jueves, octubre 16, 2014

S.E.R. O NO SER

Mitad de septiembre. Recibo una carta del grupo Popular del Ayuntamiento de Madrid alardeando de algunas de las cosas que han hecho y que piensan hacer con nuestro dinero (polideportivos, bicis, plazas de Margaret Thatcher...) y anunciándome que el año que viene quitarán el impuesto de basura (que hace unos años se sacaron de la manga) y reducirán un 12% el IBI (que en los últimos diez años prácticamente se ha triplicado). 

INCISOS:
- La perspectiva del tiempo nos alerta sobre la gratuidad de los nombres de los partidos.¿Partido "Popular"? Me dan ganas de fundar el Partido Salvador para obligar a la prensa a llamarnos "salvadores" hagamos lo que hagamos.

- El IBI, ese impuesto de ortografía desconcertante. Tratándose de la vivienda, uno pensaría que se escribe con uve: IVI, lo cual le pondría de inmediato en la familia del IVA. Sin embargo, eso significaría Impuesto de la Vivienda y nos sobraría una I, que por razones obvias no podría ser de Ipotecada, porque sería redundante. El caso es que significa Impuesto sobre Bienes Inmueblesy evidencia que ya se ha cumplido aquella profecía de nuestros mayores "Nos van a acabar cobrando hasta por respirar". Por respirar no, pero si nos cobran por la vivienda, en realidad nos están cobrando por vivir.

Continúo. Dos semanas más tarde me llegan el recibo de basura y el IBI de este año, convirtiendo en una broma absurda la carta anterior. Si, dentro de un año uno de estos impuestos no estará, y el otro sólo será un 280% más caro que hace diez años, pero ahora ¡paga! No comprendo estas ganas de nuestros gobernantes de quedar mal.

Y ahora, lo mejor. Me mandan una carta para la Renovación del SER. Me conmueve el interés del ayuntamiento en el desarrollo espiritual de los ciudadanos. En concreto, de los residentes, pues el epígrafe completo es RENOVACIÓN Residentes S.E.R. O sea, que los que no residan en Madrid, que no se renueven. Tampoco estaría mal que renovaran su ser los que mandan, que no digo que lo tengan peor que nosotros, pero tienen más peligro.

Pero al abrir el sobre llega la realidad con su prosa, y descubro que ese "ser" son sólo siglas, las irónicas siglas del Servicio de Estacionamiento Regulado, y digo irónicas porque no veo el servicio por ningún lado. Un servicio sería que el ayuntamiento pusiera aparcacoches a los residentes que pagamos la tarjeta, pero eso de pagar primero y buscarse la vida después no lo hacen ni los gorrillas sevillanos. Ellos al menos tienen la decencia de no cobrarte hasta que no has aparcado. 

miércoles, julio 16, 2014

ESPEJITO, ESPEJITO

Hace un momento, en el cuarto de baño de mi lugar de trabajo, mientras me lavaba los dientes, he visto a un señor con barba canosa vistiendo una camiseta fina de un color intenso entre granate y magenta. Era yo. Y me he dicho: ¿qué hace un señor mayor vistiendo como un joven de veinticinco años? Lo primero, demostrar lo bien que cuido la ropa, porque precisamente esa misma camiseta ya la vestí con veinticinco años. Me la compré en Sevilla en el verano del 91, un año antes de la Expo. Muchos de vosotros no habíais nacido. No me hago idea de cuánto color y apresto ha podido perder en estos años. En todo caso, los echo bastante menos en falta que el pelo.

Lo que es un hecho innegable es que esa cara de maduro interesante y esa camiseta de joven despistado no casan en absoluto. ¿Quiere ello decir que la vaya a tirar? ¡Parece mentira que me conozcáis tan poco! Aunque, eso sí, trataré de usarla durante periodos antisociales y de ermitañismo. La conclusión más fuerte a que me ha empujado esta visión caduca de mí mismo es que, no hoy ni mañana, a ritmo lento, despacio pero seguro, poco a poco, como sin que se note,  debo ir sacando de mi armario las camisetas desgastadas y los pantalones de aventurero para sustituirlos por prendas más acordes a mi imagen actual. Guayaberas y pantalones mil rayas.  

miércoles, julio 02, 2014

MI FUTURO VISTO POR LA ESPALDA

Hace un par de sábados pude verme a mí mismo de mayor, sin que mi madurez se diera cuenta porque mi presente estaba detrás de ella.

Exagero, era sólo por captar su interés. Sí vi a un hombre algo mayor, no anciano. Sesentón, yo diría. Calvo, más calvo de lo que yo espero estar a sus años (aunque tampoco me imaginaba de joven como ahora me veo). De estatura y complexión medianas, pero de espíritu libre y juguetón. Un columnajuguetista de la vida. ¿Que por qué lo sé? Se lo cuento. 

Entraba al metro y tenía que bajar unas escaleras. Las mecánicas no funcionaban (desde hace tiempo, por cierto), y era obligado el uso de las estáticas (¿o cómo se nombran las escaleras de siempre, de peldaño sólido y permanente, que ni se mueven ni se pliegan?). Y hete aquí que cuando bajo la vista para contemplar la pendiente escalonada que me separa del piso de abajo me encuentro a un viejijoven, un provecto infantil que, quizá como rebeldía contra la avería del sistema o, al contrario, queriendo sacar lúdica tajada del momento, se sienta de lado sobre la barandilla dejando colgar sus pies y se desliza por el pasamanos hasta el primer descansillo. O sea, lo que haría cualquier niño menor de diez años de cualquier familia angloamericana acomodada con casa de dos plantas en cualquier película edulcorada de los años 50 (por decir una fecha). Sólo que en la realidad, en público, con los sesenta y cinco cumplidos y arriesgándose a que sus hijos lo incapaciten para quedarse con la pensión. Esa parte también nos distingue. A mí mis hijos nunca me incapacitarán. Tendrán que hacerlo mis sobrinos.

He dado seguramente, sin que ustedes ni yo nos diéramos cuenta, con la clave de este jovial comportamiento. ¿Sesenta y cinco años he dicho que tendría? Puede que más, pero ¿y si ese era precisamente el día de su cumpleaños, cuando alcanzaba la deseada y gloriosa edad de la jubilación? De ahí, claro, el júbilo por haberse ganado, para lo sucesivo, el vivir sin trabajar. Bien puede celebrarlo, que tal vez sea de las últimas promociones de jubilados pensionados que saque nuestro país. 

Percibo en mis lectores sonrisillas irónicas y gestos de escepticismo condescendiente. No se lo creen, claro. Y lo comprendo, yo también recelaba de lo que veían mis propios ojos, pero como testimonio material del suceso aquí les traigo un dibujo de la escena.


¿Cómo? ¿Vuelven a reírse? ¿Tampoco se lo creen, santotomases de la vida? Deben saber que su incredulidad halaga mi vanidad e hincha mi ego, pues supone que yo solo por mis medios podría haberme inventado este dibujo. Y sin embargo, nada más lejos. Es una burda y chapucera copia de un modelo real, como todo lo que hago. Bajen ya esas cejas de desprecio y superioridad moral. Eso también lo puedo demostrar, y puesto que así lo quieren, así lo voy a hacer.


¿Y ahora qué? ¿Me creen ahora? ¿Reconocen que todas las cosas que cuento me pasan de verdad?

Rayos, eso ni que no me lo esperaba de ustedes. ¿Photoshop, dicen? Qué falta de alegría. Cualquier cosa con tal de negar que uno en la vida pueda encontrarse, de repente, con una escena divertida y fuera de lo habitual, como sacada de contexto. Photoshop dicen... ¡Yo no tengo paciencia para eso!

miércoles, junio 04, 2014

TRES DÍAS DE JUNIO

LUNES AL REVÉS

El lunes fue el día al revés, el primer día en la historia reciente de España en que un hombre que ejerce un poder renuncia voluntariamente a él. Pero ¿qué es eso dentro de la intrahistoria, la historia verdaderamente importante, la de la cotidianidad de las pequeñas personas, mi día a día? Sí, el mío.

Mi lunes sí fue un día al revés. Se confundieron al darme las vueltas en el comedor, y me las dieron de más. Algo en mí lo anticipó cuando vi que el display de la caja del autoservicio marcaba 1,90, pero pensé que sería el precio de la bandeja de mi antecesor en la cola. La urgencia de la cajera y de los compañeros clientes que me seguían me obligó a abandonar el lugar de los hechos con precipitación y cierto estupor, y no fue hasta más tarde cuando me hice verdaderamente consciente de que la concesionaria de los menús, por una vez, había cobrado el precio justo que realmente merece su comida.

Se me presentó otra figura invertida a la tarde, cuando fui a entrar en el Eroski cercano a mi casa, y encontré, después de mucho tiempo sin verla, a mi cajera favorita del otro lado del pasillo, vestida de calle y haciendo la compra. Ella salía y yo entraba por otra puerta. La cosa quedó ahí, no era cosa de hablarle en plan: "Tú no sabes quién soy, pero has pasado mi compra por la cinta corredera dos o tres veces y no me has resultado indiferente...".

MARTES DE CONTINUISMO

En medio de esta corriente de relevos de poder y crisis institucionales en las altas esferas políticas, sin embargo las pequeñas comunidades apuestan por un continuismo que me afecta muy de cerca. Sí, amigos lectores, pueden felicitarme: con un gasto de 0 euros en campaña, sin la intermediación de publicidad, crowfunding, sin siquiera presentarme a las elecciones e incluso absteniéndome de votar por mí mismo, ayer tarde fui reelegido presidente de mi comunidad de vecinos. Glorioso final para un día en que empecé haciendo de portero en una figuración sin texto para un sketch en cuyo guión había previamente participado.

MIÉRCOLES DE SINCRONÍA

Hoy miércoles, a una hora más temprana de la acostumbrada, llego al patatal en que aparcamos y mientras me demoro en apagar la radio, subir las ventanillas y coger el parasol para el cristal delantero, aparca a mi lado, en batería y sin maniobras, una espía rusa a quien nos gusta espiar en el trabajo. Viene sin gafas y con mucha prisa, y por celebrar la sincronía con un paseo hasta el trabajo, abandono mi intención de poner el parasol y salgo del coche inmediatamente. Ella me ha saludado, y da la réplica a mi conversación ocho metros por delante, así que me pongo en modo "marcha atlética" y, con la lengua fuera, consigo ponerme en paralelo con ella. Lleva diez minutos de retraso, pero está a años luz de educación de mucha gente, pues controla su nerviosismo para esperar a que yo también pase mi tarjeta después de ella por el torno. Breve encuentro: unos metros más allá, entramos por la puerta principal de la tele de todos, y nuestros caminos se separan. 

¿Para siempre? No me sean noveleros. Por una vez he salido a comer, y a la vuelta, como una especie de fractal de los sucesos, se repite en pequeño la coincidencia. En esta ocasión, está en el rellano exterior de la puerta principal hablando por teléfono. Una llamada que corta pronto para poder cruzar cuatro palabras conmigo. En esta ocasión soy yo quien lleva una prisa imprecisa. No es que tenga que estar a una hora; ni siquiera sé qué hora es exactamente, pero es como si me hubiera tomado demasiado tiempo para comer. Entiéndelo, Natascha.

(Aclaro, por cierto, que lo de espía rusa es tan solo una profesión literaria que hemos atribuido de común acuerdo mi compañero de fatigas, el gran Amalio Rodríguez, y yo a una intrigante mujer que a veces nos encontramos por los pasillos de la que está siendo por unos pocos meses nuestra casa).

Más magia y sincronicidad cuando, al hilo de una pequeña trabazón de lengua de nuestro eficientísimo ayudante de producción Óscar, Amalio y yo, sin previa comunicación, coincidimos en hacer el mismo chiste en dos redes sociales diferentes. ¿El mismo exactamente? Bueno, exactamente, exactamente no. No con las mismas palabras, pero el mismo chiste.

Será que a los guionistas, cuando pasamos mucho tiempo juntos, se nos sincronizan los chistes.



sábado, mayo 24, 2014

ALEGRÍA

Como decía mi admirado Agui (www.malajesolo.com), "Voy a contar una cosa antes de que se me olvide".

Acabo de venir de la presentación del libro de viñetas "Los lunes me odian", de Laura Santolaya, a la que había sido convocado por la asociación cultural Guindostán hacía quince días y cuya página web www.p8ladas.com esta mañana me ha recomendado mi jefe sin saber que yo sabía. Me divierte muchísimo este juego de llegar al mismo punto desde caminos distintos que me está sucediendo últimamente casi a diario. Ni me ha extrañado que la guapísima fotógrafa de la fiesta fueran en realidad dos gemelas, y que una de ellas esté trabajando ahora para el Mago More, con quien coincidí hará unos doce o trece años en el programa de chistes "Esto no es serio" (título que yo mismo presté de mi primer libro, de otros catorce años antes, y que había sido prologado, curiosamente, por el mismo jefe con el que hoy trabajo y que me ha recomendado a Laura). Y, por cierto, acabo de darme cuenta, en aquel programa también participaba el mismísimo Malaje Solo, a quien he hecho referencia al inicio de este post. Sí, yo también me estoy mareando.

Y lo bueno del caso es que no era esa la cosa que quería contar. Si lo he mencionado es porque, precisamente, conocer a una humorista gráfica me ha recordado la nota que desde hace un par de días estoy queriendo escribir. Quiero hablar, antes de que se me olvide, de alegría. Estoy muy contento. ¿Porque tengo trabajo? Sí, pero no es por eso. ¿Porque lo que pase en Lisboa se quedará en Madrid? Felicito al publicista, pero no me va la vida en ello. ¿Porque el domingo es la fiesta de la democracia? No digo nada, que estamos en jornada de reflexión. Si estoy contento es porque ha sido reconocido un genio: Quino.

Que concedan el Premio Príncipe de Asturias a Quino es, sin lugar a dudas, la mejor noticia que he recibido esta semana. Para mí supone un reconocimiento al humor como signo de inteligencia y de cultura; a la viñeta como forma de arte; a los chistes, como expresión poética y filosófica. Yo admiro a Quino por todas esas cosas; por la humanidad que se desprende de sus personajes y situaciones, por la serena reflexión que encierra su línea clara y precisa; por sus personajes conocidos y por sus anónimos. Y no es una alegría sensiblera que entronque con recuerdos de mi vida, de una niñez feliz pegada a las tiras de Mafalda. No recuerdo haberla leído de niño; de hecho, cuándo leí el primer chiste de Quino, si tenía texto o era mudo, si era de Mafalda o de otra gente. Lo que sí sé es que todos han sido siempre luminosos. Trascendentes o triviales, tristes o alegres, serios o divertidos, todos sus chistes tienen algo de aforismo, de sabiduría y, más allá de la aparente, de belleza y sutileza. De amor y de arte.

Les parecerá una tontería, pero cuando premian a una persona que admiro me parece que de alguna forma me premiaran a mí, un poco porque lo siento mío, como si lo hubiera descubierto yo. Es como si, silenciosamente y sin saberlo, hubiera estado apostando por él desde hace años y que, de pronto, alguien me dijera: "tienes razón". También me parece que, en ese premio, se reconoce a todos los dibujantes y a todos los humoristas, al Roto, a Forges, a Laura también, a Les Luthiers, y a la Argentina entera. Me entran ganas de felicitar a todos ellos y darles las gracias por Quino, su compañero, su hermano, su hijo... nuestro padre, tío, abuelo, amigo.

Felicidades, Quino; muchas gracias, Quino.


domingo, mayo 04, 2014

INSPIRADORA PUBLICIDAD

SOBRE DESIGUALDAD Y CHULERÍA

A veces la publicidad, seguramente de forma involuntaria, tiene hallazgos realmente inspiradores: eslóganes pensados para promocionar el lado más superficial y frívolo de la vida, de pronto, nos hacen topar con otro aspecto de la realidad. No parece que haya nada malo en desmarcarse, distinguirse en la manera de vestir, que no toda la ropa sea igual, como de uniforme. Asimismo, qué mejor que ser optimista, ver el lado bueno de la vida, disfrutarla a tope. Desde que "El club de los poetas muertos" descubrió el "carpe diem" para el gran público, el hedonismo parece haber ganado solidez moral. ¡Si ya lo decían los sabios latinos!

En fin, a lo que voy. Que sí, que la vida puede ser chula, que la ropa de algunas marcas es muy vistosa, y más vestida por chicas atractivas y despreocupadas, pero con la galopante desaparición de la clase media, de pronto choca vincular con el optimismo nada que recuerde a la desigualdad, aunque sólo sea en el nombre.

Y ahora, el chiste, en www.lapizdequintintas.blogspot.com



sábado, abril 19, 2014

NATURAL

El dibujo, lejos de alejarme de las letras, me ha vuelto más filólogo, de modo que sigo con matices de Matiz. Voy, en concreto al naturalismo de las clases con modelo, que por aquí y por allá he visto definidas indistintamente como "al natural" y "del natural", lo que me tiene loco. Queriendo concretar más, quizá la clave está en el objeto (o sujeto) sobre el que se pone el foco, de modo que puede haber una clase de "modelo al natural" y otra de "apuntes del natural" y que ambas consistan en una misma cosa, con la diferencia de que los apuntes del natural pueden ser de un modelo humano, animal, vegetal o mineral. Me queda la duda de si podría considerarse un apunte del natural la copia de un sobre de sopa Knorr (las latas Campbell sólo las he visto en pintura y, por lo que a mí respecta, bien podrían ser una invención de Warhol). En cuanto al modelaje "al natural", daría la sensación de que se trata de un discreto eufemismo para velar un término más obvio y directo - desnudo - cuya sola idea y formulación de alguna forma nos agita (en especial a los aficionados). No en vano los nudistas profesionales adoptan la etiqueta de "naturistas", seguramente porque les parece natural andar con toda su naturaleza al aire.

Pero es tanta la amplitud semántica del término natural que, de alguna manera, siempre da lugar a equívocos. Por ejemplo: ¿entraría en la categoría de "natural" este posado?


Esforzado lo fue, pobrecito mío, claro que sí, y todos lo apreciamos y se lo agradecimos, pero por más desnudo que estuviera, la postura no entraba en el repertorio habitual de nadie que yo conozca (y espero que tampoco del propio modelo), lo que iría en contra de varias de las acepciones de la palabra "natural", pues no lo es en el sentido de "serle propio a alguien, pertenecer a su naturaleza o forma de ser" ni tampoco en el de "habitual, regular, esperable".

Con las mismas (o, mejor dicho, con las contrarias), cabría preguntarse si los modelos improvisados que posan para Dibujo Madrid (www.dibujomadrid.wordpress.com) en el Retiro lo hacen "al natural" o si el hecho de que no se quiten la ropa los convierte en artificiales. Y en ese caso, ¿nuestros apuntes lo serían "del natural" o "del textil"? Nótese, por otro lado, que, puestos a relacionarnos con la naturaleza, el parque del Retiro es más natural que el local de la Guindalera, y que, por más que pueda uno aficionarse a la trementina y sentir alergia al polen, lo natural es lo segundo, y lo primero, ¡vicio! (¿os podéis creer que ahora mismo estoy buscando si tengo un frasco de aguarrás en algún rincón). 


La verdad es que cualquiera que viera a la chica recordará que se comportó de forma absolutamente natural (en el sentido de espontáneo), sin parar de hablar ni de moverse. Y al mismo tiempo, ese comportamiento tan espontáneo no nos resultó natural a ninguno (en ese otro sentido de "normal, regular, habitual"). 

Resumamos lo que hemos hablado sobre la naturaleza de lo natural. ¿Qué es natural? Por definición, es lo perteneciente a la naturaleza, de modo que un espacio natural puede ser un  pedazo de naturaleza no contaminado por la mano del hombre, pero también es aquello conforme a la propiedad de las cosas, así que también lo sería un entorno humano en el que todos se comportaran de acuerdo a sus respectivas naturalezas o formas de ser. Aunque mucho me temo que el segundo caso acabaría naturalmente en catástrofe. Catástrofe natural, claro.

O no tanto, porque, en otra acepción, "natural" es aquello que sucede comúnmente, y en este sentido, dejarnos llevar por nuestras salvajes naturalezas no es estrictamente lo más natural del mundo. Al menos, para los "naturales" (en el sentido de "nacidos en un lugar") del mundo civilizado. Visto así, es más "natural" un modelo vestido que uno desnudo, por más que el segundo tenga más relación con la naturaleza. Y por ello mismo, nos atrevemos a aconsejar a los amigos que "sean naturales" cuando los padres de su novia los inviten a comer por primera vez, confiando en que nos entiendan bien y demuestren su naturalidad- su espontaneidad, su forma natural de ser -,  como es natural - o sea, como suelen - , de forma que, intimidados por un hombre mayor de gesto adusto sobreprotector de su niñita, se pasen la comida callados mirándose los cordones de los zapatos. Corremos, no obstante, el riesgo de que nos malinterpreten y entiendan por naturalidad el presentarse en pelotas en casa de los suegros (admitámoslo, en algún lugar de nuestra turbia naturaleza, deseamos que alguien alguna vez escenifique el equívoco).

Pero, sea por lo que sea, la connotación de "natural" es positiva, aunque su aplicación sea, por lo natural, bastante redundante. ¿No les choca que exista el "zumo de naranja natural", como si pudiera haber un zumo artificial? El caso es que lo hay, pero probablemente no es que no sea natural, sino que no es zumo de naranja. Y aunque no lo encuentro en el diccionario, juraría haber escuchado la aplicación de "natural" a la temperatura de un vaso de agua (me confirman que es un uso natural de la zona de Cataluña. "Natural" como equivalente a "del tiempo" y "del tiempo" como equivalente a "templada". Ni fría del frigorífico ni pasada por un calentador. O sea, que natural es en invierno en fría y en verano caliente y, por alguna razón, en ambos casos eso es igualmente sano. Y si lo natural es el desnudo, y éste es integral, más sano todavía. Claro, porque lo integral, lo orgánico, lo ecológico, lo biológico y, en definitiva, lo "natural" siempre es sano (aunque los microbios y las infecciones estén también en la naturaleza). 

Y ahora que me detengo un momento, me pregunto: ¿es natural darle tantas vueltas a una palabra? Y todo a partir de una duda preposicional entre modelos al natural o del natural. Sea como sea, seguiré yendo con la misma naturalidad textil a las sesiones del taller Matiz (Pilar de Zaragoza, 58, www.tallerdeartematiz.com) a practicar el natural artificio del dibujo.