lunes, mayo 27, 2013

I DO LIKE MONDAYS (¿SE DICE ASÍ?)

Tras varios meses de esfuerzo, en que he cambiado el yogur griego por uno desnatado y he comido sardinas cada dos días para bajar el colesterol, hoy me han confirmado que he conseguido mi propósito: tenía 224 y ahora tengo 222. Pero no lo he conseguido, porque sigue alto. Pero no importa, porque no soy fumador. Y el caso es que 224 tampoco importaba. Vamos, que he hecho dieta para nada. A lo mejor los médicos tienen orden de ponernos instrucciones a los parados para mantenernos entretenidos.

Luego, en la Juan March, concierto. Algo bastante pintoresco: un enjambre de saxofones. Sí, lo de enjambre es traducción libre de "ensamble", pero siendo un instrumento zumbón creo que le viene bien. Saxofones, saxofones y saxofones, de todos los tipos y tamaños. Saxofonazos que llegan al suelo y se tocan sentados, y saxofonitos que no parecen saxofones porque no dan esa vuelta de Jota tan característica del instrumento y se quedan en una mera i latina gorda, como un clarinete dorado o un enorme matasuegras venido a más, a mucho más. He llegado a contar hasta quince saxofones. Sin duda ha sido el espectáculo más saxual que he llegado a ver en mi vida.
 
Las piezas han sido todas adaptaciones, nadie compone para una orquesta de saxofones, y resultaba ínteresante ver obras para órgano desdobladas en una multiplicidad de instrumentos de tonos diferentes. De tonos musicales, porque de color todos eran iguales. ¿Se habían preguntado alguna vez para qué quieren el oro todos esos que lo compran?¡Para hacer saxofones! Chistes aparte, no sé de qué metal se fabrican y por qué, si son de latón, de plata, aluminio o acero inoxidable ni si el dorado es natural o es un baño de lujo y para qué.
 
Sí ha habido una pieza escrita para saxofones, de un joven compositor, que además ha dirigido su obra. El nombre prometía: Espectra-Rítmica. Me ha pasado como a Septiembre aquel personaje de "El destino se llama Clotilde" (de Giovanni Guareschi, el creador de Don Camilo), que no sabía si las cosas le habían gustado hasta que se lo preguntaba a su padre.
 
"...Septiembre describió también algunas chicas con las cuales había paseado, describió espectáculos de teatro, de cine, excursiones, baños calientes.
- Te has divertido - le decía de cuando en cuando el padre. No valía la pena, era una ópera pésima. En ese concierto te has aburrido mortalmente".
 
Igualmente yo no he sabido valorar si el hecho de hacer sonar una orquesta como una psicofonía de Cuarto Milenio era excentricismo o genialidad, ni me ha gustado ni me ha disgustado, me ha interesado, me ha resultado agradable por momentos y al instante también incómodo y absurdo. De modo que he aparcado mi valoración, a ver si ustedes me podían decir algo.
 
Sí he terminado entusiasmado con una alegre obertura de Berstein al final, al término de la cual, mientras algunos asistentes se levantaban porque se había hecho más tarde que de costumbre, los aplausos se han extendido porque eran muchos los artistas que se los tenían que repartir y porque, también hay que decirlo, no se movían del escenario. El director sí se ha ido, ha contado tres, y ha vuelto con un bis. "Un pasodoble", ha dicho. "Imposible", dirán ustedes. Lo ha dicho. Y lo han tocado. Y con el pasodoble me han tocado también las narices, porque el pasodoble sólo tiene sentido en una plaza de toros o una verbena, lugares adonde yo, sabiendo que hay bandas que matan a los toros y otras que tocan pasodobles, no voy nunca. Pero me he quedado. Las cosas hay que hacerlas hasta el final.
 
Y ello ha tenido también su recompensa,  porque al salir, por las escaleras, he escuchado a una mujer mayor, con más sorna que vehemencia, y con seguridad de entendida, que ha sintetizado su crítica a Espectra en una frase: "Si el que lo ha compuesto no se la sabía de memoria, que ha tenido que seguir la partitura, es que no hay quien la entienda". Y en esa frase sin valoraciones, me ha parecido entender que no le había gustado. Así que igual me quedo yo también con eso, que si no no voy a poder dormir con la duda de si la experiencia elevó mi espíritu o me irritó.

¡Y no han sido los únicos metales de hoy! De pronto, en Saber y Ganar se les ocurre hacer una prueba (Última llamada) de relacionar unos cortes de audio con la obra musical a la corresponden. Todos ellos ¡de trompetas! No es que sea inquietante, pero es una casualidad digna de atención, ¿no?
 
Lo que sí sé que no me gusta es limpiar. Sobre todo porque no sé si lo hago bien, si utilizo el producto adecuado con la herramienta indicada y lo aplico de la forma correcta. Me lleva mucho tiempo y no me queda bien del todo. Podría decir lo mismo de muchos de mis dibujos, pero me divierten más. No obstante, me estaba haciendo consciente de que no podía prolongar por más tiempo mi desorden, el caos no aguantaba más esta situación, quería ya un compromismo de mi parte: o tenemos un síndrome de Diógenes o rompemos. Y hemos roto. Hoy he hecho limpieza.
 
Lo divertido es que he tenido que fingir que quería vender mi casa para obligarme a hacerlo. Una agente de captación ha quedado en venir por la tarde, y la vergüenza de que viera mi casa en semejante estado ha hecho de catalizador para movilizar todas mis dotes de limpiador. Claro, que al verla un poco más limpia y ordenada, me han dado ganas de quedarme a vivir aquí siempre.
 
Tampoco ahora se hagan una mala idea de mí. Yo limpio con frecuencia. Cada vez que veo pelusas, cojo la escoba y barro el lugar, e incluso a veces me extiendo por otras zonas. Y no pasan nunca más de dos días sin que el montón de pelusa vaya a la basura. Y sin embargo, a pesar de mis esfuerzos, la fregona ha vuelto negros como cinco cubos de agua. No ha sido una limpieza exigente ni muy general, pero trataré de no manchar mucho, y espero que el nuevo orden pueda aguantar el verano. Ya les tendré al corriente.
 
El día ha dado mucho más de sí, no se crean, porque saltándome las órdenes de la policía macrobiótica, me he hecho un plato solanáceo de patatas, pimientos y chapiñones que me ha quedado francamente bueno, y luego en Matiz (Pilar de Zaragoza, 58 - publicidad subliminal) he dibujado a un hombre desnudo de un solo trazo y sin escandalizarme. A ver si localizo a la señora de la Fundación Juan March y le pregunto si me ha gustado. Yo creo que sí, pero no cuenten con que en Lápiz de Quintintas (www.lapizdequintintas.blogspot.com) abra una nueva sección con "El chico del lunes", que todo tiene un límite.
 
Y como soy así de chulo, voy a publicarlo sin revisar.

viernes, mayo 24, 2013

LO QUE DA DE SÍ UN DÍA

NO SÉ
 
Eso dije: No sé. No supe qué contestar ante una pregunta tan sencilla, y no es que me haya vuelto tonto, que también puede ser, sino más bien que me entontece la vida. ¿Y qué pregunta fue esa, que dices tan fácil pero tan difícil? Una que me hizo una conocida. Mía y de todos ustedes, porque es famosa. ¿Conoces a famosos? Sí, conozco a famosos, ¿no ves que he trabajado en la tele? Y así llegamos a la pregunta que me hizo esta rubia espectacular de ojos azules: ¿Sigues en tele? Y allí me quedé en blanco. ¿Sí? La verdad es que en ningún momento he decidido nada en contra, o sea que sí, pero lo cierto es que ahora mismo no estoy trabajando en la tele, o sea que no. A lo mejor no sigo y no me he enterado. O a lo mejor seguir o no seguir es sólo una cuestión de sentimiento. En cuyo caso, ¿sigo en la tele? No sé.
 
¡PRINGAO!
 
Esto fue el lunes, cuando volvía a casa de paseo. Hacienda me había dado cita para hacerme la declaración de la renta en una oficina situada en el barrio más noble de Madrid. Y al salir, después de que la gestora asignada me confirmara que sí, que después de pasarme medio año en paro, aún me tocaba pagar, sentí en mi cogote las miradas divertidas de los ricos residentes del barrio observándome con prismáticos desde sus balcones, terrazas y áticos, que se reían calladamente mientras pensaban para sí: ¡Ahí va otro pringado! Y lo cierto es que coincido con ellos.
 
LA MEJOR TARTA DE CHOCOLATE DEL MUNDO
 
Quise luego aprovechar la mañana, pero los museos se habían confabulado para cerrar en lunes o abrir dos horas más tarde, así que escapé del lugar caminando, ahorrándome el metro sólo por fastidiar. Y por descubrir lugares nuevos, como La Mejor Tarta de Chocolate del Mundo. Se llama así la tienda, y con ese nombre dan ganas de probarla. O Melhor Bolo de Chocolate do Mondo nació en Lisboa hace 20 años, está en Brasil y Estados Unidos, y finalmente ha llegado a Madrid y Sevilla. ¿Ven por qué es interesante hacer un AVE Lisboa-Madrid?
 
La verdad es que la estrategia empresarial es clara: la especialización. "Sólo hacemos una cosa, y en eso somos los mejores del mundo". Y al tratarse de algo tan subjetivo como el sentido del gusto, no es desmentible. Lo cierto es que dedicándose sólo a hacer una tarta de chocolate, el nombre del negocio tenía que tener pegada. No hubieran llegado muy lejos con "Una tarta de chocolate que no está mal".
 
La monopastelería ni siquiera da a la calle: hay que cruzar un patio de una vivienda para llegar, lo que, aunque parece malo, puede ser hasta bueno, porque uno llega con un nosequé de aventurero que ha descubierto un secreto y alcanzado un lugar mágico semiclandestino. Eché un falta que me pidieran un santo y seña, pero igualmente yo no les pedí ninguna tarta, sólo información. Me llevé una tarjetita muy chic. Hela aquí:



 
 
LA TARJETA POP
 
Y la tarjetita chic me hace recordar una tarjetita pop que recogí hace semanas en la ventanilla de mi coche, y que anunciaba otro negocio diferente con otra gran estrategia de marketing. Sobre un fondo de color rosa díez, una foto que parece un dibujo de una joven sonriente que parece estar pasándoselo bien. Tiene una melena yeyé, y al primer golpe de vista uno diría que está bailando. En la esquina superior izquierda hay un círculo en color verde oscuro que encierra a otro círculo excéntrico más pequeño en un tono de verde diferente, ácido, y sobre este fondo circular se inserta, en blanco, con el borde remarcado en rojo, un precio: desde 30 euros.
 
Todo sugiere juventud y diversión, y me lleva a pensar en un nuevo bar de copas, un poco caro para mi gusto, o una tienda de ropa de reciente implantación que ha renunciado a competir con los chinos. Y sin embargo, la actividad comercial anunciada no tiene nada que ver con todo esto. Pero hay que fijarse. Hay que fijarse en que la chica de la foto tiene los hombros descubiertos. Y los brazos. Y el ombligo y las piernas. Y que cuando te anima a venir a "pasarlo fenomenal con nosotras", que son cuatro chicas jóvenes, guapas, viciosas y marchosas, uno no quiere ser mal pensado, pero tampoco puede evitar pensar que tal vez de trate de un aviso encubierto de prostitución.
 
El anuncio es bueno, porque no es como esas fotocopias en blanco y negro, que son todas iguales, y que lo mismo valen para una chica de 23 años que recibe sola como para una señora rumana seria que limpia casas y cuida ancianos. Este anuncio es casi una tarjeta de visita: mayor gramaje, colores vistosos, papel satinado... Vamos, que dan ganas de ir sólo para felicitar al diseñador gráfico.
 
Ya les veo venir: están ustedes pensando que si tardé unos segundos en darme cuenta de la actividad real que anunciaba la tarjeta, eso significa que la comunicación no es buena, porque es ambigua. No les falta razón, pero no la tienen. Parece paradójico, y un poco lo es (quizá es una paradoja buscada, para hacer más excitante el descubrimiento). Resulta que la tarjeta tiene una vuelta, con una clara invitación: "Presentando esta tarjeta, te invitamos a una copa". Vuelve la idea del bar. Y más abajo, una memoria de calidades: Vídeos. Aire Acondicionado... ¿Es una promoción inmobiliaria? 24 horas. Todos los días. La zona y un teléfono. Yo ahora me inclinaría más por un negocio hotelero, sino fuera porque hay un dibujo de la silueta de una chica en ropa interior acentuando simultáneamente las redondeces traseras y delanteras de su culo y de su pecho. Y uno puede ser ingenuo, pero no tanto, que cuando unas letras en color verde te remiten a la página web putitasenmadrid, eso sólo puede significar una cosa: que al creador de la web no le llegaba suficiente sangre a la cabeza para inventarse un nombre más disimulado y sugerente. Y que la chicas joven de la cara A y sus 3 amigas jóvenes, guapas, viciosas y marchosas de la cara A de la tarjeta van a lo que van.

Bien mirada la tarjeta, igual no es tan equívoca (censuro los datos de contacto para que no me acusen de ciberproxeneta).


 
 


BARBA GRATIS
 
Y a lo que iba yo era a mi casa, que estaba hablando del lunes y esto era un inciso. Fue entonces cuando me encontré con ella, la rubia famosa de ojos azules que trabaja en la tele, y yo... no lo sé. En realidad, no nos conocimos en la tele, sino en un cumpleaños de un compañero, que era primo suyo, y a quien ella recordó. A él sí lo conocí en la tele, pero ha dejado el medio, claramente, y también el país, porque es un emprendedor. Ella, cuyo nombre de Tania no les diré para no dar envidia, me dijo que había renovado contrato con Telecinco, y que mientras tanto estaba haciendo un curso de barbería. Como se lo cuento. Vamos, que si estaba haciendo el curso de barbería... ¡es que lo estaba haciendo allí mismo! A su lado, un hombre grande a quien recuerdo con poco pelo y sin barba, le susurró algo, y ella me lo transmitió ipso facto. ¡Claro! ¡Que cuando quieras te arreglan gratis la barba! Y si viviendo en el mundo que vivimos, el ofrecimiento no me llegó más al alma, es porque soy un hombre de corazón frío y barba descuidada. No se me entienda mal, me encanta todo lo gratis, pero es que... realmente... un arreglo profesional de barba es la última de mis necesidades, teniendo como tengo una maquinilla de pelo en casa que me paso al 3, y unas tijeras como plan B.
 
En aquel momento me sentí observado por varios ángulos, giré la cabeza y vi que no era paranoia, que había más chicos, no sé si alumnos o profesores de la escuela, que me miraban con curiosidad. Me pareció leer en sus miradas que no entendían cómo podía estar hablando la glamourosa presentadora con un hombre de edad, de poco pelo, despeinado, y con la barba sin arreglar. Y yo vi las suyas tan perfectamente recortadas que parecían pintadas con un corcho quemado, y me pareció que yo no quiero eso para mí, así que terminé mi conversación con la rubia Llasera y reemprendí mi marcha.
 
JUBILADO SIN PERRO
 
Me dio tiempo incluso de acudir al concierto de mediodía de la fundación Juan March, como un jubilado sin perro más, a comparar el discreto olor a viejo de la sala con el más intenso que recordaba de la iglesia de mi pueblo. Tampoco aseguraría yo que no aportara nada por mi parte, porque en estos días de frío y sol en que me quedo tieso en casa, cuando salgo a la calle me abrigo como para atravesar el Ártico, y luego el caminar a buen paso me hace transpirar.  ¡Y así acalorado y sudoroso había mantenido mi anterior conversación! Qué desastre. Y no he hablado del pelo, despeinado y con autobisoñé. Pero eso había quedado atrás.
 
Ahora, sentado en un butacón de la última fila, sólo tenía que disfrutar del concierto, y eso me dispuse a hacer. Leí el programa y sonreí imaginando el sonido de motor que haría el trío Attenelle con su violín, violonchelo y piano, cuando atacaran la segunda pieza, de Grieg, Andante con moto.

 
 
Como ven, en esta vida el que no se divierte es porque no quiere. O porque le han dicho que le van a desahuciar.
 

martes, mayo 21, 2013

SIETE MÉDICOS PARA UN APRENSIVO

Hace unos meses visité por primera vez a mi médico de la Seguridad Social, por ver qué era eso antes de que nos lo quitaran. Me mandó unos análisis, me dio el colesterol alto, me dijo que hiciera dieta y que me repitiera los análisis a los tres meses. A los tres meses he vuelto, y el médico no estaba. Se había jubilado. ¡Enhorabuena!
 
Me mandaron a la consulta 13. Después de esperar media hora y ver pasar a los que habían llegado ants que yo y a un par de después, el médico me preguntó si le esperaba a él, le dije que sí, y me contó que seguramente me correspondía otra consulta de la planta, que siempre se equivocaban. Consultó en su ordenador, y tampoco. Mi consulta era abajo, que entrara directamente, que me estaban esperando. Así hice. Toqué la puerta, abrí, la doctora hablaba por teléfono y me pidió que esperara. Al rato, un buen rato, colgó, me hizo entrar, deshicimos el entuerto, me recetó los análisis y, cuando le pregunté su nombre para pedir la cita otro día, no me lo dio, porque sólo estaba de paso, supliendo al titular (cuyo nombre ya ni pedí, por no enredar).
 
Y pese a todo, no es a este baile de médicos a lo que me quiero referir con el curioso título que encabeza este artículo, sino al no menos curioso caso de desdoblamiento múltiple de personalidades de mis médicos. Sí, señores, porque mi primer médico, de apellido Aniceto, que también es nombre propio, tenía además nombre compuesto: Julio María. O sea, tres nombre: Julio, María, Aniceto... y Romo, para romper la secuencia. Me hubiera encantado verlo en otro entorno, contando chistes, para poderle hacer uno yo: ¡Muy agudo, Romo! (Este chiste será entendido por las generaciones venideras que se acojan a la nueva ley de educación).
 
Pero para más Inri, el nuevo médico que me corresponde, que es, por cierto, el de la consulta 13 que se quiso deshacer de mí la semana pasada, también es de nombre doble, Juan Ignacio, y de apellido dos veces nominativo, San Vicente y Domingo. ¡Toma castaña! ¡Cuatro nombres propios, y uno de ellos canonizado! Mejor imposible: Si los doctores Juan, Ignacio y Domingo no llegan a acertar, ya obrará el milagro San Vicente. Empezamos con mal pie, pero no puedo estar en mejores manos.
 
De modo que, después de pasarme toda una vida como paciente autodidacta, sin pisar la consultas patrias, en apenas tres meses encuentro dos médicos de familia, un carrusel de doctores, y una lista de siete nombres de galeno para atenderme. Pues menos mal que soy paciente sencillo, de pocas dolencias, fácil diagnóstico y buen conformar, que si me da por hacerme el impertinente y empezar a pedir una segunda opinión, me llevo siete.
 
Y digo yo: Cuando privaticen la gestión... ¿le harán recortarse el nombre?

viernes, mayo 17, 2013

BREVES PERO INTENSOS

AUTOIMPACIENCIA
 
Entro en la página de columna de juguete para ver si he escrito algo últimamente, veo que no y me decepciono. Por lo menos en San Isidro, los ángeles podían haberme hecho el trabajo, como cuenta la leyenda que le hicieron al santo patrón.
 
En estos días de diálogo y confrontación entre sindicatos y patronales, me parece cuanto menos curiosa la historia. Un día Isidro el labrador, a quien todavía no habían canonizado, dejó el campo sin trabajar por ir a misa (¿dónde estaba en aquellos días, el mandato de "Primero la obligación y después la devoción"). Por milagro, cuando volvió todo estaba hecho. Como él era católico, no habían sido los duendes, sino los ángeles, pero el resumen es claro: un trabajador deja de trabajar y se convierte en patrón. Santo Patrón, pero patrón al fin y al cabo.
 
Por cierto, los chicos que se aprendan esta historia, que a partir del año que viene les entra en selectividad.

INFIDELIDAD

¿Se puede ser infiel a una frutería? Yo tenía ese sentimiento de culpabilidad, que casi era más una sensación, y liviana, cuando hace años compraba en el súper una bandeja de champiñón laminado o unas manzanas, por ahorrarme el tiempo de visitar otra tienda. 
 
Y sin embargo ahora, con total desvergüenza, me he aficionado a la frutería ecológica, y mi frutería de siempre (bueno, de los últimos catorce años, tampoco exageremos) se ha convertido en "la otra". No creo que lo sepan, pero algo deben de intuirse. Las cosas no están bien entre nosotros. ¡Hasta me reprendieron un día por palpar un aguacate! Como si no supiera yo tocar la fruta, y como si no me hubieran dado alguna vez sin querer uno de esos que tienen un lado pocho.
 
Todo pasa, nada permanece.
 
Sobre todo, los aguacates.
 
NÚMEROS: 11,11
 
Y ya que hablamos de fruterías, el otro día conseguí el premio especial al precio redondo, un premio honorífico sin dotación económica ni reconocimiento público, pero que llena de satisfacción a quien lo consigue. Dejar tu coche aparcado cuando el cuentakilómetros marca 50.000 kilómetros exactos, por ejemplo (hace más de veinte años que no tengo un coche con menos de esos kilómetros, por cierto). Pues en la frutería, la "otra" que ahora es la "una", después de que me hicieran un descuento de un 5% sobre el valor de mis diez últimas compras, cuadré un ticket en once con once: once euros con once céntimos, que así escrito con letra no dice nada, pero en número hay que verlo: 11,11. ¿Quiere eso decir algo? Quizá debí comprar un cupón de la once. Se me acaba de ocurrir. ¿Ya es tarde?
 
La otra noche, por cierto, escuché a un vidente de la tele dar números concretos de lotería a las personas para que compraran porque les iba a tocar. Me apunté uno. Luego me pareció entenderle que sabía el número pero no el día en que saldría ganador. Ni tampoco el sorteo: ¿Lotería nacional, ONCE? ¿Y qué se supone que hay que hacer? ¿Ir a una administración y pedir un décimo de ese número para quince días, un mes, mes y medio...? ¿Cuánto tiempo debes esperar sin que toque para dejar de comprarlo? Una señora le llamó enfadada porque hacía varias semanas que le había dicho que iba a entrar dinero en su casa, y no había ni llamado al telefonillo. El vidente le dijo que eso no era inmediato, echó unas cartas y dijo que le llegaría en octubre o así. Sí, claramente estaba "ganando tiempo", pero nuestro Gobierno no se atreve ni con octubre. Hasta el 2015 no bajará el paro, dice. O sea, que no les molestemos con el temita hasta dentro de año y medio. Para eso prefiero a Sandro Rey, que por lo menos es más optimista. Le podríamos hacer Presidente del Gobierno, y nos convertiríamos en una monarquía con dos reyes: uno en la Zarzuela y otro en la Moncloa.
 
UNA HIPÓTESIS
 
La cajera pizpireta esta tarde volvía a estar en el Eroski, y me he pasado por su caja. Dado que ella está quieta y no se puede mover, y yo tengo la facultad de elegir por qué caja pagar, se me ocurre una hipótesis. ¿No seré yo quien la busca a ella y no al revés? No es probable, ya lo sé, pero tiene sentido.
 
Hoy estaba menos joven. Se le ha puesto un poco de voz de señora mayor en una frase. No toda la frase, como a picos, cada seis u ocho sílabas. No sé explicar qué era: un gangueo, un resabio, qué sé yo; sin duda se está contagiando por el entorno. Qué lástima de erosión.
 
El cliente inmediato anterior a mí ha visto que su antecesor se dejaba un envase de queso de untar y le ha llamado. El comprador olvidadizo ha vuelto y se lo ha llevado, y Rocío (casi se me olvida el nombre, ¡qué ligero es el recuerdo!) ha dicho que las cosas ¿chiquitinas?, ¿chiquitajas?, ¿chiquitujas?, algo así, se olvidan con facilidad. ¿Como a mí su nombre? Se me ha hecho de señora mayor el adjetivo. ¡Que alguien le ponga en una recepción de hotel, de guía turístico o algo antes de que se eche a perder!
 
MÁS NÚMEROS: 66
 
Es mi peso. Llevo desde el año 2000 queriendo engordar, superar la barrera de los 62 kilos a los que apenas alcanzaba a llegar ocasionalmente, mientras me movía con frecuencia por los 60 y bajando: 59, 58... Desde hace unos meses ya me he instalado por encima de los 65. 67 a veces, incluso, pero diría que mi peso más habitual es 66.
 
Si encuentro que estoy en 66 dos tercios de las veces en que me peso, y en 67 el otro tercio,  el promedio resultante sería que mi peso medio es de 66,6. ¡El peso del diablo! ¿No les da miedo? Es posible que últimamente sea peor persona, lo que pasa es que como salgo poco a la calle no se me nota, pero he sido infiel a mi frutería, y estoy dibujando mujeres desnudas en mi otro blog. ¡Y confieso que disfruto! ¿Es posible que, mientras otros venden el alma al diablo yo simplemente le haya vendido mi cuerpo? Y al peso, además.
Es claramente otra hipótesis, quizá no tan descabellada como la anterior, pero sin mucho fundamento.
Al diablo le gusta disfrutar de la vida, y yo ya no estoy para muchos trotes. Empiezo a recordar una alegre cancioncilla que a veces cantaba mi padre, y que comenzaba "Me siento caduco, me miro al espejo, ya voy para viejo y estoy solterón", y me siento reflejado. Tengo a mi madre tratando de recordar el resto. Por internet no lo he encontrado, si a algún otro caduco, más caducado que yo, le suena la letra, por favor póngase en contacto conmigo.
 
Del pelo ni hablamos.
 
Y de trabajo, igual que de pelo.
 
¡VECINAS!
 
Cuando he vuelto esta tarde de la sala de torturas (Pilates nivel 0), he tomado el ascensor de mi casa. No suelo hacerlo, así hago ejercicio, pero venía cargado de la compra (me remito al parágrafo titulado "Una hipótesis"). Al pararse en mi piso, he oído follón, ruido de personas. Me he extrañado, vivo en un descansillo muy silencioso: a un lado, la nonagenaria doña Rosario, que sigue creyendo que yo no vivo en la casa, después yo mismo (que tampoco creo que doña Rosario viva en la suya), luego Juliana, y a la vuelta el piso vacío de aquel matrimonio que murieron. Permítanme la concordancia ad sensum, pero cada miembro murió a su hora. De hecho, por lo que sé, a un miembro le tuvieron que amputar un par de miembros (las piernas, por ser más exactos) por enfermedad. Lo digo por no perder el chiste, no por morbo, porque yo no llegué a verlo, cuando eso sucedió ya no vivían en la casa. En el tiempo que llevo en este edificio, el piso ha estado vacío casi siempre.
 
Y mira por dónde cuando salgo del ascensor, me encuentro con una mujer hablando hacia atrás con otras dos o tres: Treinta y pico, sesenta, veinte-treinta y una última quizá cuarentona. ¿Qué es todo esto? Por el tono de la conversación y porque han hablado de cifras, parece la típica visita de una agente inmobiliaria y sus clientes. Parecía que la primera, la que me ha abierto la puerta del ascensor porque quería entrar ella, era la profesional, pero la que ha hablado de los millones ha sido la última. ¿Podría entonces ser la visita de una joven acompañada de su madre, y guiada no por una sino por dos agentes inmobiliarios? Parece más razonable que pensar que se va a instalar una familia desestructurada de mujeres de distintas edades.
 
Mi casa es extero-reflexiva. El término me lo acabo de inventar: quiere decirse que tiene ventanas exteriores y otras que dan a un patio interior, por las que veo otras dependencias de mi propia casa. Sí se ven, claro, las ventanas correspondientes a las otras alturas de mi misma letra, pero no se distingue nada ni subiéndote a una escalera. Además, mi piso no tiene una sola pared colindante que el que se está vendiendo, de modo que por ese lado poco vamos a coincidir, y en las zonas comunes es improbable, porque lo cierto es que mis horarios coinciden más con la generación de los mayores, jubilados y prejubilados, que con sus hijos y los jóvenes alquilados de la comunidad.
 
Pero ¿qué quieren? Soy un consumista de novedades, y ver de pronto tanta vida en mi rellano me ha dado una alegría.

lunes, mayo 06, 2013

ACOSO

Años escribiendo un blog en un noventa por ciento sobre mis movidas personales para que el único personaje que despierte interés en mi público sea una cajera políglota y pizpireta que atiende en un Eroski center de mi barrio. En fin, por aclamación popular... y porque ha vuelto a entrar en la escena de mi vida, hablaré de ella.
 
No sé cómo decirlo. Me acosa. Eso es: me acosa. Lo he sabido decir. Pero me acosa sin agresividad, sin persecución, más poniéndose delante que yendo detrás de mí. ¡Haciéndose la encontradiza conmigo!

Tras descubrirla en el supermercado un día por la tarde, el pasado martes entré casualmente a comprar dos tonterías por la mañana. Adivinen quién estaba en una caja. Efectivamente: ella. Son ustedes unos linces. No sé cómo pudo saber que yo iría esa mañana a comprar ni cómo se las arregló para cambiarle el turno a alguien y coincidir conmigo. Y eso precisamente es lo que más me inquieta, las molestias que se toma.
 
Las colas de las cajas estaban más o menos así así, pero ya que había hecho el esfuerzo me pareció mal no pasar por el puesto de Rocío. Sí, amigos, la cajera, ahora, tiene nombre. El martes se había puesto una chapita en el pecho y buen cuidado tuvo de que la viera, así como quien no quiere la cosa, mientras atendía a la clienta inmediata anterior a mí. Luego conmigo estuvo tímida, la pobre. Simpática, alegre, sonriente, sí, pero sin atreverse a entrar en más conversación. Que si quiero una bolsa por cinco céntimos y yo que no, mostrándole las dos bolsas arrugadas que traía en los bolsillos para evitarme el gasto a mí y al planeta.
 
Si lees esto, Rocío, que sepas que no me disgusta, ni mucho menos, encontrarte en el Eroski. De hecho, tu presencia nacional me resulta pradójicamente exótica, me maravilla que te llames Rocío y no tengas acento sevillano y que, sabiendo inglés como lo sabes, trabajes con esa alegría en la línea de cajas me devuelve la fe en el ser humano y la decepción por el mercado laboral. Me halaga tu interés y me enternece tu disimulo, pero no quiero dar alas a una falsas ilusiones y hacerme cómplice de tu futura frustración. Lo nuestro es imposible, pertenecemos a dos mundos distintos: tú al de la juventud con idiomas, a las nuevas tecnologías, a los lectores de código de barras y al manejar dinero, al mundo real, en definitiva, mientras que yo... yo pertenezco al mundo de inventarme las cosas para divertirme un rato.
 
Y a ustedes, lectores, siempre les quedará la duda de si alguna vez existió en un Eroski center una cajera pizpireta llamada Rocío.

MI PODEROSO INFLUJO SOBRE LAS GRANDES CORPORACIONES

Terminado ya mi capítulo sobre cómo conseguí que Jorge Salvador renovara el mobiliario de la terraza de 7 y acción para mi libro de memorias televisivas, hablaré aquí de empresas más altas que me han subido la moral a la par que me la han bajado. ¿Cómo es eso? Lo explicaré.

Los fieles que siguen mi blog sabrán enseguida de qué hablo. A los nuevos les remitiré a mi entrada del 5 de octubre de 2010 titulada "Algo pasa con el Banco de Santander".
 
Por hacer un resumen, diré que había encontrado faltas de ortografía en las placas de algunas sucursales de este banco, pero durante un tiempo estuve ocupado y no saqué tiempo para hacérselo llegar. El pasado mes de marzo llegó el momento, elaboré un dossier informativo y se le envié a un contacto que tengo en el Santander para que lo transmitiera al departamento correspondiente, no sin antes comprobar que las placas seguían mal escritas. Todo de buen rollo, en plan divertido y sin querer meter el dedo en el ojo a nadie, mostrándome colaborador y ofreciéndome para lo que pudieran necesitar. De hecho, lo titulé como Dossier Confidencial y le adjunté el siguiente preámbulo:
 
  "Este informe ha sido elaborado por un particular, amante de la correcta escritura y los paseos atentos. Paren, pues, las alarmas, que no es un documento oficial encargado por la propia entidad bancaria para fiscalizar el trabajo de sus departamentos ni tampoco ningún otro tipo de inspección pública".
 
Pues bien, el martes en uno de mis largos paseos comprobé que José Abascál ya se había convertido en José Abascal como Dios manda y yo proponía, en las dos sucursales detectadas por mí; que Maria De Molina había recuperado su acento y rebajado las ínfulas de la preposición, de forma que pudiéramos leerla como María de Molina, y que Conde de Peñalvér imitaba la grafía de la placa municipal que está a sólo dos metros: Conde de Peñalver. ¿Casualidad? Yo creo que no. A mi inflada inmodestia le gusta sentirse causa activa de estos cambios. Mi contacto lo da por hecho. Hasta aquí la parte heroica de este caballero andante de la lengua española.
 
La parte patética es que he hecho un favor a una de las empresas probablemente más ricas del país, sin que nadie (salvo mi prima) haya acusado recibo de mi dossier, me lo hayan agradecido ni por supuesto me hayan ofrecido colaborar en la corrección lingüística de su red de sucursales y de su departamento de comunicación. Vamos, que le he hecho un favor gratis al mismo banco que durante años estuvo cobrando 30 céntimos de comisión por apunte a nuestra Comunidad de Vecinos (nos acabamos cambiando, claro).
 
Lo que ellos no saben es que aún conozco más placas incorrectas... ¡y no se lo he dicho! ¡Ja!¡Ja!¡Ja! (Pronúnciese con voz grave y hueca) ¿Quién ríe ahora? ¿Eh? ¡¿Quién ríe ahora?!

Ah, bueno, que ésa es otra. Que ni siquiera me han dicho que el dossier estaba muy gracioso. Y lo estaba.

miércoles, mayo 01, 2013

CURRICULUM DEMANDARUM LABORIS

Hoy, día del trabajo, y con objeto de hacer constar lo activa que es mi búsqueda de empleo, rescato las demandas que a lo largo de los últimos meses he ido publicando en facebook con bastante éxito de crítica y público y bastante poco de empresas o particulares contratantes. Así, el 15 de enero, renovaba la publicación de mi primera demanda de septiembre, ofreciéndome para el trabajo en el que más experiencia tengo:


"Caballero guionista de mediana edad, educado, universitario, amante de las buenas letras y el humor, busca productora o cadena de televisión afín, de contrato agradable, para posible relación laboral seria o lo que surja".

Habida cuenta de que quizás mis más de veinte años de experiencia en el medio pueden no significar mucho e incluso asustar a un posible contratante, el 17 de enero me puse lúdico y apelé a mis principales valores diferenciales y a algunas facultades descubiertas recientemente. El mensaje es: no contrata usted un guionista, me contrata a mí.

"Actualizo mi demanda de empleo con nuevos datos:

Veterano guionista con conocimientos de latín, porte aristocrático y buena conversación se ofrece como trompetista sin trompeta para animación de oficinas y fiestas de borrachos, figuraciones con frase en series de época o guardar silencio en una esquina. Abstenerse baterías: no hago duetos."


Soy consciente de haber desterrado la modestia de mi pauta de comportamiento en esta demanda, pero aunque soy novato en esto de la auto-venta, tengo entendido que es positivo un cierto alarde de facultades. No obstante, los datos aportados en esta y en todas las demandas son rigurosamente ciertos. Mi latín no es como para mantener una conversación con el Papa Francisco, pero conozco unas cuantas locuciones, frases de sabiduría e incluso poemitas. Lo de la trompeta parecerá pintoresco, pero es así. De hecho, en el auditorio adecuado con la acústica apropiada y una oportuna resonancia doy bastante el pego. Ese lugar son los pasillos del metro. En cuanto a la figuración, la ejercí en mis últimos trabajos de guionista, y aunque no es para estar orgulloso, el hecho es que suscité gran simpatía entre los aficionados al programa, a pesar de negarme siempre a hacerme una foto con nadie.

En todo caso, creo que ya estaba dejando claras mi flexibilidad laboral y mi posición abierta ante un posible cambio de actividad, pero el 23 de enero di un paso más, ofreciéndome incluso a un giro radical y a abandonar los teclados qwerty por el volante.

"Reputado guionista de dilatada experiencia con carné de conducir y vehículo propio se ofrece para el transporte a baja velocidad de personas sin prisa, con servicio de empatía, asentimiento y concesión de la razón para indignaciones de toda índole."

Y para avalar este ofrecimiento, ofrezco documentación: Permiso de Conducción del Reino de España tipo B expedido el 21-01-1988. Y que es cierto que me gusta respetar los límites de velocidad y que tengo cierta tolerancia para conversar con miss Daisy, que es el target al que me puedo dirigir con estas velocidades.

Aprovecho, por cierto, la ocasión, para renovar mi agradecimiento a Gonzalo, el benefactor que me cedió graciosamente su coche al que tanto provecho estoy sacando para el traslado propio y de otras personas. Como no sé si prefiere mantenerse en el anonimato o si, al contrario, no nombrarlo es negarle el reconocimiento, he optado por la solución de decir su nombre sin apellido.

Visto, en todo caso, que me estaba alejando de mis territorios conocidos, reparé en mi campo de conocimiento, aunque no de experiencia profesional: la lengua. ¡Qué narices!, me dije, ¡si una de mis posibles escapatorias profesionales siempre ha sido la de dar clases de español a extranjeros! Ofrezcámonos al mercado. Y el 1 de febrero, publiqué:

"Lingüista universitario, maduro y educado, con alto dominio del español, certera intuición gramatical y formación específica en la enseñanza del idioma a extranjeros ofrécese como tutor de exóticos fichajes deportivos, preferiblemente millonarios. También modelos del este."

Y por titulación no será, que tengo un Certificado Universitario del Curso de Formación de Profesores de Español como lengua extranjera, expedido por International House Madrid y la Universidad de Barcelona Virtual, en agosto de 2003. Bien es cierto que nunca he ejercido la profesión, pero a cambio puedo sacar la carta de mi licenciatura en Filología Hispánica, en la rama de Lingüística, por la Universidad Complutense de Madrid, en 1990.

Si alguno quiere reprocharme un cierto elitismo a la hora de escoger a mi clientela, se lo puedo aceptar, pero es una cuestión pragmática: necesitaría dar muchas menos horas de clase para sacarme un sueldo. Y si el día de mañana puedo vivir sin dinero, no tendría inconveniente en prestarme voluntario para ilustrar a inmigrantes sin recursos.

El 8 de febrero, volvía a llamar a la tele, reinterpretando mi posible función en este medio. Al igual que dije anteriormente, mis posibles contratantes tienen que saber que no contratan simplemente un guionista: me contratan a mí.

"Distinguido guionista veterano prestaría su carismática presencia y apellido compuesto para aportar dignidad y lustre a producciones audiovisuales de cualquier calibre. También desde casa."

Era una manera de llamar la atención a posibles programas de medio pelo que tuvieran ciertas reservas para convocar a sus filas a una persona como yo. No pasa nada si es así, probablemente su programa no sea la ilusión de mi vida, pero es también muy probable que en los casi veinticinco años que llevo trabajando (menos los periodos de paro, claro) haya hecho cosas peores o me hayan pagado menos.

Para mi siguiente demanda, cambié el foco. Mi reciente afición por el dibujo, y el descubrimiento de las sesiones de modelo al natural pusieron ante mis ojos otra forma de trabajo que, aunque es muy expuesta, aparentemente no requiere una formación específica. ¿Y no podría hacer yo eso? El caso es que me veo bien. Por eso, el 22 de febrero, me lié la manta a la cabeza y me tiré a la piscina.

"Tendré que publicar una nueva demanda de empleo para que no se diga que no lo busco activamente:

Caballero longuilíneo de interesante figura entrenado en el estatismo y el silencio con un repertorio corto de posturas estables y poco exigentes aparcaría su natural sentido del ridículo para posar como modelo de dibujo y pintura en talleres de alumnado desconocido con al menos tres grados de separación. También pongo comas."


Poco puedo decir que no dijera en mi mensaje. Quizá que en un alarde de arrojo podría animarme a posar ante un alumnado desconocido con tan sólo dos grados de separación. El caso es que aunque me atrae el reto, tengo cierta reticencia a descubrir en mí a un Míster Hide exhibicionista que pudiera traerme problemas en la mitad restante de mi vida.

Sin embargo, la idea me recuerda a las palabras del filósofo: "Omnia mea mecum porto". Todas mis cosas las llevo conmigo. (Para más información, les remito a una página que acabo de encontrar y que lo explica bien http://www.citas-latinas.com.ar/2010/01/omnia-mea-mecum-porto.htm). El no necesitar para trabajar nada más que lo puesto (en realidad ni eso), me daría una gran libertad de acción, pues podría desempeñar mi labor en cualquier lugar del mundo.

Por otro lado, habiendo conocido ya a un profesional de larga carrera y a recién llegados procedentes del mundo de la danza, y siendo consciente de mis grandes limitaciones de elasticidad muscular, también admito que a lo más que podría aspirar es a modelo de segunda fila. Pero ¿acaso hay mayor prueba de humildad en un trabajo que presentarse uno tal cual es... y ni siquiera ser demasiado bueno en eso?

Animado por esta nueva apertura de pensamiento y quizá motivado por el espíritu de Carnaval, volví a apelar a mis conocimientos, en este caso carnales, el 28 de febrero (en que, según mis cálculos, ya estaríamos en Cuaresma, qué díscolo).

"Caballero guionista con titulación demostrable en técnicas de quiromasaje en academia nacional de nombre exótico y con más de veinte años de experiencia en digitopresión de teclados de ordenador ofrécese a cambiar su superficie de trabajo por espaldas, cuellos y extremidades de mujeres estresadas sin lesiones comprometidas. Curiosas no abstenerse; viciosas sí. También retratos al natural de resultado incierto."

Y se preguntarán ustedes: ¿Titulación demostrable? Pues sí señores. Thuban corporación (que aunque parezca el nombre de una institución sectaria es una academia de terapias alternativas) me otorgó un Diploma el 30 de junio de 2003 por mis 144 horas lectivas estudiando el aparato locomotor de la anatomía en forma teórica y práctica, estudios que cursé también con la idea de tener una profesión portátil desempeñable en cualquier lugar y circunstancia. No la he cultivado mucho, esa es la verdad, pero esto es como montar en bicicleta... que tampoco monto. Soy una cajita de sorpresas, ¿a que sí? Además, cuento con camilla propia bien escondida en mi casa.

Mientras el trabajo llegaba o no llegaba, he empezado a desarrollar una labor lúdica y artísitca que me está proporcionando grandes satisfacciones (y espero que también a alguno de ustedes), y por ello en mis mejores sueños concebí la posibilidad de vivir haciendo lo que estoy haciendo ahora mismo. ¿Y vivir del aire? He ahí el problema. Pero no hay que descartar nada, así que, por pedir que no quede. Y lo pedí el 7 de marzo.

"Indisciplinado artista multidisciplinar educado, austero y agradecido aceptaría mecenazgo de fundaciones culturales o benefactores particulares para llevar adelante una vida sencilla, tranquila y lúdica con la que dar buen ejemplo a las generaciones venideras. O también puedo ponerme a trabajar, lo primero que salga."

La callada por respuesta. El 13 de marzo debí de tener un acceso de angustia. Es mi demanda más desesperada. No estoy orgulloso de ello.

"Estoy tan indignado con el mercado de trabajo, que le voy a poner una demanda. Esta vez, sencillita:

Guionista con experiencia se ofrece para trabajar."
Y en la línea donjuanesca del "clamé al cielo y no me oyó", pero con una elaboración más literaria, retomando la dignidad y la elegancia del hombre que lo vive todo como juego, me atreví a dirigirme al propio mercado de trabajo, cara a cara, con una carta que ha tenido mucha aceptación entre mis seguidores de facebook. Esto fue el 16 de abril:

"Querido mercado de trabajo:

Nos hemos tomado un tiempo. Que no era yo, que eras tú... En este tiempo, no te engaño, yo he conocido al paro, y tiene sus cosas buenas, pero no me da lo mismo que tú, y siempre parece que tengo que poner yo más de mi parte. Tú me llenabas más (el bolsillo, se entiende).

¿Por qué no lo volvemos a intentar una temporadita, a ver qué pasa?


Un cordial saludo.

Álvaro
 
(Igual me recuerdas más por mi número de afiliado a la Seguridad Social, pero no me lo sé de memoria)".

Y unos días después, el 26 de abril, la que hasta ahora es mi última demanda de trabajo, la más disparatada, un chiste, una humorada sin más, basándome en la dificultad para el manejo preciso en pintura de las técnicas líquidas en general y de la tinta en particular.

"¡Acabo de caer en otra salida para mi estancada vida laboral! Ahí va mi demanda:

Artista novel especializado en tinta negra y borrón ofrece dibujos mudos a la comunidad psicoanalítica para su utilización como nuevos tests de Rorschach.

O como retratos. Interesados contactar en esta página o en www.lapizdequintintas.blogspot.com.
También explico los chistes."

La alusión a mi blog de chistes es, claro está, una velada forma de reivindicarme como humorista gráfico. De nuevo cuño, sí. Con sólo dos meses de experiencia, también, pero creo que con suficiente calidad de contenido y un interesante dibujo de vocación artística.

Tampoco, por supuesto, es momento de omitir mis dotes literarias para el espejismo, esa observación de la realidad entre el cielo y la tierra, entre lo metafísico y lo costumbrista, con la que tanto disfrutamos los tres o cuatro que me leéis y yo mismo escribiendo esta columna de prensa que nadie me encargó nunca y que me he tenido que crear para mis juegos.

Para ambas cosas, pues, viñetista y columnista, una u otra o las dos, me ofrezco desde aquí a cualquier medio de comunicación, en estos momentos en que la prensa escrita está en plena expansión. ¿O me he enterado mal?

Este larguísimo "curriculum" sólo puede terminar de una manera, que es abusar de la confianza de mis lectores e involucrarles directamente, con la consigna más utilizada en el mundo del guión, el santo y seña con el que un guionista se descubre ante los suyos (no hagan uso de ella, se lo ruego), y que dice así:

"Oye, si sabes de algo, dímelo".

Pues eso.