gran profesional" del título -, Fernando introduce en el medio a un elemento extraño, un inspector de policía que nunca ha visto las tripas de la tele. A través de su mirada, el autor retrata a todos los actores de detrás de las cámaras. Son caricaturas, retratos-robots armados con las características de cuantos hemos ocupado algunos de esos puestos. Y quien lo conoce, adivina la sonrisa pícara de Fernando al describir a cada personaje, con gracia e ironía, pero sin malicia, con la piedad y comprensión de quien, al fin y al cabo, lleva más de veinte años participando en el mismo circo.

La novela, además de corta, es ligera, con una estructura casi más de escenas que de capítulos, en los que se va retratando el mundo múltiple, estimulante, mundano y frívolo de la televisión. Uno lo lee y le parece estar paseando de nuevo por los pasillos de Antena 3 en esos buenos tiempos de efervescencia y redacciones llenas. Y, como el inspector Rebollo, se contagia un poco de esa excitación contra la que no hay vacuna.

Me disculparán que no les cuente más entresijos de la trama, pero la novela perdería parte de la gracia (aunque tiene bastante) y les privaría de la ilusión de la lectura. Sólo me queda recomendarles a todos que la busquen, la consigan y la lean. Quien trabaja (o ha trabajado) en la tele, se divertirá poniendo caras, variadas probablemente, a cada personaje, y quien no la conozca sentirá la extraña e inevitable emoción del público de plató cuando asiste a esa especie de ceremonia terrenal que es la grabación de un programa. Vamos, que "Una gran profesional" es de obligada lectura. 

Enhorabuena, Fernando, y muchas gracias por este libro y por la oportunidad de ese reencuentro de veteranos en tu presentación.









sábado, noviembre 01, 2014

LA INTERPRETACIÓN DE LOS ANUNCIOS

En este mundo lúdico en que me gusta sentir que vivo y me desenvuelvo con afortunada ingenuidad, los anuncios pueden representar un elemento mágico, como si te trajeran un mensaje de otros lugares para indicarte una pista de orientación a tu vida. Cumplirían así la función de las imágenes oníricas de nuestros sueños, tan raras de recordar y difíciles de interpretar. Por eso, quiero lanzar al aire algunas dudas que me han surgido con respecto a dos anuncios depositados en el parabrisas de mi coche en momentos distintos de este año.

Empiezo con el más reciente. Resulta que, después de interrumpir mi largo paro con un trabajo formidable pero corto, me veo otra vez sumido en la inactividad laboral, empiezan a pasar los días y vuelvo a hacer repaso creativo de mis posibilidades de ganarme la vida, aunque sea por otros medios y con otros talentos de los que he empleado hasta ahora. Aflora entonces un curso de masajista que hice algunos años que me dio una difusa titulación que no ejercí, y pienso que adónde voy a ir a mis años, con mi mala forma física, procesos artríticos en periodo de sorda y lenta (pero segura) gestación y sin siquiera experiencia, y me encuentro con esto:


¿Cómo? ¿Buscan masajistas de cualquier edad y grado de experiencia? ¡Este anuncio está hecho para mí! O espera. Lo de masajista liberal quiere decir ejercer la profesión por tu cuenta, en plan autónomo, ¿no? ¿O será más bien con conocimientos de economía de mercado con los que elaborar sesudas conferencias para las clientas mientras les descargo los trapecios?  También podría uno interpretar que ese genérico "masajistas liberales" no es tan genérico, sino un femenino que no ha conseguido hacerse notar y que sería necesario deshacer su ambigüedad sólo añadiendo alguna característica como, por ejemplo, "tituladas".  E incluso, puestos a pensar mal, se me ocurre que quizá la "liberalidad" exigida no se refiere a términos económicos personales o públicos, sino más bien a una generosa manera de ser de apertura extrema hacia todo tipo de experiencias por libertinas que resulten.  Sumido en estas dudas, no me animé a llamar.

El otro, anterior, no me supuso tanto conflicto porque no tentaba a mis necesidades de ganar dinero... Si acaso, quizás... probablemente... a gastarlo, lo que me tengo terminantemente prohibido. A ver lo que les parece a ustedes.

Echamos en falta información, ¿verdad? No me refiero a una dirección o teléfono, que esos los he borrado. Lo que falta claramente es un verbo. Vemos apenas un pie de foto nominal meramente descriptivo de unas señoritas jóvenes, educadas y discretas. Tan discretas que no se sabe ni qué anuncian: si una exposición de fotografía, un piso que alquila habitaciones, un coñac o... no se me ocurre qué otra cosa. 

Pero lo más desconcertante del caso es la expresión "diferentes terminaciones". ¿Eso qué quiere decir? ¿Se refiere a los extremos de las chicas? ¿Acaso no terminan todas con un par de pies? ¿Hay alguna sirena que termina en cola de pez, termina otra en punta, en un taco de madera, en una esfera de hueso? O quizá sea una manera poco clara de especificar su nivel de estudios. No alabo la manera de comunicarlo, pero tendría sentido. Serían diferentes terminaciones porque una ha terminado la Secundaria, otra Magisterio y una tercera Filología Hispánica (lo que supondría un notable cambio en el aspecto del alumnado desde los tiempos en que yo cursé esa carrera).

Porque el anuncio es antiguo y ya no tengo ni el teléfono, pero tentado estaría de llamar para que me aclararan. En todo caso, estoy abierto a sus comentarios. ¿Qué les parece que piden u ofertan estas dos pequeñas octavillas callejeras?






viernes, octubre 31, 2014

MIS AMIGOS ARTISTAS

Parece que Borges estaba más orgulloso de los libros que había leído que de los que había escrito. No sé si esto es extrapolable a los amigos, pues me veo rodeado de un círculo cada vez mayor y cada vez mejor de artistas, pintores, poetas, escritores, intelectuales de cuya amistad me precio y me honro, aunque el talento y el trabajo no se peguen demasiado. Y si están pensando mal, piensan bien. Además de orgullo, también me dan un poquito de envidia que no me va a impedir admirar su obra.

Tengo una paradoja sentimental entre la mala conciencia de ir retrasado con mis crónicas que nadie me ha pedido y la delectación en un ocioso y continuado dejar para mañana. Trataré de destilar ambos sentimientos para quedarme con lo mejor: encontrar el placer, pero no en el "dolce far niente" sino en su culminación (un "fare qualcosa, per piccola que sia"), que en este caso será ser fiel a mí mismo y cumplir con ese deber responsable de escribir. Empiezo con Guillermo.

TESIS: BELLEZA SERENA

Me perdí la inauguración de la exposición de Guillermo Summers "Unveil", en la galería Kreisler, Hermosilla 8 (a punto de terminar, dense prisa), y la vi en acompañada soledad ya hace un par de semanas. Leí alguna reseña y las he olvidado para no repetir a los profesionales.

Entrar en la exposición es ya pasar a otro plano. Esquivamos el tráfico y el ajetreo consumista de una de las calles más comerciales y caras de Madrid doblando una esquina y refugiándonos en Kreisler. Silencio, espacio y luz donde respirar y detener el tiempo.

Allí nos acogen unas obras claras, de neblinas luminosas, donde la clásica yuxtaposición de fondo y figura se trastoca, de manera que el fondo pasa a primer plano en forma de velo, dejando entrever formas perfectas y sencillas, negro sobre blanco, o casi negro tras blanco, pero ni siquiera negro, ni siquiera blanco.

No podría relacionar esta obra con ningún otro estilo o género; me evoca más espiritualidad, me lleva al zen. Todo es ordenado y armonioso, tranquilo, sin estridencias. Viendo la obra uno se imagina al artista encarando el trabajo como una ceremonia del té.

El trabajo es tan limpio y perfecto que me cuesta pensar que los resultados no hayan sido buscado premeditadamente y al milímetro, pero en cuestión de emociones no todo se puede prever. No sé si Guillermo pretendía hacer una obra reflexiva e introspectiva o si es algo que pongo yo junto con la circunstancia en que accedo a su obra, pero así me lo parece.

La exposición me infunde serenidad y, de alguna extraña manera, me devuelve la confianza perdida en el ser humano y en el arte. Si el hombre, representado por un hombre, el artista, en este caso, es capaz de esta perfección, de esta belleza, silenciosa y callada, que reclama ser vista, pero sin gritos ni exigencias. Parafraseando al personaje de Jack Nicholson en la comedia "Mejor Imposible", ver esta exposición hace que uno se sienta mejor persona (¡Ojo, corruptos! Con venir no se perdonan los pecados, hay que devolver el dinero).

Mi amigo y compañero de trabajo Fernando del Moral, en una antigua conversación, bromeaba con la expresión "belleza serena" que he delicado a "Unveil" y que por entonces solía atribuirse en exclusiva mujeres de la realeza un tanto inexpresivas. Esa serenidad le sonaba a muerte; para mí es vida. Interior, profunda, elevada.

Pero el político que hay dentro de mí igual puede hablar bien de una cosa y de su contraria; en este caso, además, con sinceridad. Porque la exposición de Roberto Villar no puede ser (en contenido y circunstancias de la visita) más distinta y a la vez también brillante.

ANTÍTESIS: MÚLTIPLE AZAR

Si mi visita a la exposición de Guillermo fue recogida y meditativa, al día siguiente, convocado por Roberto, compañero guionista devenido artista plástico (lo que me hermana doblemente con él), me sumí en el ajetreo mundano de una inauguración. Coincidí con otros compañeros, apenas con el artista, y haciendo honor al título de la exposición ("El Lenguaje del Azar") compartimos los azares y vicisitudes laborales de los viejos y los nuevos tiempos.

Expone Roberto en Siluro Concept (Cervantes, 3, creo que aún le quedan unos días también a esta exposición), unos cuadros que expresan la cara oculta, desordenada, desconcertante de un guionista acostumbrado al juego de la lógica y los significados de las palabras, al humor y a los quiebros de los dobles y triples sentidos, siempre racionales, a las frases con dirección y meta, a los relatos con planteamiento, nudo y desenlace. Parecería que, de pronto, en la pintura, encontrara Roberto una especie de "escritura automática" y, por tanto, azarosa, pero que, por sí misma va encontrando su propio sentido. Como la vida misma.

Mucho color, mucha materia en su pincelada, que más que extendida es percutida, a golpe de espátula angulosa, que, como ladrillos, van construyendo los espacios y, en algunas ocasiones, acaba dejando ver como salida de la nada, una figura real, un gato, una figura femenina, un rostro, y siempre la luz... Quizá no hay tanto azar, después de todo. Puede que la vida, múltiple y colorista, se vea a veces desbordada por su propia multiplicidad, pero en el "Lenguaje del azar" una inteligencia (la mano, no invisible, del artista) pone armonía en los colores y la composición. Quizá la clave esté precisamente en eso, en el "lenguaje". Donde hay lenguaje no hay caos.

SÍNTESIS: TEMPO JUSTO

Y termino, de momento, con Adolfo (y digo de momento, porque ahí tengo a Elena Goatelli y Ángel Esteban  dando vueltas por el mundo y ganando premios con sus documentales , a Rafa Soler lanzado en una carrera consigo mismo a ver cuántos libros de poesía consigue publicar, a María Ruisánchez, que publica ya su segunda novela, o al propio Fernando del Moral del que antes hablaba, que para diciembre nos presentará "Una gran profesional").

Sólo listar estos nombres ya me revela lo múltiple y diverso de mi vida, por monacal que sea. Y de eso, de lo diverso, trata el libro (Diverso.es) de Adolfo Cueto, XL premio ciudad de Burgos, que presentó el experto y ameno crítico Niall Binns. Habla el libro de los tiempos modernos, y el presentador da testimonio de una vida posible sin móvil.

El evento, emotivo por el tiempo acumulado, pues nos conocemos desde hace más de veinte años, fue más íntimo que la presentación de Roberto, y menos solitario que la exposición de Guillermo. Y creo encontrar ese término medio en otros elementos: la voz templada del poeta, su ritmo adecuado, su tiempo tranquilo con ceremonia y sin parsimonia, buscando el sentido entre lo solemne y lo ligero, lo vital y lo cotidiano, la trepidante vida exterior y el lento transcurrir del tiempo de la creación. Citaba, por cierto, Niall Binns a un poeta (lo siento, he olvidado quién) que hablaba del ocio necesario para escribir, y me engaño sintiéndome artista sólo por no hacer nada.

Y en este mundo múltiple y único, pero sobre todo dual y de contrastes, interrumpo abruptamente mi crónica al recibir una llamada para ofrecerme un trabajo. Mi búsqueda pasiva de empleo ha dado resultado.

En resumen, que recomiendo:

- Exposición "Unveil", Guillermo Summers, galería Kreysler, Hermosilla 8.
- Exposición "El Lenguaje del Azar", Roberto Villar, Siluro Concept, Cervantes, 3.
- Diverso.es, Adolfo Cueto (XL Premio Ciudad de Burgos), editorial Visor.


jueves, octubre 16, 2014

S.E.R. O NO SER

Mitad de septiembre. Recibo una carta del grupo Popular del Ayuntamiento de Madrid alardeando de algunas de las cosas que han hecho y que piensan hacer con nuestro dinero (polideportivos, bicis, plazas de Margaret Thatcher...) y anunciándome que el año que viene quitarán el impuesto de basura (que hace unos años se sacaron de la manga) y reducirán un 12% el IBI (que en los últimos diez años prácticamente se ha triplicado). 

INCISOS:
- La perspectiva del tiempo nos alerta sobre la gratuidad de los nombres de los partidos.¿Partido "Popular"? Me dan ganas de fundar el Partido Salvador para obligar a la prensa a llamarnos "salvadores" hagamos lo que hagamos.

- El IBI, ese impuesto de ortografía desconcertante. Tratándose de la vivienda, uno pensaría que se escribe con uve: IVI, lo cual le pondría de inmediato en la familia del IVA. Sin embargo, eso significaría Impuesto de la Vivienda y nos sobraría una I, que por razones obvias no podría ser de Ipotecada, porque sería redundante. El caso es que significa Impuesto sobre Bienes Inmueblesy evidencia que ya se ha cumplido aquella profecía de nuestros mayores "Nos van a acabar cobrando hasta por respirar". Por respirar no, pero si nos cobran por la vivienda, en realidad nos están cobrando por vivir.

Continúo. Dos semanas más tarde me llegan el recibo de basura y el IBI de este año, convirtiendo en una broma absurda la carta anterior. Si, dentro de un año uno de estos impuestos no estará, y el otro sólo será un 280% más caro que hace diez años, pero ahora ¡paga! No comprendo estas ganas de nuestros gobernantes de quedar mal.

Y ahora, lo mejor. Me mandan una carta para la Renovación del SER. Me conmueve el interés del ayuntamiento en el desarrollo espiritual de los ciudadanos. En concreto, de los residentes, pues el epígrafe completo es RENOVACIÓN Residentes S.E.R. O sea, que los que no residan en Madrid, que no se renueven. Tampoco estaría mal que renovaran su ser los que mandan, que no digo que lo tengan peor que nosotros, pero tienen más peligro.

Pero al abrir el sobre llega la realidad con su prosa, y descubro que ese "ser" son sólo siglas, las irónicas siglas del Servicio de Estacionamiento Regulado, y digo irónicas porque no veo el servicio por ningún lado. Un servicio sería que el ayuntamiento pusiera aparcacoches a los residentes que pagamos la tarjeta, pero eso de pagar primero y buscarse la vida después no lo hacen ni los gorrillas sevillanos. Ellos al menos tienen la decencia de no cobrarte hasta que no has aparcado. 

miércoles, julio 16, 2014

ESPEJITO, ESPEJITO

Hace un momento, en el cuarto de baño de mi lugar de trabajo, mientras me lavaba los dientes, he visto a un señor con barba canosa vistiendo una camiseta fina de un color intenso entre granate y magenta. Era yo. Y me he dicho: ¿qué hace un señor mayor vistiendo como un joven de veinticinco años? Lo primero, demostrar lo bien que cuido la ropa, porque precisamente esa misma camiseta ya la vestí con veinticinco años. Me la compré en Sevilla en el verano del 91, un año antes de la Expo. Muchos de vosotros no habíais nacido. No me hago idea de cuánto color y apresto ha podido perder en estos años. En todo caso, los echo bastante menos en falta que el pelo.

Lo que es un hecho innegable es que esa cara de maduro interesante y esa camiseta de joven despistado no casan en absoluto. ¿Quiere ello decir que la vaya a tirar? ¡Parece mentira que me conozcáis tan poco! Aunque, eso sí, trataré de usarla durante periodos antisociales y de ermitañismo. La conclusión más fuerte a que me ha empujado esta visión caduca de mí mismo es que, no hoy ni mañana, a ritmo lento, despacio pero seguro, poco a poco, como sin que se note,  debo ir sacando de mi armario las camisetas desgastadas y los pantalones de aventurero para sustituirlos por prendas más acordes a mi imagen actual. Guayaberas y pantalones mil rayas.  

miércoles, julio 02, 2014

MI FUTURO VISTO POR LA ESPALDA

Hace un par de sábados pude verme a mí mismo de mayor, sin que mi madurez se diera cuenta porque mi presente estaba detrás de ella.

Exagero, era sólo por captar su interés. Sí vi a un hombre algo mayor, no anciano. Sesentón, yo diría. Calvo, más calvo de lo que yo espero estar a sus años (aunque tampoco me imaginaba de joven como ahora me veo). De estatura y complexión medianas, pero de espíritu libre y juguetón. Un columnajuguetista de la vida. ¿Que por qué lo sé? Se lo cuento. 

Entraba al metro y tenía que bajar unas escaleras. Las mecánicas no funcionaban (desde hace tiempo, por cierto), y era obligado el uso de las estáticas (¿o cómo se nombran las escaleras de siempre, de peldaño sólido y permanente, que ni se mueven ni se pliegan?). Y hete aquí que cuando bajo la vista para contemplar la pendiente escalonada que me separa del piso de abajo me encuentro a un viejijoven, un provecto infantil que, quizá como rebeldía contra la avería del sistema o, al contrario, queriendo sacar lúdica tajada del momento, se sienta de lado sobre la barandilla dejando colgar sus pies y se desliza por el pasamanos hasta el primer descansillo. O sea, lo que haría cualquier niño menor de diez años de cualquier familia angloamericana acomodada con casa de dos plantas en cualquier película edulcorada de los años 50 (por decir una fecha). Sólo que en la realidad, en público, con los sesenta y cinco cumplidos y arriesgándose a que sus hijos lo incapaciten para quedarse con la pensión. Esa parte también nos distingue. A mí mis hijos nunca me incapacitarán. Tendrán que hacerlo mis sobrinos.

He dado seguramente, sin que ustedes ni yo nos diéramos cuenta, con la clave de este jovial comportamiento. ¿Sesenta y cinco años he dicho que tendría? Puede que más, pero ¿y si ese era precisamente el día de su cumpleaños, cuando alcanzaba la deseada y gloriosa edad de la jubilación? De ahí, claro, el júbilo por haberse ganado, para lo sucesivo, el vivir sin trabajar. Bien puede celebrarlo, que tal vez sea de las últimas promociones de jubilados pensionados que saque nuestro país. 

Percibo en mis lectores sonrisillas irónicas y gestos de escepticismo condescendiente. No se lo creen, claro. Y lo comprendo, yo también recelaba de lo que veían mis propios ojos, pero como testimonio material del suceso aquí les traigo un dibujo de la escena.


¿Cómo? ¿Vuelven a reírse? ¿Tampoco se lo creen, santotomases de la vida? Deben saber que su incredulidad halaga mi vanidad e hincha mi ego, pues supone que yo solo por mis medios podría haberme inventado este dibujo. Y sin embargo, nada más lejos. Es una burda y chapucera copia de un modelo real, como todo lo que hago. Bajen ya esas cejas de desprecio y superioridad moral. Eso también lo puedo demostrar, y puesto que así lo quieren, así lo voy a hacer.


¿Y ahora qué? ¿Me creen ahora? ¿Reconocen que todas las cosas que cuento me pasan de verdad?

Rayos, eso ni que no me lo esperaba de ustedes. ¿Photoshop, dicen? Qué falta de alegría. Cualquier cosa con tal de negar que uno en la vida pueda encontrarse, de repente, con una escena divertida y fuera de lo habitual, como sacada de contexto. Photoshop dicen... ¡Yo no tengo paciencia para eso!

miércoles, junio 04, 2014

TRES DÍAS DE JUNIO

LUNES AL REVÉS

El lunes fue el día al revés, el primer día en la historia reciente de España en que un hombre que ejerce un poder renuncia voluntariamente a él. Pero ¿qué es eso dentro de la intrahistoria, la historia verdaderamente importante, la de la cotidianidad de las pequeñas personas, mi día a día? Sí, el mío.

Mi lunes sí fue un día al revés. Se confundieron al darme las vueltas en el comedor, y me las dieron de más. Algo en mí lo anticipó cuando vi que el display de la caja del autoservicio marcaba 1,90, pero pensé que sería el precio de la bandeja de mi antecesor en la cola. La urgencia de la cajera y de los compañeros clientes que me seguían me obligó a abandonar el lugar de los hechos con precipitación y cierto estupor, y no fue hasta más tarde cuando me hice verdaderamente consciente de que la concesionaria de los menús, por una vez, había cobrado el precio justo que realmente merece su comida.

Se me presentó otra figura invertida a la tarde, cuando fui a entrar en el Eroski cercano a mi casa, y encontré, después de mucho tiempo sin verla, a mi cajera favorita del otro lado del pasillo, vestida de calle y haciendo la compra. Ella salía y yo entraba por otra puerta. La cosa quedó ahí, no era cosa de hablarle en plan: "Tú no sabes quién soy, pero has pasado mi compra por la cinta corredera dos o tres veces y no me has resultado indiferente...".

MARTES DE CONTINUISMO

En medio de esta corriente de relevos de poder y crisis institucionales en las altas esferas políticas, sin embargo las pequeñas comunidades apuestan por un continuismo que me afecta muy de cerca. Sí, amigos lectores, pueden felicitarme: con un gasto de 0 euros en campaña, sin la intermediación de publicidad, crowfunding, sin siquiera presentarme a las elecciones e incluso absteniéndome de votar por mí mismo, ayer tarde fui reelegido presidente de mi comunidad de vecinos. Glorioso final para un día en que empecé haciendo de portero en una figuración sin texto para un sketch en cuyo guión había previamente participado.

MIÉRCOLES DE SINCRONÍA

Hoy miércoles, a una hora más temprana de la acostumbrada, llego al patatal en que aparcamos y mientras me demoro en apagar la radio, subir las ventanillas y coger el parasol para el cristal delantero, aparca a mi lado, en batería y sin maniobras, una espía rusa a quien nos gusta espiar en el trabajo. Viene sin gafas y con mucha prisa, y por celebrar la sincronía con un paseo hasta el trabajo, abandono mi intención de poner el parasol y salgo del coche inmediatamente. Ella me ha saludado, y da la réplica a mi conversación ocho metros por delante, así que me pongo en modo "marcha atlética" y, con la lengua fuera, consigo ponerme en paralelo con ella. Lleva diez minutos de retraso, pero está a años luz de educación de mucha gente, pues controla su nerviosismo para esperar a que yo también pase mi tarjeta después de ella por el torno. Breve encuentro: unos metros más allá, entramos por la puerta principal de la tele de todos, y nuestros caminos se separan. 

¿Para siempre? No me sean noveleros. Por una vez he salido a comer, y a la vuelta, como una especie de fractal de los sucesos, se repite en pequeño la coincidencia. En esta ocasión, está en el rellano exterior de la puerta principal hablando por teléfono. Una llamada que corta pronto para poder cruzar cuatro palabras conmigo. En esta ocasión soy yo quien lleva una prisa imprecisa. No es que tenga que estar a una hora; ni siquiera sé qué hora es exactamente, pero es como si me hubiera tomado demasiado tiempo para comer. Entiéndelo, Natascha.

(Aclaro, por cierto, que lo de espía rusa es tan solo una profesión literaria que hemos atribuido de común acuerdo mi compañero de fatigas, el gran Amalio Rodríguez, y yo a una intrigante mujer que a veces nos encontramos por los pasillos de la que está siendo por unos pocos meses nuestra casa).

Más magia y sincronicidad cuando, al hilo de una pequeña trabazón de lengua de nuestro eficientísimo ayudante de producción Óscar, Amalio y yo, sin previa comunicación, coincidimos en hacer el mismo chiste en dos redes sociales diferentes. ¿El mismo exactamente? Bueno, exactamente, exactamente no. No con las mismas palabras, pero el mismo chiste.

Será que a los guionistas, cuando pasamos mucho tiempo juntos, se nos sincronizan los chistes.



sábado, mayo 24, 2014

ALEGRÍA

Como decía mi admirado Agui (www.malajesolo.com), "Voy a contar una cosa antes de que se me olvide".

Acabo de venir de la presentación del libro de viñetas "Los lunes me odian", de Laura Santolaya, a la que había sido convocado por la asociación cultural Guindostán hacía quince días y cuya página web www.p8ladas.com esta mañana me ha recomendado mi jefe sin saber que yo sabía. Me divierte muchísimo este juego de llegar al mismo punto desde caminos distintos que me está sucediendo últimamente casi a diario. Ni me ha extrañado que la guapísima fotógrafa de la fiesta fueran en realidad dos gemelas, y que una de ellas esté trabajando ahora para el Mago More, con quien coincidí hará unos doce o trece años en el programa de chistes "Esto no es serio" (título que yo mismo presté de mi primer libro, de otros catorce años antes, y que había sido prologado, curiosamente, por el mismo jefe con el que hoy trabajo y que me ha recomendado a Laura). Y, por cierto, acabo de darme cuenta, en aquel programa también participaba el mismísimo Malaje Solo, a quien he hecho referencia al inicio de este post. Sí, yo también me estoy mareando.

Y lo bueno del caso es que no era esa la cosa que quería contar. Si lo he mencionado es porque, precisamente, conocer a una humorista gráfica me ha recordado la nota que desde hace un par de días estoy queriendo escribir. Quiero hablar, antes de que se me olvide, de alegría. Estoy muy contento. ¿Porque tengo trabajo? Sí, pero no es por eso. ¿Porque lo que pase en Lisboa se quedará en Madrid? Felicito al publicista, pero no me va la vida en ello. ¿Porque el domingo es la fiesta de la democracia? No digo nada, que estamos en jornada de reflexión. Si estoy contento es porque ha sido reconocido un genio: Quino.

Que concedan el Premio Príncipe de Asturias a Quino es, sin lugar a dudas, la mejor noticia que he recibido esta semana. Para mí supone un reconocimiento al humor como signo de inteligencia y de cultura; a la viñeta como forma de arte; a los chistes, como expresión poética y filosófica. Yo admiro a Quino por todas esas cosas; por la humanidad que se desprende de sus personajes y situaciones, por la serena reflexión que encierra su línea clara y precisa; por sus personajes conocidos y por sus anónimos. Y no es una alegría sensiblera que entronque con recuerdos de mi vida, de una niñez feliz pegada a las tiras de Mafalda. No recuerdo haberla leído de niño; de hecho, cuándo leí el primer chiste de Quino, si tenía texto o era mudo, si era de Mafalda o de otra gente. Lo que sí sé es que todos han sido siempre luminosos. Trascendentes o triviales, tristes o alegres, serios o divertidos, todos sus chistes tienen algo de aforismo, de sabiduría y, más allá de la aparente, de belleza y sutileza. De amor y de arte.

Les parecerá una tontería, pero cuando premian a una persona que admiro me parece que de alguna forma me premiaran a mí, un poco porque lo siento mío, como si lo hubiera descubierto yo. Es como si, silenciosamente y sin saberlo, hubiera estado apostando por él desde hace años y que, de pronto, alguien me dijera: "tienes razón". También me parece que, en ese premio, se reconoce a todos los dibujantes y a todos los humoristas, al Roto, a Forges, a Laura también, a Les Luthiers, y a la Argentina entera. Me entran ganas de felicitar a todos ellos y darles las gracias por Quino, su compañero, su hermano, su hijo... nuestro padre, tío, abuelo, amigo.

Felicidades, Quino; muchas gracias, Quino.


domingo, mayo 04, 2014

INSPIRADORA PUBLICIDAD

SOBRE DESIGUALDAD Y CHULERÍA

A veces la publicidad, seguramente de forma involuntaria, tiene hallazgos realmente inspiradores: eslóganes pensados para promocionar el lado más superficial y frívolo de la vida, de pronto, nos hacen topar con otro aspecto de la realidad. No parece que haya nada malo en desmarcarse, distinguirse en la manera de vestir, que no toda la ropa sea igual, como de uniforme. Asimismo, qué mejor que ser optimista, ver el lado bueno de la vida, disfrutarla a tope. Desde que "El club de los poetas muertos" descubrió el "carpe diem" para el gran público, el hedonismo parece haber ganado solidez moral. ¡Si ya lo decían los sabios latinos!

En fin, a lo que voy. Que sí, que la vida puede ser chula, que la ropa de algunas marcas es muy vistosa, y más vestida por chicas atractivas y despreocupadas, pero con la galopante desaparición de la clase media, de pronto choca vincular con el optimismo nada que recuerde a la desigualdad, aunque sólo sea en el nombre.

Y ahora, el chiste, en www.lapizdequintintas.blogspot.com



sábado, abril 19, 2014

NATURAL

El dibujo, lejos de alejarme de las letras, me ha vuelto más filólogo, de modo que sigo con matices de Matiz. Voy, en concreto al naturalismo de las clases con modelo, que por aquí y por allá he visto definidas indistintamente como "al natural" y "del natural", lo que me tiene loco. Queriendo concretar más, quizá la clave está en el objeto (o sujeto) sobre el que se pone el foco, de modo que puede haber una clase de "modelo al natural" y otra de "apuntes del natural" y que ambas consistan en una misma cosa, con la diferencia de que los apuntes del natural pueden ser de un modelo humano, animal, vegetal o mineral. Me queda la duda de si podría considerarse un apunte del natural la copia de un sobre de sopa Knorr (las latas Campbell sólo las he visto en pintura y, por lo que a mí respecta, bien podrían ser una invención de Warhol). En cuanto al modelaje "al natural", daría la sensación de que se trata de un discreto eufemismo para velar un término más obvio y directo - desnudo - cuya sola idea y formulación de alguna forma nos agita (en especial a los aficionados). No en vano los nudistas profesionales adoptan la etiqueta de "naturistas", seguramente porque les parece natural andar con toda su naturaleza al aire.

Pero es tanta la amplitud semántica del término natural que, de alguna manera, siempre da lugar a equívocos. Por ejemplo: ¿entraría en la categoría de "natural" este posado?


Esforzado lo fue, pobrecito mío, claro que sí, y todos lo apreciamos y se lo agradecimos, pero por más desnudo que estuviera, la postura no entraba en el repertorio habitual de nadie que yo conozca (y espero que tampoco del propio modelo), lo que iría en contra de varias de las acepciones de la palabra "natural", pues no lo es en el sentido de "serle propio a alguien, pertenecer a su naturaleza o forma de ser" ni tampoco en el de "habitual, regular, esperable".

Con las mismas (o, mejor dicho, con las contrarias), cabría preguntarse si los modelos improvisados que posan para Dibujo Madrid (www.dibujomadrid.wordpress.com) en el Retiro lo hacen "al natural" o si el hecho de que no se quiten la ropa los convierte en artificiales. Y en ese caso, ¿nuestros apuntes lo serían "del natural" o "del textil"? Nótese, por otro lado, que, puestos a relacionarnos con la naturaleza, el parque del Retiro es más natural que el local de la Guindalera, y que, por más que pueda uno aficionarse a la trementina y sentir alergia al polen, lo natural es lo segundo, y lo primero, ¡vicio! (¿os podéis creer que ahora mismo estoy buscando si tengo un frasco de aguarrás en algún rincón). 


La verdad es que cualquiera que viera a la chica recordará que se comportó de forma absolutamente natural (en el sentido de espontáneo), sin parar de hablar ni de moverse. Y al mismo tiempo, ese comportamiento tan espontáneo no nos resultó natural a ninguno (en ese otro sentido de "normal, regular, habitual"). 

Resumamos lo que hemos hablado sobre la naturaleza de lo natural. ¿Qué es natural? Por definición, es lo perteneciente a la naturaleza, de modo que un espacio natural puede ser un  pedazo de naturaleza no contaminado por la mano del hombre, pero también es aquello conforme a la propiedad de las cosas, así que también lo sería un entorno humano en el que todos se comportaran de acuerdo a sus respectivas naturalezas o formas de ser. Aunque mucho me temo que el segundo caso acabaría naturalmente en catástrofe. Catástrofe natural, claro.

O no tanto, porque, en otra acepción, "natural" es aquello que sucede comúnmente, y en este sentido, dejarnos llevar por nuestras salvajes naturalezas no es estrictamente lo más natural del mundo. Al menos, para los "naturales" (en el sentido de "nacidos en un lugar") del mundo civilizado. Visto así, es más "natural" un modelo vestido que uno desnudo, por más que el segundo tenga más relación con la naturaleza. Y por ello mismo, nos atrevemos a aconsejar a los amigos que "sean naturales" cuando los padres de su novia los inviten a comer por primera vez, confiando en que nos entiendan bien y demuestren su naturalidad- su espontaneidad, su forma natural de ser -,  como es natural - o sea, como suelen - , de forma que, intimidados por un hombre mayor de gesto adusto sobreprotector de su niñita, se pasen la comida callados mirándose los cordones de los zapatos. Corremos, no obstante, el riesgo de que nos malinterpreten y entiendan por naturalidad el presentarse en pelotas en casa de los suegros (admitámoslo, en algún lugar de nuestra turbia naturaleza, deseamos que alguien alguna vez escenifique el equívoco).

Pero, sea por lo que sea, la connotación de "natural" es positiva, aunque su aplicación sea, por lo natural, bastante redundante. ¿No les choca que exista el "zumo de naranja natural", como si pudiera haber un zumo artificial? El caso es que lo hay, pero probablemente no es que no sea natural, sino que no es zumo de naranja. Y aunque no lo encuentro en el diccionario, juraría haber escuchado la aplicación de "natural" a la temperatura de un vaso de agua (me confirman que es un uso natural de la zona de Cataluña. "Natural" como equivalente a "del tiempo" y "del tiempo" como equivalente a "templada". Ni fría del frigorífico ni pasada por un calentador. O sea, que natural es en invierno en fría y en verano caliente y, por alguna razón, en ambos casos eso es igualmente sano. Y si lo natural es el desnudo, y éste es integral, más sano todavía. Claro, porque lo integral, lo orgánico, lo ecológico, lo biológico y, en definitiva, lo "natural" siempre es sano (aunque los microbios y las infecciones estén también en la naturaleza). 

Y ahora que me detengo un momento, me pregunto: ¿es natural darle tantas vueltas a una palabra? Y todo a partir de una duda preposicional entre modelos al natural o del natural. Sea como sea, seguiré yendo con la misma naturalidad textil a las sesiones del taller Matiz (Pilar de Zaragoza, 58, www.tallerdeartematiz.com) a practicar el natural artificio del dibujo.

martes, abril 15, 2014

¡ME HAN PASADO A BOLI!

Qué regresión a la infancia ayer.

En la sesión de dibujo con modelo, Gema, una de las profes de Matiz, me dijo que dejara ya el lápiz y me animara a usar el rotulador. Estamos hablando de hacer un dibujo del natural en poses que ayer fueron de 5 minutos; de no poder borrar para corregir y obligarme a hacerlo bien a la primera o dejar para siempre la marca de los trazos equivocados; de tener confianza y arriesgarme. Qué responsabilidad. 

Aunque, por otro lado, ¿qué riesgo hay en que te salga mal un dibujo? Si en el taller no ponen notas, si jamás los compañeros nos señalamos las faltas cuando miramos los dibujos de otros, si no soy más que un mero aficionado (¡Ojo, que no lo digo por decir, que en estas sesiones compartimos espacio con profesionales).

Lo cierto es que siempre acudo con ánimo de experimentar, y en la bolsa con lápices, además del duro, el blando, la barra de grafito, la goma y el sacapuntas, llevo rotuladores fino, grueso, e incluso un pentel para dar tinta. Y, con todo eso, acabo usando un único lápiz que ni siquiera afilo y con el que termino haciendo dibujos desdibujados con un trazo grueso e impreciso que engloba tantas posibles trayectorias que cómo no acertar.


Por eso, aunque su indicación no fue una orden - ni podía serlo -, sino simple sugerencia, propuesta o empujoncito, no pude negarme. O sí que pude y no lo hice: me lancé. Ahí, todo loco. Urgido por el breve tiempo de la pose y un frenético gipsy jazz que había de música de fondo (y que, por cierto, Gema amenazó con sustituir por "El vuelo del moscardón") empecé a trazar con una autoridad prestada el lateral de la silueta de arriba abajo hasta comprobar que los pies quedaban dentro de la hoja en vertical, y al volver hacia arriba por otro lado, las distintas partes, sus tamaños, direcciones y proporción fueron casando unas con otras como por milagro hasta que toda la figura encajó. 

Pero no es de esta satisfacción de la que quería hablar, sino de esa primera, que vino en el mismo momento en que mi superiora, la autoridad allí en ese momento - sí, Gema, tú - me mostró su confianza al darme permiso para subir el siguiente escalón, haciéndome al mismo tiempo avanzar en el dibujo y retroceder en el tiempo, porque, como sugería al principio, la escena me llevó directamente al momento en que mi profesor (3º de EGB, creo; don Matías, supongo), como llevaba haciendo desde hacía días con otros compañeros, me dijo que a partir de ese momento ya podía escribir con bolígrafo. El momento de dejar el lápiz, para nosotros, era una especie de hito de fin de infancia, un rito de paso. De paso, en concreto, a boli, que es como designábamos nosotros a ese momento, llenos de ilusión y de ingenua alegría. La fortuna me ha bendecido después con buenas notas, alguna incluso en la carrera, y siempre he estado contento de llegar a casa y dar la noticia, pero nunca tanto como el día en pude exclamar "¡Me han pasado a boli!".

Y os lo cuento, aunque no os importe a nadie, porque en casa no tenía a nadie a quien gritárselo. 

Otro día hablaremos de más matices de Matiz, capital cultural de la Guindalera.


lunes, febrero 24, 2014

EL TIEMPO DE LAS VUELTAS

Qué curioso momento es el de las vueltas de una compra. Casi siempre pagamos con un billete, un plano de papel que tomamos de un extremo, ofreciendo el otro al vendedor para que lo agarre por allí. Hasta el pequeño de cinco euros es lo bastante grande para que no haya roce alguno entre comprador y vendedor. Pero ¿qué pasa cuando pagamos con monedas o tenemos que recibir vueltas? A veces dejo el dinero sobre el mostrador, desplegando bien la calderilla para que se vea que está completa, o señalando la moneda de dos euros, no vayan a pensar que es de sólo uno. Otras veces doy el dinero en la mano, pero sin tocar. No es que escancie las monedas desde lo alto para que hagan ruido al chocar unas contra otras al caer en la mano del dependiente, simplemente las deposito. Cuando las monedas topan con la palma de la mano de la otra persona, es hora de soltarlas y retirarse, aunque en ocasiones, generalmente de forma involuntaria, se produce un mínimo contacto por un instante. ¿Y qué hace uno cuando tienen que darle vueltas? No esperamos, como en el bar, a que el vendedor deje el dinero sobre el mostrador para sacarnos las manos de los bolsillos y recogerlo. Extendemos la mano formando un cacito, reclamando lo nuestro. Pretendiendo la exigencia del cliente, nuestro gesto expresa la humildad de pordiosero.

Ayer la panadera joven y llamativa me dio las vueltas en la mano, sin eludir el contacto de sus dedos, y no apartó de inmediato la mano, sobresaltada, como haríamos cualquiera. Diría yo que se demoró, y en lugar de tardar un instante, duró dos, menos de un segundo en todo caso. Que fuera porque eran monedas pequeñas, por un lapsus psicomotor, por blandura de carácter o que tuviera el día sensible, eso no lo sé yo. Dudo mucho que fuera algún tipo de mensaje personal dirigido a mí, que, por cierto, y ahora que lo pienso, tampoco aparté la mano de inmediato, sobresaltado. Seguramente por que no se me cayeran los quince céntimos. O quizá tuviera yo también el día sensible. ¿Y cuándo no?  

domingo, enero 05, 2014

CUENTOS DE AÑO NUEVO

Ya sé que preferirían que los escribiera de uno en uno y publicar un post con cada uno de ellos. ¿Creen que no me gustaría? Ir colgándolos de uno en uno y que el cuentakilómetros de mis entradas subiera en mayor número. Pero ya que me pongo, creo que es mejor estampar los cien pájaros que ahora tengo en mano en lugar de contar con esos que, uno a uno, podrían emprender el vuelo de mi imaginación.

1. TARTA CON CARTA (CUENTO)

El pasado día 1 recibí una tarta individual, de una sola ración en forma circular, con una vela en forma de 1 encima. Simple, de diseño poco esmerado. Seca, de mucho bizcocho y de chocolate amargo excesivamente azucarado. A través del plástico que la envolvía se intuía claramente su fabricación industrial. Pero agradecí el detalle igualmente, siempre es agradable que se acuerden de uno, no siendo para citarlo a un juzgado. Con ella venía un sobre. Era de la empresa que me paga actualmente, y que no acostumbra a mandar cestas de navidad ni ningún tipo de regalos.Dentro del sobre una carta. Logo de empresa, membrete del departamente, data, estimado Álvaro blabla, etcétera, etcétera y en resumidas cuentas una frase:

Feliz cumpleaños y que no cumpla ninguno más.

Y yo, tonto de mí, voy y me emociono.

2. CUANDO SONARON LAS CAMPANADAS, TODAVÍA ESTABA EN PARO (COMENTARIO DE TEXTO)

Me encanta la sencilla estructura del maestro Monterroso: un circunstancial de tiempo para marcar un punto en la historia y un "todavía" dando a entender un largo e incierto pasado de la acción. Me pasaría la vida haciendo cuentos hiperbreves así.

En esta ocasión, además, para menor claridad, se da el caso de que la forma verbal no distingue si es una primera o una tercera persona. Pero es tan misterioso que casi ni dice nada. Podríamos hacer un quiebro en la relación entre los tiempos verbales a modo de licencia poética y conseguir un cuento más real y más literario al mismo tiempo. Hélo aquí: Cuando sonaron las campanadas, todavía estoy en paro.

¿Por qué "estoy", en presente? Porque lo digo desde este momento, ya han pasado unos días desde las campanadas y ese "estaba" podría haber quedado desfasado, pero no. ¿Y entonces por qué hablar de campanadas? Porque son un hito en la línea del tiempo, una puerta a otro espacio, una vuelta a la esquina de la historia, si es que la vida, en lugar de una línea, fuera una manzana (y la muerte, el otro bario, claro está).

Las campanadas son sonoras y ruidosas, visuales, festivas, carnavaleras, un rito mundano que a la vez nos recuerda el paso del tiempo y nos lo hace olvidar. Aún hay más, porque la historia de fondo que nutre este cuento añade un dato más que no quisiera que sonara a queja, pero al que no le falta mala sombra. Mi último trabajo fue la retransmisión de las campanadas el año pasado precisamente.

¿Quién me iba a decir  a mí entonces que cuando sonaran las campanadas, todavía estaría en paro?

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Y así, de pronto, cobra sentido este cuento y el anterior. Dos pájaros de un tiro.

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3. CUANDO EL COCHE DEL BUENO ES MÁS LENTO QUE EL CABALLO DEL MALO (DIARIO KÁRMICO)

Recordarán mis lectores habituales que hace unos meses (el 1 de abril, en concreto) conté que los limpaparabrisas delanteros de mi coche me habían desaparecido, probablemente sustraídos, presuntamente por unos desaprensivos. Hemos cambiado de año, pero el karma me persigue. El día 1 por la mañana pude observar que me faltaba la escobilla del parabrisas trasero (apunto en mi agenda mental: comprar limpiaparabrisas). No sé si me la quitarían en la misma nochevieja o si fue antes pero no la eché en falta hasta que cogí el coche y llovió. Eso no importa ahora, sólo quiero fijarme en una cosa: en abril, los de delante; en enero, el de atrás. Me persiguen, sí, pero los estoy despistando.

4. INCONSCIENTE (ENSAYO CLÍNICO)

Me pregunto cuánta consciencia se pierde cuando se pierde la consciencia. Es decir, ¿es uno consciente de haber perdido la consciencia? Y si no lo es, ¿hasta dónde se remonta esa inconsciencia? ¿Conecta con otras inconsciencias de menor escala, como cuando uno se puso al galope de una caballo al que había cinchado sólo por un lado? ¿Y por qué estas preguntas tan a primero de año? Porque me he dado un golpe en la cabeza. ¡Cómo! ¿Qué te ha pasado? ¿Estás bien? Sí, tranquilos. Ni me he enterado.

El día de Nochevieja acudía a cenar a casa de mi hermana y al verme en el espejo del ascensor observé una acusada herida en mi cabeza. Larga, pero superficial; superficial, pero ancha, de casi un milímetro. Por un momento me asusté, y mi cuerpo tuvo un pronto de querer sentir dolor, pero no le salió. Ahora con esas. Del susto pasé a la extrañeza: ¿cuándo puedo haberme hecho esto? Y sobre todo: ¿cómo puedo no haberme dado cuenta si era prácticamente una cicatriz de cuatro centímetros? Como siempre que olvido algo, intenté dar marcha atrás mentalmente para encontrarlo. Llegué a un golpe que me había dado por la tarde con una repisa del lavabo al lavarme la cara. Pero no me había hecho mucho daño, y más bien había sido con el pico, no era como para hacer esa perfecta y larga línea recta... El ascensor llegaba a la planta, así que aparqué mis disquisiciones y traté de disimular mi herida con mi tupé de cuatro pelos. Me avergonzaba que me pudieran preguntar cómo me había hecho eso y no saber contestar.

El truco funcionó. Nadie reparó en mi herida. Pero espera: ¿de verdad funcionó? Estamos hablando de una herida incisa contusa en todo lo alto de la frente sólo oculta bajo un débil sombrajo capilar. ¿No sería más bien que me han hecho una delicada operación de cerebro a vida o muerte, que ha salido bien, pero me han borrado el pasado inmediatamente anterior, y que toda mi familia y sus amigos se confabularon para no recordármelo?

Un día después, bajo mi llamativo paraguas naranja que nunca perderé porque si me lo olvido todos recordarán que era el mío, mi pequeño y endeble paraguas que no soporta un embate de viento, observé la forma y anchura de sus varillas, coincidentes con las de mi herida, y recordé haberlo sostenido en alguna ocasión demasiado cerca de mi cabeza. ¿Podría ser que la herida fuera un golpe de paraguas? Eso no lo recordaba. ¿Y que la hubiera causado tan sólo el rozamiento? Qué delicada piel tenemos en la cabeza algunos escritores.

Recuerdo con nitidez la pedrada en la frente que recibí de niño cuando mediaba en un conflicto armado (armado con piedras) entre mi primo, Pelé (un amigo al que llamábamos así) y los nietos de Lorenzo Portal, un vaquero del pueblo de cuando aún pastaban vacas en El Espinar. Si recuerdo un golpe así, sería muy extraño que esta herida hubiera sido causada por un fuerte golpe y que no recordara. Habría que pensar que el golpe que había dejado inconsciente y que no lo recuerdo precisamente porque me dejó inconsciente. Pero qué quieren que les diga, prefiero esa versión a la del paraguas.


5. DIÓGENES Y YO (ENSAYO CÍNICO)

He estado haciendo limpieza. Me gusta terminar el año deshaciéndome de cosas y poniendo orden en casa. Esta vez la tarea ha cabalgado entre el año saliente y el entrante, y entre nubes de polvo, pelusas, gestión de residuos e indultos por si acaso, todo ha terminado prácticamente en una reordenación del inventario y poco más.

Tenía a gala sentirme un joven ecológico y comprometido que separa envases, papel, vidrio y basura y apenas genera residuos para su ciudad, pero he entendido que no. Sí genero basura, claro que genero basura. Lo que pasa es que no la saco.

Y eso de que vivo solo es un mito. Hace ya años que mi síndrome de Diógenes y yo somos pareja de hecho. El día que se muera, heredaré sus cosas y no notaré su ausencia.