viernes, mayo 17, 2013

BREVES PERO INTENSOS

AUTOIMPACIENCIA
 
Entro en la página de columna de juguete para ver si he escrito algo últimamente, veo que no y me decepciono. Por lo menos en San Isidro, los ángeles podían haberme hecho el trabajo, como cuenta la leyenda que le hicieron al santo patrón.
 
En estos días de diálogo y confrontación entre sindicatos y patronales, me parece cuanto menos curiosa la historia. Un día Isidro el labrador, a quien todavía no habían canonizado, dejó el campo sin trabajar por ir a misa (¿dónde estaba en aquellos días, el mandato de "Primero la obligación y después la devoción"). Por milagro, cuando volvió todo estaba hecho. Como él era católico, no habían sido los duendes, sino los ángeles, pero el resumen es claro: un trabajador deja de trabajar y se convierte en patrón. Santo Patrón, pero patrón al fin y al cabo.
 
Por cierto, los chicos que se aprendan esta historia, que a partir del año que viene les entra en selectividad.

INFIDELIDAD

¿Se puede ser infiel a una frutería? Yo tenía ese sentimiento de culpabilidad, que casi era más una sensación, y liviana, cuando hace años compraba en el súper una bandeja de champiñón laminado o unas manzanas, por ahorrarme el tiempo de visitar otra tienda. 
 
Y sin embargo ahora, con total desvergüenza, me he aficionado a la frutería ecológica, y mi frutería de siempre (bueno, de los últimos catorce años, tampoco exageremos) se ha convertido en "la otra". No creo que lo sepan, pero algo deben de intuirse. Las cosas no están bien entre nosotros. ¡Hasta me reprendieron un día por palpar un aguacate! Como si no supiera yo tocar la fruta, y como si no me hubieran dado alguna vez sin querer uno de esos que tienen un lado pocho.
 
Todo pasa, nada permanece.
 
Sobre todo, los aguacates.
 
NÚMEROS: 11,11
 
Y ya que hablamos de fruterías, el otro día conseguí el premio especial al precio redondo, un premio honorífico sin dotación económica ni reconocimiento público, pero que llena de satisfacción a quien lo consigue. Dejar tu coche aparcado cuando el cuentakilómetros marca 50.000 kilómetros exactos, por ejemplo (hace más de veinte años que no tengo un coche con menos de esos kilómetros, por cierto). Pues en la frutería, la "otra" que ahora es la "una", después de que me hicieran un descuento de un 5% sobre el valor de mis diez últimas compras, cuadré un ticket en once con once: once euros con once céntimos, que así escrito con letra no dice nada, pero en número hay que verlo: 11,11. ¿Quiere eso decir algo? Quizá debí comprar un cupón de la once. Se me acaba de ocurrir. ¿Ya es tarde?
 
La otra noche, por cierto, escuché a un vidente de la tele dar números concretos de lotería a las personas para que compraran porque les iba a tocar. Me apunté uno. Luego me pareció entenderle que sabía el número pero no el día en que saldría ganador. Ni tampoco el sorteo: ¿Lotería nacional, ONCE? ¿Y qué se supone que hay que hacer? ¿Ir a una administración y pedir un décimo de ese número para quince días, un mes, mes y medio...? ¿Cuánto tiempo debes esperar sin que toque para dejar de comprarlo? Una señora le llamó enfadada porque hacía varias semanas que le había dicho que iba a entrar dinero en su casa, y no había ni llamado al telefonillo. El vidente le dijo que eso no era inmediato, echó unas cartas y dijo que le llegaría en octubre o así. Sí, claramente estaba "ganando tiempo", pero nuestro Gobierno no se atreve ni con octubre. Hasta el 2015 no bajará el paro, dice. O sea, que no les molestemos con el temita hasta dentro de año y medio. Para eso prefiero a Sandro Rey, que por lo menos es más optimista. Le podríamos hacer Presidente del Gobierno, y nos convertiríamos en una monarquía con dos reyes: uno en la Zarzuela y otro en la Moncloa.
 
UNA HIPÓTESIS
 
La cajera pizpireta esta tarde volvía a estar en el Eroski, y me he pasado por su caja. Dado que ella está quieta y no se puede mover, y yo tengo la facultad de elegir por qué caja pagar, se me ocurre una hipótesis. ¿No seré yo quien la busca a ella y no al revés? No es probable, ya lo sé, pero tiene sentido.
 
Hoy estaba menos joven. Se le ha puesto un poco de voz de señora mayor en una frase. No toda la frase, como a picos, cada seis u ocho sílabas. No sé explicar qué era: un gangueo, un resabio, qué sé yo; sin duda se está contagiando por el entorno. Qué lástima de erosión.
 
El cliente inmediato anterior a mí ha visto que su antecesor se dejaba un envase de queso de untar y le ha llamado. El comprador olvidadizo ha vuelto y se lo ha llevado, y Rocío (casi se me olvida el nombre, ¡qué ligero es el recuerdo!) ha dicho que las cosas ¿chiquitinas?, ¿chiquitajas?, ¿chiquitujas?, algo así, se olvidan con facilidad. ¿Como a mí su nombre? Se me ha hecho de señora mayor el adjetivo. ¡Que alguien le ponga en una recepción de hotel, de guía turístico o algo antes de que se eche a perder!
 
MÁS NÚMEROS: 66
 
Es mi peso. Llevo desde el año 2000 queriendo engordar, superar la barrera de los 62 kilos a los que apenas alcanzaba a llegar ocasionalmente, mientras me movía con frecuencia por los 60 y bajando: 59, 58... Desde hace unos meses ya me he instalado por encima de los 65. 67 a veces, incluso, pero diría que mi peso más habitual es 66.
 
Si encuentro que estoy en 66 dos tercios de las veces en que me peso, y en 67 el otro tercio,  el promedio resultante sería que mi peso medio es de 66,6. ¡El peso del diablo! ¿No les da miedo? Es posible que últimamente sea peor persona, lo que pasa es que como salgo poco a la calle no se me nota, pero he sido infiel a mi frutería, y estoy dibujando mujeres desnudas en mi otro blog. ¡Y confieso que disfruto! ¿Es posible que, mientras otros venden el alma al diablo yo simplemente le haya vendido mi cuerpo? Y al peso, además.
Es claramente otra hipótesis, quizá no tan descabellada como la anterior, pero sin mucho fundamento.
Al diablo le gusta disfrutar de la vida, y yo ya no estoy para muchos trotes. Empiezo a recordar una alegre cancioncilla que a veces cantaba mi padre, y que comenzaba "Me siento caduco, me miro al espejo, ya voy para viejo y estoy solterón", y me siento reflejado. Tengo a mi madre tratando de recordar el resto. Por internet no lo he encontrado, si a algún otro caduco, más caducado que yo, le suena la letra, por favor póngase en contacto conmigo.
 
Del pelo ni hablamos.
 
Y de trabajo, igual que de pelo.
 
¡VECINAS!
 
Cuando he vuelto esta tarde de la sala de torturas (Pilates nivel 0), he tomado el ascensor de mi casa. No suelo hacerlo, así hago ejercicio, pero venía cargado de la compra (me remito al parágrafo titulado "Una hipótesis"). Al pararse en mi piso, he oído follón, ruido de personas. Me he extrañado, vivo en un descansillo muy silencioso: a un lado, la nonagenaria doña Rosario, que sigue creyendo que yo no vivo en la casa, después yo mismo (que tampoco creo que doña Rosario viva en la suya), luego Juliana, y a la vuelta el piso vacío de aquel matrimonio que murieron. Permítanme la concordancia ad sensum, pero cada miembro murió a su hora. De hecho, por lo que sé, a un miembro le tuvieron que amputar un par de miembros (las piernas, por ser más exactos) por enfermedad. Lo digo por no perder el chiste, no por morbo, porque yo no llegué a verlo, cuando eso sucedió ya no vivían en la casa. En el tiempo que llevo en este edificio, el piso ha estado vacío casi siempre.
 
Y mira por dónde cuando salgo del ascensor, me encuentro con una mujer hablando hacia atrás con otras dos o tres: Treinta y pico, sesenta, veinte-treinta y una última quizá cuarentona. ¿Qué es todo esto? Por el tono de la conversación y porque han hablado de cifras, parece la típica visita de una agente inmobiliaria y sus clientes. Parecía que la primera, la que me ha abierto la puerta del ascensor porque quería entrar ella, era la profesional, pero la que ha hablado de los millones ha sido la última. ¿Podría entonces ser la visita de una joven acompañada de su madre, y guiada no por una sino por dos agentes inmobiliarios? Parece más razonable que pensar que se va a instalar una familia desestructurada de mujeres de distintas edades.
 
Mi casa es extero-reflexiva. El término me lo acabo de inventar: quiere decirse que tiene ventanas exteriores y otras que dan a un patio interior, por las que veo otras dependencias de mi propia casa. Sí se ven, claro, las ventanas correspondientes a las otras alturas de mi misma letra, pero no se distingue nada ni subiéndote a una escalera. Además, mi piso no tiene una sola pared colindante que el que se está vendiendo, de modo que por ese lado poco vamos a coincidir, y en las zonas comunes es improbable, porque lo cierto es que mis horarios coinciden más con la generación de los mayores, jubilados y prejubilados, que con sus hijos y los jóvenes alquilados de la comunidad.
 
Pero ¿qué quieren? Soy un consumista de novedades, y ver de pronto tanta vida en mi rellano me ha dado una alegría.

lunes, mayo 06, 2013

ACOSO

Años escribiendo un blog en un noventa por ciento sobre mis movidas personales para que el único personaje que despierte interés en mi público sea una cajera políglota y pizpireta que atiende en un Eroski center de mi barrio. En fin, por aclamación popular... y porque ha vuelto a entrar en la escena de mi vida, hablaré de ella.
 
No sé cómo decirlo. Me acosa. Eso es: me acosa. Lo he sabido decir. Pero me acosa sin agresividad, sin persecución, más poniéndose delante que yendo detrás de mí. ¡Haciéndose la encontradiza conmigo!

Tras descubrirla en el supermercado un día por la tarde, el pasado martes entré casualmente a comprar dos tonterías por la mañana. Adivinen quién estaba en una caja. Efectivamente: ella. Son ustedes unos linces. No sé cómo pudo saber que yo iría esa mañana a comprar ni cómo se las arregló para cambiarle el turno a alguien y coincidir conmigo. Y eso precisamente es lo que más me inquieta, las molestias que se toma.
 
Las colas de las cajas estaban más o menos así así, pero ya que había hecho el esfuerzo me pareció mal no pasar por el puesto de Rocío. Sí, amigos, la cajera, ahora, tiene nombre. El martes se había puesto una chapita en el pecho y buen cuidado tuvo de que la viera, así como quien no quiere la cosa, mientras atendía a la clienta inmediata anterior a mí. Luego conmigo estuvo tímida, la pobre. Simpática, alegre, sonriente, sí, pero sin atreverse a entrar en más conversación. Que si quiero una bolsa por cinco céntimos y yo que no, mostrándole las dos bolsas arrugadas que traía en los bolsillos para evitarme el gasto a mí y al planeta.
 
Si lees esto, Rocío, que sepas que no me disgusta, ni mucho menos, encontrarte en el Eroski. De hecho, tu presencia nacional me resulta pradójicamente exótica, me maravilla que te llames Rocío y no tengas acento sevillano y que, sabiendo inglés como lo sabes, trabajes con esa alegría en la línea de cajas me devuelve la fe en el ser humano y la decepción por el mercado laboral. Me halaga tu interés y me enternece tu disimulo, pero no quiero dar alas a una falsas ilusiones y hacerme cómplice de tu futura frustración. Lo nuestro es imposible, pertenecemos a dos mundos distintos: tú al de la juventud con idiomas, a las nuevas tecnologías, a los lectores de código de barras y al manejar dinero, al mundo real, en definitiva, mientras que yo... yo pertenezco al mundo de inventarme las cosas para divertirme un rato.
 
Y a ustedes, lectores, siempre les quedará la duda de si alguna vez existió en un Eroski center una cajera pizpireta llamada Rocío.

MI PODEROSO INFLUJO SOBRE LAS GRANDES CORPORACIONES

Terminado ya mi capítulo sobre cómo conseguí que Jorge Salvador renovara el mobiliario de la terraza de 7 y acción para mi libro de memorias televisivas, hablaré aquí de empresas más altas que me han subido la moral a la par que me la han bajado. ¿Cómo es eso? Lo explicaré.

Los fieles que siguen mi blog sabrán enseguida de qué hablo. A los nuevos les remitiré a mi entrada del 5 de octubre de 2010 titulada "Algo pasa con el Banco de Santander".
 
Por hacer un resumen, diré que había encontrado faltas de ortografía en las placas de algunas sucursales de este banco, pero durante un tiempo estuve ocupado y no saqué tiempo para hacérselo llegar. El pasado mes de marzo llegó el momento, elaboré un dossier informativo y se le envié a un contacto que tengo en el Santander para que lo transmitiera al departamento correspondiente, no sin antes comprobar que las placas seguían mal escritas. Todo de buen rollo, en plan divertido y sin querer meter el dedo en el ojo a nadie, mostrándome colaborador y ofreciéndome para lo que pudieran necesitar. De hecho, lo titulé como Dossier Confidencial y le adjunté el siguiente preámbulo:
 
  "Este informe ha sido elaborado por un particular, amante de la correcta escritura y los paseos atentos. Paren, pues, las alarmas, que no es un documento oficial encargado por la propia entidad bancaria para fiscalizar el trabajo de sus departamentos ni tampoco ningún otro tipo de inspección pública".
 
Pues bien, el martes en uno de mis largos paseos comprobé que José Abascál ya se había convertido en José Abascal como Dios manda y yo proponía, en las dos sucursales detectadas por mí; que Maria De Molina había recuperado su acento y rebajado las ínfulas de la preposición, de forma que pudiéramos leerla como María de Molina, y que Conde de Peñalvér imitaba la grafía de la placa municipal que está a sólo dos metros: Conde de Peñalver. ¿Casualidad? Yo creo que no. A mi inflada inmodestia le gusta sentirse causa activa de estos cambios. Mi contacto lo da por hecho. Hasta aquí la parte heroica de este caballero andante de la lengua española.
 
La parte patética es que he hecho un favor a una de las empresas probablemente más ricas del país, sin que nadie (salvo mi prima) haya acusado recibo de mi dossier, me lo hayan agradecido ni por supuesto me hayan ofrecido colaborar en la corrección lingüística de su red de sucursales y de su departamento de comunicación. Vamos, que le he hecho un favor gratis al mismo banco que durante años estuvo cobrando 30 céntimos de comisión por apunte a nuestra Comunidad de Vecinos (nos acabamos cambiando, claro).
 
Lo que ellos no saben es que aún conozco más placas incorrectas... ¡y no se lo he dicho! ¡Ja!¡Ja!¡Ja! (Pronúnciese con voz grave y hueca) ¿Quién ríe ahora? ¿Eh? ¡¿Quién ríe ahora?!

Ah, bueno, que ésa es otra. Que ni siquiera me han dicho que el dossier estaba muy gracioso. Y lo estaba.

miércoles, mayo 01, 2013

CURRICULUM DEMANDARUM LABORIS

Hoy, día del trabajo, y con objeto de hacer constar lo activa que es mi búsqueda de empleo, rescato las demandas que a lo largo de los últimos meses he ido publicando en facebook con bastante éxito de crítica y público y bastante poco de empresas o particulares contratantes. Así, el 15 de enero, renovaba la publicación de mi primera demanda de septiembre, ofreciéndome para el trabajo en el que más experiencia tengo:


"Caballero guionista de mediana edad, educado, universitario, amante de las buenas letras y el humor, busca productora o cadena de televisión afín, de contrato agradable, para posible relación laboral seria o lo que surja".

Habida cuenta de que quizás mis más de veinte años de experiencia en el medio pueden no significar mucho e incluso asustar a un posible contratante, el 17 de enero me puse lúdico y apelé a mis principales valores diferenciales y a algunas facultades descubiertas recientemente. El mensaje es: no contrata usted un guionista, me contrata a mí.

"Actualizo mi demanda de empleo con nuevos datos:

Veterano guionista con conocimientos de latín, porte aristocrático y buena conversación se ofrece como trompetista sin trompeta para animación de oficinas y fiestas de borrachos, figuraciones con frase en series de época o guardar silencio en una esquina. Abstenerse baterías: no hago duetos."


Soy consciente de haber desterrado la modestia de mi pauta de comportamiento en esta demanda, pero aunque soy novato en esto de la auto-venta, tengo entendido que es positivo un cierto alarde de facultades. No obstante, los datos aportados en esta y en todas las demandas son rigurosamente ciertos. Mi latín no es como para mantener una conversación con el Papa Francisco, pero conozco unas cuantas locuciones, frases de sabiduría e incluso poemitas. Lo de la trompeta parecerá pintoresco, pero es así. De hecho, en el auditorio adecuado con la acústica apropiada y una oportuna resonancia doy bastante el pego. Ese lugar son los pasillos del metro. En cuanto a la figuración, la ejercí en mis últimos trabajos de guionista, y aunque no es para estar orgulloso, el hecho es que suscité gran simpatía entre los aficionados al programa, a pesar de negarme siempre a hacerme una foto con nadie.

En todo caso, creo que ya estaba dejando claras mi flexibilidad laboral y mi posición abierta ante un posible cambio de actividad, pero el 23 de enero di un paso más, ofreciéndome incluso a un giro radical y a abandonar los teclados qwerty por el volante.

"Reputado guionista de dilatada experiencia con carné de conducir y vehículo propio se ofrece para el transporte a baja velocidad de personas sin prisa, con servicio de empatía, asentimiento y concesión de la razón para indignaciones de toda índole."

Y para avalar este ofrecimiento, ofrezco documentación: Permiso de Conducción del Reino de España tipo B expedido el 21-01-1988. Y que es cierto que me gusta respetar los límites de velocidad y que tengo cierta tolerancia para conversar con miss Daisy, que es el target al que me puedo dirigir con estas velocidades.

Aprovecho, por cierto, la ocasión, para renovar mi agradecimiento a Gonzalo, el benefactor que me cedió graciosamente su coche al que tanto provecho estoy sacando para el traslado propio y de otras personas. Como no sé si prefiere mantenerse en el anonimato o si, al contrario, no nombrarlo es negarle el reconocimiento, he optado por la solución de decir su nombre sin apellido.

Visto, en todo caso, que me estaba alejando de mis territorios conocidos, reparé en mi campo de conocimiento, aunque no de experiencia profesional: la lengua. ¡Qué narices!, me dije, ¡si una de mis posibles escapatorias profesionales siempre ha sido la de dar clases de español a extranjeros! Ofrezcámonos al mercado. Y el 1 de febrero, publiqué:

"Lingüista universitario, maduro y educado, con alto dominio del español, certera intuición gramatical y formación específica en la enseñanza del idioma a extranjeros ofrécese como tutor de exóticos fichajes deportivos, preferiblemente millonarios. También modelos del este."

Y por titulación no será, que tengo un Certificado Universitario del Curso de Formación de Profesores de Español como lengua extranjera, expedido por International House Madrid y la Universidad de Barcelona Virtual, en agosto de 2003. Bien es cierto que nunca he ejercido la profesión, pero a cambio puedo sacar la carta de mi licenciatura en Filología Hispánica, en la rama de Lingüística, por la Universidad Complutense de Madrid, en 1990.

Si alguno quiere reprocharme un cierto elitismo a la hora de escoger a mi clientela, se lo puedo aceptar, pero es una cuestión pragmática: necesitaría dar muchas menos horas de clase para sacarme un sueldo. Y si el día de mañana puedo vivir sin dinero, no tendría inconveniente en prestarme voluntario para ilustrar a inmigrantes sin recursos.

El 8 de febrero, volvía a llamar a la tele, reinterpretando mi posible función en este medio. Al igual que dije anteriormente, mis posibles contratantes tienen que saber que no contratan simplemente un guionista: me contratan a mí.

"Distinguido guionista veterano prestaría su carismática presencia y apellido compuesto para aportar dignidad y lustre a producciones audiovisuales de cualquier calibre. También desde casa."

Era una manera de llamar la atención a posibles programas de medio pelo que tuvieran ciertas reservas para convocar a sus filas a una persona como yo. No pasa nada si es así, probablemente su programa no sea la ilusión de mi vida, pero es también muy probable que en los casi veinticinco años que llevo trabajando (menos los periodos de paro, claro) haya hecho cosas peores o me hayan pagado menos.

Para mi siguiente demanda, cambié el foco. Mi reciente afición por el dibujo, y el descubrimiento de las sesiones de modelo al natural pusieron ante mis ojos otra forma de trabajo que, aunque es muy expuesta, aparentemente no requiere una formación específica. ¿Y no podría hacer yo eso? El caso es que me veo bien. Por eso, el 22 de febrero, me lié la manta a la cabeza y me tiré a la piscina.

"Tendré que publicar una nueva demanda de empleo para que no se diga que no lo busco activamente:

Caballero longuilíneo de interesante figura entrenado en el estatismo y el silencio con un repertorio corto de posturas estables y poco exigentes aparcaría su natural sentido del ridículo para posar como modelo de dibujo y pintura en talleres de alumnado desconocido con al menos tres grados de separación. También pongo comas."


Poco puedo decir que no dijera en mi mensaje. Quizá que en un alarde de arrojo podría animarme a posar ante un alumnado desconocido con tan sólo dos grados de separación. El caso es que aunque me atrae el reto, tengo cierta reticencia a descubrir en mí a un Míster Hide exhibicionista que pudiera traerme problemas en la mitad restante de mi vida.

Sin embargo, la idea me recuerda a las palabras del filósofo: "Omnia mea mecum porto". Todas mis cosas las llevo conmigo. (Para más información, les remito a una página que acabo de encontrar y que lo explica bien http://www.citas-latinas.com.ar/2010/01/omnia-mea-mecum-porto.htm). El no necesitar para trabajar nada más que lo puesto (en realidad ni eso), me daría una gran libertad de acción, pues podría desempeñar mi labor en cualquier lugar del mundo.

Por otro lado, habiendo conocido ya a un profesional de larga carrera y a recién llegados procedentes del mundo de la danza, y siendo consciente de mis grandes limitaciones de elasticidad muscular, también admito que a lo más que podría aspirar es a modelo de segunda fila. Pero ¿acaso hay mayor prueba de humildad en un trabajo que presentarse uno tal cual es... y ni siquiera ser demasiado bueno en eso?

Animado por esta nueva apertura de pensamiento y quizá motivado por el espíritu de Carnaval, volví a apelar a mis conocimientos, en este caso carnales, el 28 de febrero (en que, según mis cálculos, ya estaríamos en Cuaresma, qué díscolo).

"Caballero guionista con titulación demostrable en técnicas de quiromasaje en academia nacional de nombre exótico y con más de veinte años de experiencia en digitopresión de teclados de ordenador ofrécese a cambiar su superficie de trabajo por espaldas, cuellos y extremidades de mujeres estresadas sin lesiones comprometidas. Curiosas no abstenerse; viciosas sí. También retratos al natural de resultado incierto."

Y se preguntarán ustedes: ¿Titulación demostrable? Pues sí señores. Thuban corporación (que aunque parezca el nombre de una institución sectaria es una academia de terapias alternativas) me otorgó un Diploma el 30 de junio de 2003 por mis 144 horas lectivas estudiando el aparato locomotor de la anatomía en forma teórica y práctica, estudios que cursé también con la idea de tener una profesión portátil desempeñable en cualquier lugar y circunstancia. No la he cultivado mucho, esa es la verdad, pero esto es como montar en bicicleta... que tampoco monto. Soy una cajita de sorpresas, ¿a que sí? Además, cuento con camilla propia bien escondida en mi casa.

Mientras el trabajo llegaba o no llegaba, he empezado a desarrollar una labor lúdica y artísitca que me está proporcionando grandes satisfacciones (y espero que también a alguno de ustedes), y por ello en mis mejores sueños concebí la posibilidad de vivir haciendo lo que estoy haciendo ahora mismo. ¿Y vivir del aire? He ahí el problema. Pero no hay que descartar nada, así que, por pedir que no quede. Y lo pedí el 7 de marzo.

"Indisciplinado artista multidisciplinar educado, austero y agradecido aceptaría mecenazgo de fundaciones culturales o benefactores particulares para llevar adelante una vida sencilla, tranquila y lúdica con la que dar buen ejemplo a las generaciones venideras. O también puedo ponerme a trabajar, lo primero que salga."

La callada por respuesta. El 13 de marzo debí de tener un acceso de angustia. Es mi demanda más desesperada. No estoy orgulloso de ello.

"Estoy tan indignado con el mercado de trabajo, que le voy a poner una demanda. Esta vez, sencillita:

Guionista con experiencia se ofrece para trabajar."
Y en la línea donjuanesca del "clamé al cielo y no me oyó", pero con una elaboración más literaria, retomando la dignidad y la elegancia del hombre que lo vive todo como juego, me atreví a dirigirme al propio mercado de trabajo, cara a cara, con una carta que ha tenido mucha aceptación entre mis seguidores de facebook. Esto fue el 16 de abril:

"Querido mercado de trabajo:

Nos hemos tomado un tiempo. Que no era yo, que eras tú... En este tiempo, no te engaño, yo he conocido al paro, y tiene sus cosas buenas, pero no me da lo mismo que tú, y siempre parece que tengo que poner yo más de mi parte. Tú me llenabas más (el bolsillo, se entiende).

¿Por qué no lo volvemos a intentar una temporadita, a ver qué pasa?


Un cordial saludo.

Álvaro
 
(Igual me recuerdas más por mi número de afiliado a la Seguridad Social, pero no me lo sé de memoria)".

Y unos días después, el 26 de abril, la que hasta ahora es mi última demanda de trabajo, la más disparatada, un chiste, una humorada sin más, basándome en la dificultad para el manejo preciso en pintura de las técnicas líquidas en general y de la tinta en particular.

"¡Acabo de caer en otra salida para mi estancada vida laboral! Ahí va mi demanda:

Artista novel especializado en tinta negra y borrón ofrece dibujos mudos a la comunidad psicoanalítica para su utilización como nuevos tests de Rorschach.

O como retratos. Interesados contactar en esta página o en www.lapizdequintintas.blogspot.com.
También explico los chistes."

La alusión a mi blog de chistes es, claro está, una velada forma de reivindicarme como humorista gráfico. De nuevo cuño, sí. Con sólo dos meses de experiencia, también, pero creo que con suficiente calidad de contenido y un interesante dibujo de vocación artística.

Tampoco, por supuesto, es momento de omitir mis dotes literarias para el espejismo, esa observación de la realidad entre el cielo y la tierra, entre lo metafísico y lo costumbrista, con la que tanto disfrutamos los tres o cuatro que me leéis y yo mismo escribiendo esta columna de prensa que nadie me encargó nunca y que me he tenido que crear para mis juegos.

Para ambas cosas, pues, viñetista y columnista, una u otra o las dos, me ofrezco desde aquí a cualquier medio de comunicación, en estos momentos en que la prensa escrita está en plena expansión. ¿O me he enterado mal?

Este larguísimo "curriculum" sólo puede terminar de una manera, que es abusar de la confianza de mis lectores e involucrarles directamente, con la consigna más utilizada en el mundo del guión, el santo y seña con el que un guionista se descubre ante los suyos (no hagan uso de ella, se lo ruego), y que dice así:

"Oye, si sabes de algo, dímelo".

Pues eso.

 

 

 

martes, abril 30, 2013

VER LA TELE

Cuando salía de casa esta mañana he visto la tele. Sería más propio decir que he visto una tele, pero esa tele era enorme, inmensa, era la madre de todas las teles. "La tele", en fin. Tiene una altura de ocho plantas. Es un anuncio, claro está, que han colocado en una casa de la acera de enfrente de la mía. No sé cuántas pulgadas tiene, porque en esto del tamaño las teles han iniciado su propia burbuja de crecimiento infinito. En la época del tubo (¿hemos salido de esa época?) una tele de 21 pulgadas era mediana, la de 25 era grande y para ver una de 28 tendía que invitarte un torero a su chalet. Ahora lo único que tiene menos de 32 pulgadas son los monitores de ordenador, y las medidas de las teles se disparan en proporción inversa al tamaño de las viviendas. Lo cierto es que facilita la decoración: una pared es un mirador, otra para la tele, otra para la puerta y unas estanterías, y en la cuarta un sofá. Sólo hay que elegir un cuadro bonito para poner encima. Lo que no sé es dónde ponen los radiadores, pero a veces pienso que soy la única persona de Madrid que siente el frío.
 
Aclaro para el purista que sé perfectamente que la tele debería llamarse el tele, pues la televisión es la técnica de las ondas, y por extensión la cadena que emite los contenidos (y en un tiempo los producía), mientras que el aparato que los recibe y los descifra es un televisor, en masculino. Pero qué quieren, a mí llamarlo así me parece un poco cursi, de modo que asumo la posible ambigüedad entre la tele contenedora y la tele contenida. No es sólo el nombre lo que crea ambigüedad, también el tamaño y los precios, pues es más que posible concebir una cadena materialmente más pequeña que alguno de los aparatos mastodónticos que se comercializan, y desde luego es un hecho que producir algunos programas empieza a ser más barato que comprarse una tele. 
 
La tele del anuncio es una smart tv. Literalmente: televisión inteligente. En la práctica es que se puede conectar a internet y hacer un montón de cosas que nunca sabrás hacer porque (y aquí entra la tercera acepción de "smart") la tele es más lista que tú. No sé yo si estaría muy cómodo sabiendo que un aparato de mi casa me mira con la suficiencia de quien tiene un secreto que nunca sabré desvelar. Sentiría que Matías Prats se ríe de mí. Y si lo hace de pie en una tele de 80 pulgadas no va a haber psicólogo que me quite el trauma.
 
Y sin embargo, eso de las smart tv no es un asunto que me asombre.  Intuyo que quieren emular en los consumidores la misma sensación de fascinación y hechizo que nos provocaron a finales de los setenta las primeras televisiones en color: aquellas con las que algunos compañeros veían el rojo de los camisones de los payasos de la tele.  Se ve que la dimensión del color es más importante que la del volumen o el tamaño. Quizá también dejó mella en centenares de consumistas frustrados el mito de lo innaccesible. Eran caras, carísimas. Más o menos lo que cuesta ahora un smart tv. No la equivalencia a ese precio en relación con el nivel de vida de antes, sino exactamente ese precio. Aunque, ahora que lo pienso, quizá los sueldos también empiecen a parecerse a aquellos, con lo que el esfuerzo será similar.
 
Aquellas frustraciones forjaron el carácter y la paciencia de una generación que aprendió a esperar. En concreto, esperamos al año 82, en que todas las familas que aún no lo habían hecho se animaron a sumarse a la revolución colorista. Unas, por el Mundial de fútbol; otras, por la visita de Juan Pablo II. Había algo de ilusión por aquel entonces. Las novedades eran sustancialmente mejores, eran otra cosa. Ahora no. Amortizada ya la impresión que causaron las primeras televisiones planas, me parece todo más de lo mismo. Mucho más, increíblemente más. Más a más no poder, si quieren, pero nada más.
 
Por otro lado, con todo lo que hemos aprendido de la crisis, una tele así resulta obscena y demoníaca. Además, comprar esa tele sí que sería vivir por encima de nuestras posibilidades. ¿Quién tiene una casa en la que quepa una tele de ocho plantas?
 

jueves, abril 25, 2013

QUERIDO HORÓSCOPO

El domingo el horóscopo me prometió para esta semana que me llegaría un dinero extra. Como casi todas las semanas, por otro lado. Me anima mucho, es más majo... Una vez acertó, me hicieron un pago de derechos de autor que no esperaba. Lo de ahora suena a eso. Dice "dinero extra fruto de unas tareas realizadas hace tiempo". No creo que se refiera a los 250 euros que me ha devuelto el banco después de haberme cobrado dos seguros: el que no tuve más remedio que contratar cuando firmé la hipoteca, y el que me querían colar en vez de aquel, que es mucho mejor. ¿Cómo va a ser mucho mejor, si es más caro? Pues me cobraron los dos, y el lunes me reintegraron uno. Dirán ustedes que eso no obedece al concepto "fruto de unas tareas realizadas hace tiempo", pero lo cierto es que sí, porque hace tiempo, el lunes de la semana pasada, realicé la tarea de ir a la sucursal, comprobar que la gestora que me estuvo haciendo el presupuesto no estaba, contarle todo el tema a otro gestor, y morderme la lengua y sujetarme a la silla para no montar un pollo.

Pues eso, que me llegará un dinero extra... pero estamos a miércoles y de momento no da señales. Suelo ver los horóscopos los fines de semana, porque son más serios que los diarios. Me meto en el Vips de al lado de mi casa, ojeo (de ojo) u hojeo (de hoja) los suplementos que lo llevan y me quedo con el que me da mejores pronósticos. Llevo todo el 2013 empalmando ingresos de dinero inesperado, ofertas de trabajo y conocimientos de pareja si me encuentro sin ella. De hecho, hace sólo un par de semanas el horóscopo me auguraba una oferta de trabajo que no podría rechazar, y ciertamente estuve hasta entrado el viernes sin poder rechazar ninguna oferta. Pero esa mañana, en efecto, me propusieron un trabajo tan irrechazable que ni hablamos de dinero. En realidad, ni hablamos, porque por la tarde ya se había caído. Me perdí trabajar un fin de semana. En esta, me toca "rendir de firme en el trabajo; a cambio aumentarán sus expectativas profesionales y podrá ver el futuro sin tanta aprensión". Tampoco se crean que miro con mucha aprensión el futuro. Lo que me da aprensión es el presente. El futuro es sólo una mancha negra en la lejanía. Pero me inquieta eso de tener que rendir de firme en el trabajo. ¿Cuál es el trabajo de un parado y cómo puedo rendir más? ¿Levantándome más tarde? ¿Comiendo a las cinco en vez de a las cuatro? Me inquieta un poco esta exigencia de rendimiento, porque ¿cuántos cortos del Notodofilm puede ver una persona en un día? Lo de aumentar mis expectativas laborales es más sencillo. Mis dos últimas propuestas han sido por dos semanas una, y por un fin de semana la otra, y ninguna de ellas ha prosperado. Ahora espero un trabajo de mes y medio que, al menos, salga.
 
Ahora en serio, horóscopo. No me importa que me engañes, jugamos esa pantomima los dos, y a mí me va bien ese efecto placebo. Pone bajo control mis niveles de ansiedad. Pero empiezo a necesitar una señal, algo que me sirva para seguir confiando en ti. Un pronóstico anual me decía que hasta mediados de año se me presentarían grandes oportunidades profesionales. Eso son seis meses, y ya casi ha pasado el cuarto. Y si los buenos augurios proporcionan serenidad y optimismo, el paso de los plazos trae frustración y algo de angustia, porque si esto es lo que tengo en pleno periodo de buena suerte, ¿qué me cabe esperar para cuando se termine? ¿Es que he hecho algo mal o he dejado de hacer algo importante? Bueno, dejaré estar las cosas de momento y seguiré con mi plan de consultas semanales para mantener alto el ánimo, evitando el contacto con colegas que me hablen de cuántos más compañeros estamos en la misma situación y cuánto tiempo llevan así.
 
Ah, se me olvidaba. El horóscopo del domingo también me dice que si no tengo pareja, las amistades me encontrarán una de mi agrado. Mira que lo dudo. De todas formas, y por concentrar esfuerzos... que no se ofenda nadie, pero prefiero el dinero.

miércoles, abril 17, 2013

ENAMORADO

Así de directo lo digo: me he enamorado. A estas alturas, a mi edad y con lo inaccesible que parezco, ¿verdad? Aplauden un par de amigas celestinas que siempre desconfiaron de mi independencia. La verdad es que me he pensado mucho el proclamarlo. ¿Será esto amor, no será una mera atracción pasajera, un apasionamiento del momento, una atracción fuerte? El caso es que salgo a la calle a cualquier rato y con cualquier pretexto para encontrarnos. Salgo a la compra por tres tonterías, y sin lista, como tentando a la suerte para que se me olvide algo y tenga que volver a salir.
 
No es, por si lo estáis pensando, la cajera pizpireta del Eroski center, con su flequillo moderno y su pelo recogido, con sus idiomas (que una vez se puso a hablar en inglés con un cliente) y su alegría, que siempre te sonríe como si le gustase su trabajo. No me importaría, claro, que me diera un poco más de bolilla y me preguntara ¿cómo compras yogures desnatados, con lo bien que se te ve?, y yo le contara lo del colesterol y todo eso. Pero sólo me pregunta si voy a necesitar bolsa, que yo le digo que no, presumiendo de previsor, y luego me dice cuánto es, y yo le pago de más para que me dé las vueltas en la mano.
 
En su presencia pierdo la prisa, camino despacio para hacer durar más el tiempo... y pienso que esto que siento es para siempre. ¿Es eso amor? Yo creo que sí.  Ah, y por cierto, es correspondido. Me acuesto confiado en que mañana la veré también, que estará conmigo, que no se habrá ido. Eso sí, igual que es correspondido es compartido, pero en esto no soy celoso; al contrario, sería partidario de una poligamia universal: cuantos más mejor.
 
La queremos conocer, la queremos conocer, palmotea mi amiga (he dicho que eran dos, pero sólo caigo en una). La conocéis. La veis todos los días. Y si tenéis sangre en las venas os habéis enamorado también. Es la primavera, no cualquier primavera: esta primavera de estos días. Una primavera que parece verano y que de pronto hace que el paro parezca vacaciones. Una primavera tardía que se esperaba para la primera quincena de marzo y ha llegado con un mes de retraso y calor de verano. Que salgo a la calle solo con camiseta y una chaqueta de lo que dicen entretiempo. ¡Y sin jersey! Y aún paso calor. Pero la prudencia no me deja salir solo en manga corta todavía. Es muy pronto aún para nosotros.
 
Es tan agradable su temperatura, que no parece casual: parece un experimento, como si el Universo estuviera probando cuál es la temperatura ideal para el ser humano. ¡Pues has acertado! ¡Es esta! No la toques más. Quiero exactamente este sol, este calor y estas horas de luz para siempre.
 
Lo veo en mí y sé que está mal, pero me abandono y dejo que me entre este nerviosismo y esta ansiedad de querer retenerla, aunque sé que es imposible. Quiero captar todo el sol, toda la luz y todo el calor todo el tiempo, porque sé que en algún momento esto terminará. No va a seguir así hasta el verano, lo sé. Volverá a hacer frío, quizá vuelva a llover, que le ha cogido gusto, y llegará el verano en serio y a lo bestia, con mucho más calor y hasta sudores, tan distinto de estos días tan perfectos que se dirían sagrados. Y volverá el infierno de cuarenta grados y diabólicos pantalones cortos y piernas largas de las chicas que viven si siempre fueran a la piscina.
 
Ahora que os lo he contado, lo dejo ir. Lo que dure, durará, y estará bien. El día que me muera, tendré una bonita historia de temperaturas que contar. Siempre nos quedará aquel abril. 

lunes, abril 15, 2013

PERRO LABRADOR POCO MORDEDOR... PERO MUY CHUPADOR

Parado ante un semáforo, un perro me miraba. Era un labrador de tamaño mediano y pelo claro, y no sé qué me ha dado últimamente, que me gusta hacerme el espontáneo y el natural y, especialmente con los animales, el cariñoso. Para las personas soy más mirado. Es timidez, no se crean. Timidez y un cierto conocimiento intuitivo de las normas sociales y las leyes de acoso. El caso es que he acercado la mano para acariciarle la cabeza, y el perro, que parecía que lo estaba deseando, se ha apartado. Hagan, si quieren, el chiste fácil ("sería perra" o "qué hijo de perra"), que yo me lo voy a ahorrar con su permiso.

Me he acordado de que los perros son miedosos, y ver acercarse una mano por encima les resulta hostil, por muy buena persona que uno sea, así que, al ver que volvía a mirarme seductor, he llevado la mano por debajo del morro, para acariciarle el cuello. El animal, ahora sí, me ha aceptado la caricia, y, agradecido, me ha lamido la mano por arriba y por abajo en una sola pasada con una lengua más larga que mi pie. Creo que lo de acariciar perros lo hago ya de adulto para demostrarme a mí mismo lo valiente que soy y que no me da miedo. Y como no me ve nadie, ahora lo tengo que escribir (¿Pueden hacerme llegar de alguna forma un "oh" de admiración para mi ególatra satisfacción?).

Qué bonito es, le he dicho al dueño. Esto es para que vean que no era una estrategia para ligar, que el dueño era un señor mayor tirando a feo. Me ha contestado en idioma portugués diría que más brasileño que de aquí al lado. Que tiene cuatro meses el perro, que es muy criança todavía. Y me ha gustado también la palabra "criança". Parece que evidencia el estado de desvalimiento de los niños, que requieren ser criados, alimentados, cuidados. Este perro, la verdad es que para cuatro meses, estaba bastante fuerte, que el señor apenas lo podía retener con la correa.

Nos hemos ido luego por caminos distintos: el brasileño con su perro y yo con mi mano mojada, no viendo el momento de llegar a casa a lávármela. ¿Quién me manda a mí acariciar perros con el asco que me da que me chupeteen?

RECORTE DE COLUMPIOS

Veo en la calle un parque infantil con dos barras de columpios. En una, un cartel arriba advierte: "Si tienes más 6 años, no te subas aquí". En la otra, el cartel, más permisivo, dice "Si tienes más de 8 años, no te subas aquí". En honor a la verdad, no sé si dice subas o montes o qué verbo pone, porque yo sólo he visto la palabra que no pone: prohibido. Prohibido, niño, vete enterando. Desde los 9 años, ya empiezas a tener cosas prohibidas.

No he podido evitar pensar en los niños de 9 y 10 años, de doce incluso, que no todos empiezan a fumar y a hacer botellón tan temprano. Niños que siguen siendo niños, pero que no se pueden subir a los columpios. Niños a los que les queda ocho o nueve años, su vida entera, para llegar a ser mayores de edad y poder votar qué político quieren que les prohiba vivir.  Y veinte años para acceder a su primer contrato de becario. Les queda mucho para adultos, pero se les ha terminado el chollo de ser niños. Eso de subirse a los columpios se ha terminado.
 
Que empiecen a aprender lo que son los recortes.

TWIN BANKS

Lo de mi banco es como de David Lynch: misterioso y con toques surrealistas. No han matado a Laura Palmer, pero casi palmo yo. Palmar pasta, quiero decir.Además, forzando un poco la situación, le puede pegar lo del "twins", porque es un banco, pero son dos. Acaba de ser fagocitado. No dirés sus nombres, que quiero seguir estando a bien con ellos por lo que pueda pasar.

 El mes pasado tuve que ir a reclamar 6'5 euros de comisiones que me habían pasado de pronto.
 
- ¿Y esto? Yo tengo una cuenta sin comisiones.
- Sí, es que antes no pasaban y ahora las han empezado a pasar.
- Ya, pero es que yo la tengo pactada sin comisiones.
 
En realidad no sé cómo, cuándo ni con quién pacté eso, y creo que no está firmado en ningún sitio, pero desde luego tampoco he firmado una conformidad con pagar nada de comisión. Llevaron mi caso a la interventora, que haría una propuesta para que se me devolvieran (o eso, que no era seguro) y en una semana tendría en cuenta mi dinero, que hay que ver cómo se pone usted por seis euros y medio de mierda que si no me pongo así me los cobran todos los meses.

La señorita, muy atenta, aprovechó para intentar colocarme un nuevo seguro de hogar. Precisamente acababa de recibir una carta con la nueva cuota que me parecía carísima, y me dejé querer, a ver si me la abarataban. La verdad es que parezco nuevo. Me hizo dos simulaciones, a cual más cara. Quedé en estudiarlo. En casa vi que mi póliza habitual carísima era más barata que ambas en un 20% y 40%, respectivamente, así que le dije a la mujer aquello de "Virgencita, que me quede como estoy", y el banco me pasó un recibo a primero de mes de 213,68 euros (0,55 euros más, por cierto que lo que me dijeron). 
 
Pues yo lo veo todo normal. Pues no. Porque unos días más tarde me pasan otro recibo de 254,40 en concepto de seguro de hogar (cifra por otro lado que no coincide con ninguna de las dos simulaciones que me hicieron), y ahí me tenéis esta mañana otra vez yendo a reclamarlo. No se sabe por qué me lo han pasado, a lo mejor al hacer la simulación, sin querer, que es muy fácil equivocarse, le dio a la tecla equivocada y se dio de alta el seguro... El pobre agente ha estado media hora al teclado p'arriba p'abajo. Creo que en una semana tendré el dinero. Ganas me dan de reclamarles números rojos bancarios, intereses de demora y una indemnización por estés innecesario.
 
Mientras tanto, llega una señora mayor con un papel de estos que tienen una parte opaca para ocultar el número PIN secreto de tu tarjeta. La mujer se ve que no está familiarizada con el uso de tarjetas de débito y no sabe qué significa ese papel. Le atiende otra señorita y constata que no se ve nada, que a lo mejor la impresora con que se imprimió tenía poca tinta o vaya usted a saber. El director, que parece conocer a la señora, sale de su despacho, y mira el papel, y bromea.
 
- Es que es un número tan secreto que no se ve.
 
Me gusta, no crean que no, que el director de una sucursal bancaria tenga sentido del humor. Espero que también tenga cintura y flexibilidad si un día me vienen mal dadas, porque lo que ve uno en las noticias no suena mucho a chiste.
 
No es tan David Lynch esto que cuentas, me dirán, no te hagas el cultureta. Sí, lo siento. La verdad no entiendo tanto de directores de cine y sus características personales. A mí me ha recordado un poco a Twin Picks estas cosas raras que han pasado. Ah, bueno, que me falta contar otra cosa: que en medio de todo esto ha entrado un enano calvo a sacar dinero en ventanilla. ¿A que ahora si es más Twin Banks?