¿Será verdad eso de que uno siembra lo que recoge? Nuestro receloso acervo tiene un refrán para el karma negativo: "Quien siembra vientos recoge tempestades". Incluso aquello de que "el tiempo pone a cada uno en su sitio" se suele emplear con una connotación aviesa, y no deseando éxitos y parabienes a nadie. Pero, siendo justos, a quien hoy siembra soles se le puede suponer que recoja días de playa en el futuro.
En la nochevieja del 84 y primero de año del 85, escuché aquí y allá, como todos los unos de enero, el tradicional saludo "Feliz Año Nuevo". Dicha felicitación se extiende desde el final del saliente hasta los primeros días del entrante, de modo que, si uno ve a un compañero, amigo o conocido por primera vez en el año antes de, por ejemplo, el 15 de enero, pueda aplicársela. Pero de tanto usarse parecería que pierde sentido la expresión, y en aquellos días de mi convulsa adolescencia, encontré un desfase abismal entre los entusiastas "Feliz Año" y los rutinarios "Buenos días" de los días inmediatos. Era como si al decir Feliz Año Nuevo deseáramos felicidad sólo para la jornada de Año Nuevo, y al instante siguiente todos nuestros buenos deseos se hubieran olvidado, de modo que pensé: ¿por qué felicitar el año todo de una vez y no día a día? Y tuve la ocurrencia, quizás algo cursi, no lo niego, pero también simpática, de saludar a todo el mundo cada mañana con un enérgico "Feliz Día". No era yo tan feliz por aquel entonces que pudiera repartir felicidad a troche y moche, pero ¿qué quieren?, desearla es gratis, y conseguía sin mucho esfuerzo ponerle buena a cara a todos los tiempos. No sé hasta cuándo logré seguir el juego. Como mucho, hasta final del curso escolar.
Sería presuntuoso por mi parte arrogarme la propiedad de la expresión "feliz día", toda vez que son dos palabras, adjetivo y sustantivo, bastante comunes en español, y bien puede cualquier hablante ponerlas juntas. Pero, puesto que nunca antes se lo había oído decir a nadie en ese contexto - y puede que en ningún otro, creo que sí puedo atribuirme la paternidad del saludo, aunque tenga que ser compartida con muchos desconocidos que, con parecidas o distintas razones que yo, y sin tener noticia unos de otros, hayan acuñado también la misma frase, sintiéndose originales (como yo me sentí).
El caso es que el sábado, veinticuatro años después de entonces, fui a una tienda de cafés e infusiones (artículo aparte merece la disquisición de qué nombre darle, puesto que cafetería, tetería o herbolario se aplican a otro tipo de negocio), y cuando hube comprado y pagado mis cien gramos de menta piperita , recibí como un boomerang sutil que alegró mis oídos la atenta despedida de la dependienta (quizá dueña). ¿Qué me dijo? "Feliz día". Gracias. Lo fue.
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lunes, enero 19, 2009
sábado, mayo 03, 2008
GANAS DE NÍSPERO
Mi fruta preferida, si se puede tener una fruta preferida, si se puede tener siquiera algo preferido, es el níspero.
Por su alegre color naranja, su particular sabor, entre ácido y dulce, sin empalagar ni rechinar los dientes, lo fácil que es de pelar, la poca piel y mucha carne que tiene, porque sus huesos están aislados y no entorpecen al comer, aparte de ser lo suficientemente grandes y duros para distinguirlos. Son suaves también, además, los huesos, como el propio níspero.
Por su época. El níspero es primavera, pero sabe a verano, a buen tiempo, al igual que estos primeros calores traicioneros que pronto se irán también te dicen que ya debe de haber nísperos en la frutería.
Por su escasez. Ay, duran tan poco... Apenas dos meses. Tienen un algo de especie en vías de extinción que hay que proteger. Paradójicamente, comiéndonoslos.
Porque es la única fruta que he comido del árbol. Una casa que habité en Málaga en una ocasión tenía un níspero (y un jardín, claro, el níspero no iba a estar en el cuarto de baño), eso puede haberme despertado simpatías por ambos nísperos, árbol y fruto.
Es tan preferida para mí esta fruta que ni siquiera sé sus propiedades. La naranja y el kiwi ya sabe uno que tienen vitamina C, el plátano potasio, y que da energía, la papaya que es el mejor complejo de oligoelementos (o algo así), seguido de cerca por la piña y el melón... ¿Pero el níspero? Dime, oh, Google, para qué vale un níspero.
Por eso, desde que han aparecido hace un par de semanas, quizá tres, cada vez que voy a la frutería compro nísperos y me aseguro de tener siempre en casa. En casa, sí, ahí los tengo, pero ¿cuándo me los como? Porque la fruta que troceo en mi muesli del desayuno es ya, desde hace tiempo, por merecimiento propio, la papaya (en verano, por una política de rotaciones, la cambio por el melocotón, pero eso es otra historia), y luego me voy y no estoy en casa en todo el día. Y el níspero, pese a sus múltiples cualidades, no es una fruta de sacar mucho a la calle. Al trabajo me llevo dos piezas: un plátano para media mañana, que además de servirme de gran aporte calórico , ¡no pringa! Y por la tarde, una manzana, siempre de mayor tamaño que el mayor de los nísperos de que pueda disponer. Sí, podría cambiar la manzana por dos o tres nísperos, pero ¿y lo que me pringaría? Reconozcámoslo: un trabajo no es una cocina, y hay que ser discretos, limpios y cuidadosos con las cosas que comamos en él. También, claro, hay una parte de rutina. ¿Es buena en este caso la rutina o debería romper con todo y liarme la manta a la cabeza? Me llevo nísperos al trabajo, ¡y a la mierda el mundo! No sé...
El caso es que aquí me he encontrado esta mañana, en la frutería (bendito sábado laborable en que poderme abastecer) frente a los carísimos nísperos (que esa es otra), dudando cual Hamlet si comprar o no comprar.
¿Compré o no compré?
Les dejo con la duda y con este dicho popular:
Quien nísperos come y bebe cerveza,
y espárragos chupa y besa a una vieja
ni come, ni bebe, ni chupa ni besa.
Pero si los nísperos son dulces, fresca la cerveza,
tiernos los espárragos y madre la vieja,
Come, bebe, chupa y besa.
(La segunda parte en entredicho; sabía que existía, pero mi padre no la recordaba bien, la he buscado en Google y he encontrado una discusión entre dos versiones; como la otra reivindicaba el inchupable espárrago triguero, me he fiado más de ésta. Curiosamente, me he encontrado a mí mismo en la página de comentarios, porque ya entré hace tiempo y, como no copié o no he encontrado los versos, he vuelto a hacer una búsqueda y de entre todos los sitios a los que podía haber acudido, ¡he ido al mismo! Misterios del universo. Gracias, en todo caso a anónimo y a jaio, en jaio-la-espia.blogalia.com).
Aquí, los nísperos restantes de la semana pasada que me voy a comer en cuanto termine el post:

Por su alegre color naranja, su particular sabor, entre ácido y dulce, sin empalagar ni rechinar los dientes, lo fácil que es de pelar, la poca piel y mucha carne que tiene, porque sus huesos están aislados y no entorpecen al comer, aparte de ser lo suficientemente grandes y duros para distinguirlos. Son suaves también, además, los huesos, como el propio níspero.
Por su época. El níspero es primavera, pero sabe a verano, a buen tiempo, al igual que estos primeros calores traicioneros que pronto se irán también te dicen que ya debe de haber nísperos en la frutería.
Por su escasez. Ay, duran tan poco... Apenas dos meses. Tienen un algo de especie en vías de extinción que hay que proteger. Paradójicamente, comiéndonoslos.
Porque es la única fruta que he comido del árbol. Una casa que habité en Málaga en una ocasión tenía un níspero (y un jardín, claro, el níspero no iba a estar en el cuarto de baño), eso puede haberme despertado simpatías por ambos nísperos, árbol y fruto.
Es tan preferida para mí esta fruta que ni siquiera sé sus propiedades. La naranja y el kiwi ya sabe uno que tienen vitamina C, el plátano potasio, y que da energía, la papaya que es el mejor complejo de oligoelementos (o algo así), seguido de cerca por la piña y el melón... ¿Pero el níspero? Dime, oh, Google, para qué vale un níspero.
Por eso, desde que han aparecido hace un par de semanas, quizá tres, cada vez que voy a la frutería compro nísperos y me aseguro de tener siempre en casa. En casa, sí, ahí los tengo, pero ¿cuándo me los como? Porque la fruta que troceo en mi muesli del desayuno es ya, desde hace tiempo, por merecimiento propio, la papaya (en verano, por una política de rotaciones, la cambio por el melocotón, pero eso es otra historia), y luego me voy y no estoy en casa en todo el día. Y el níspero, pese a sus múltiples cualidades, no es una fruta de sacar mucho a la calle. Al trabajo me llevo dos piezas: un plátano para media mañana, que además de servirme de gran aporte calórico , ¡no pringa! Y por la tarde, una manzana, siempre de mayor tamaño que el mayor de los nísperos de que pueda disponer. Sí, podría cambiar la manzana por dos o tres nísperos, pero ¿y lo que me pringaría? Reconozcámoslo: un trabajo no es una cocina, y hay que ser discretos, limpios y cuidadosos con las cosas que comamos en él. También, claro, hay una parte de rutina. ¿Es buena en este caso la rutina o debería romper con todo y liarme la manta a la cabeza? Me llevo nísperos al trabajo, ¡y a la mierda el mundo! No sé...
El caso es que aquí me he encontrado esta mañana, en la frutería (bendito sábado laborable en que poderme abastecer) frente a los carísimos nísperos (que esa es otra), dudando cual Hamlet si comprar o no comprar.
¿Compré o no compré?
Les dejo con la duda y con este dicho popular:
Quien nísperos come y bebe cerveza,
y espárragos chupa y besa a una vieja
ni come, ni bebe, ni chupa ni besa.
Pero si los nísperos son dulces, fresca la cerveza,
tiernos los espárragos y madre la vieja,
Come, bebe, chupa y besa.
(La segunda parte en entredicho; sabía que existía, pero mi padre no la recordaba bien, la he buscado en Google y he encontrado una discusión entre dos versiones; como la otra reivindicaba el inchupable espárrago triguero, me he fiado más de ésta. Curiosamente, me he encontrado a mí mismo en la página de comentarios, porque ya entré hace tiempo y, como no copié o no he encontrado los versos, he vuelto a hacer una búsqueda y de entre todos los sitios a los que podía haber acudido, ¡he ido al mismo! Misterios del universo. Gracias, en todo caso a anónimo y a jaio, en jaio-la-espia.blogalia.com).
Aquí, los nísperos restantes de la semana pasada que me voy a comer en cuanto termine el post:
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lunes, enero 07, 2008
CURIOSIDADES DE PRIMERO DE AÑO
1 TODOS LOS GATOS QUE COMPRAMOS EN EL CORTE INGLÉS SOMOS IGUAL DE PARDOS
Salgo de casa y me cruzo con un hombre mayor que lleva ¡no se imaginan qué! ¡Un anorak igual que el mío! El mismo color, la misma franja roja horizontal, los mismos letreros y chorradas en las mangas... el mismo modelo, vamos. Igualito. Es a mí y no me pega mucho, me dirán qué hace un hombre de 70 años con semejante anorak. Eso sí, le quedaba mucho peor (al cabrón).

Salgo de casa y me cruzo con un hombre mayor que lleva ¡no se imaginan qué! ¡Un anorak igual que el mío! El mismo color, la misma franja roja horizontal, los mismos letreros y chorradas en las mangas... el mismo modelo, vamos. Igualito. Es a mí y no me pega mucho, me dirán qué hace un hombre de 70 años con semejante anorak. Eso sí, le quedaba mucho peor (al cabrón).
O eso creía. Esta mañana me veo en el espejo del ascensor de mi casa, y descubro cómo no lleno del todo los hombros de la prenda y me cae, como a aquel señor, con cierta flaccidez.
Qué tragedia. A mí me queda igual de mal.
2 NOCHE DE REYES
Anoche, busco aparcamiento y veo a un joven junto a un coche. Tiene toda la pinta de acabarlo de aparcar. De hecho, tiene toda la pinta de ser el coche que ha entrado en la calle mientras yo esperaba a girar con el disco en rojo. Efectivamente. Hay algo de sitio detrás de él, y se ofrece a echarlo un poco hacia adelante, a ver si quepo, que me parece a mí que no. Y no sólo eso, sino que se preocupa en buscarme sitio. "Ahí no vas a poder; aunque parece que es un hueco, hay un smart" (Deberían prohibir a los smarts aparcar en batería, ocupando sólo la mitad, anulan una plaza entera). Veo un espacio en línea más adelante que me ofrece más garantías que el de detrás del coche de mi amigo, aunque él aún apunta que quizá en batería junto a los contenedores de vidrio y papel pueda caber. Yo apuesto por el mío, y allá voy, sabiéndome vigilado en la distancia. Por fin lo aparco, y veo pasar a este ángel benefactor a mi lado. Le reitero mis gracias, y me contesta con un "De nada, hombre", al que sólo le falta añadir "¿Qué menos?"
3 REBAJAS
Mi padre solía decir un refrán: "A cuarto va la vaca; si no hay cuarto, no hay vaca" (que es como decir: "A 150.000 euros va el ático de cien metros en la Castellana; si no hay 150.000 euros, no hay ático en la Castellana").
En tiempo de rebajas, se me ocurre parafrasear el dicho: "A cuarto va la vaca; si no necesitas una vaca, ese cuarto que te ahorras".
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sábado, junio 09, 2007
VINCIT QUI SE VINCIT (VENCE QUIEN SE VENCE A SÍ MISMO)
Texto en el dibujo de una lata de cerveza sin alcohol.
¿Será su departamento de marketing un pozo de sabiduría?
Más bien me inclino a pensar que es una velada (¡y tan velada!) expresión de ánimo para los ex-alcohólicos, en plan "sigue bebiendo cerveza sin alcohol, que es la que no mata".
¿Sabrán latín los alcohólicos anónimos? Raro, pues les han engañado como a chinos.
Vincit qui se vincit.
Si supieran lo que han dicho... Hasta en la selva del consumo, se cuela la Verdad.
¿Será su departamento de marketing un pozo de sabiduría?
Más bien me inclino a pensar que es una velada (¡y tan velada!) expresión de ánimo para los ex-alcohólicos, en plan "sigue bebiendo cerveza sin alcohol, que es la que no mata".
¿Sabrán latín los alcohólicos anónimos? Raro, pues les han engañado como a chinos.
Vincit qui se vincit.
Si supieran lo que han dicho... Hasta en la selva del consumo, se cuela la Verdad.
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40 DE MAYO
Hoy es cuarenta de mayo, el único mes del año con cuarenta días
(junio tiene 21, por tanto, pero disimula empezando por el 10, y termina en 30, como otros).
Hora es, pues, de quitarse el sayo, quien sepa lo que es y lo lleve puesto.
¿Será tal vez el edredón de la cama?
(invento moderno que ha reducido el año a dos tiempos: invierno y verano, representados por "con edredón" y "sin edredón").
Parece que apetece quitárselo últimamente, pero no sé no sé... me parece arriesgado. En cualquier momento, te viene un golpe de frío.
Y lo cierto es que todavía no he sudado como un pollo por el calor.
¿Qué tal una ampliación? Hasta el 54 de mayo no te quites el sayo. Y junio, que empiece su cuenta el día de San Juan.
Cuánto se aprende con los refranes.
El día que necesite revolver Roma, buscaré a Santiago para que me ayude.
(junio tiene 21, por tanto, pero disimula empezando por el 10, y termina en 30, como otros).
Hora es, pues, de quitarse el sayo, quien sepa lo que es y lo lleve puesto.
¿Será tal vez el edredón de la cama?
(invento moderno que ha reducido el año a dos tiempos: invierno y verano, representados por "con edredón" y "sin edredón").
Parece que apetece quitárselo últimamente, pero no sé no sé... me parece arriesgado. En cualquier momento, te viene un golpe de frío.
Y lo cierto es que todavía no he sudado como un pollo por el calor.
¿Qué tal una ampliación? Hasta el 54 de mayo no te quites el sayo. Y junio, que empiece su cuenta el día de San Juan.
Cuánto se aprende con los refranes.
El día que necesite revolver Roma, buscaré a Santiago para que me ayude.
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viernes, abril 07, 2006
VANDALISMO ZEN
"- ¿Usted, que está aquí sentado,
no ha observado
si ha pasado
el corredo
de Bilbado?
- Nodo".
Estas simpáticas rimas contestaban en mi casa a todo aquel que, en la familia o en la tele, por ultracorrección o por mero lapsus linguae intrascendente, colase una "d" intervocálica en palabras que no lo precisasen, como bacalao o Bilbao.
Viene esto a colación de un episodio divertido que me sucedió hace un par de semanas (no existía ni mi blog). Iba en el metro (Madrid), línea 1 (la azul claro), trayecto Iglesia-Gran Vía, cuando pasamos por la estación de Bilbao. Miro a la pared del andén, y me encuentro que el letrero dice "Bilbado". Tuve que volver a mirar para darme cuenta de que el rótulo había sido manipulado, añadiendo un palo a la "o" final de Bilbao y una nueva "o" a continuación, tan perfecta como la original. La imagen me hizo sonreír. Incluso pensé que de alguna forma mágica yo había sido el público destinatario de esa travesura. No vi que nadie en mi vagón se percatara del rótulo, y en cuanto a la gente del andén, no puedo asegurarlo, pero no parecía que a nadie le hubiera llamado la atención. Entre los túneles subterráneos tan dados al ajetreo y a la prisa, y tan poco propicios para pararse a mirar y sonreír, de pronto uno encuentra un regalo como éste. Sólo una palabra, que ni siquiera se repite en el resto de los rótulos del andén. Una sola imagen y sólo una oportunidad para descubrirla.
Uno piensa en que detrás de esa humorada ha estado el ingenio y la idea de alguien, la determinación y la osadía de llevarla a cabo, y, sobre todo, el esmero en realizarla. No hubiera sido lo mismo añadirlo chapuceramente con un rotulador: la gracia está en la perfecta imitación que, por un momento, te hace creer que el rótulo ha sido así impreso. A ojos de los guardias de seguridad y demás gente de orden, el hecho no cabría más que en el inmenso cajón del vandalismo, junto al graffiti de vagones, el "Paco quiere a Luisa" o la quema de papeleras. Como si fuera todo lo mismo. De momento, habría que hacer una cierta gradación: travesura, gamberrada y vandalismo, en función de la intención que los anima y del daño que se produce. En este caso, sin duda, ninguno. El añadido se veía tratado y pegado con mimo, de modo que pudiera despegarse sin mayor problema. Travesura, entonces, como mucho. Juego de niños. El vandalismo se define como "espíritu de destrucción" y el que tuvo "Bilbado" (y quizá sigue teniendo, si continúa ahí, desafiando la mirada que no ve de tanta gente) fue más bien de construcción, de creación o, si lo prefieren los posmodernos, de "deconstrucción" (deconstruir Bilbao para hacer Bilbado). En todo caso, si se quiere considerar vadalismo cualquier manipulación de la propiedad pública, entonces sí, Bilbado fue vandalismo. Pero un un vandalismo incruento, un vandalismo lúdico, sonriente y amable, y, sobre todo, un vandalismo mejor trabajado que muchas ingenierías (se me ocurre, por ejemplo, la del metro del Carmel, en Barcelona). Yo lo llamaría, ya lo he dicho en el título, vandalismo zen.
Gracias, artista.
Por cierto, hablando de chistes visuales (en este caso también poemas), recomiendo la exposición de fotografía de Chema Madoz en la Fundación Telefónica, en Gran Vía ( no sé el número).
no ha observado
si ha pasado
el corredo
de Bilbado?
- Nodo".
Estas simpáticas rimas contestaban en mi casa a todo aquel que, en la familia o en la tele, por ultracorrección o por mero lapsus linguae intrascendente, colase una "d" intervocálica en palabras que no lo precisasen, como bacalao o Bilbao.
Viene esto a colación de un episodio divertido que me sucedió hace un par de semanas (no existía ni mi blog). Iba en el metro (Madrid), línea 1 (la azul claro), trayecto Iglesia-Gran Vía, cuando pasamos por la estación de Bilbao. Miro a la pared del andén, y me encuentro que el letrero dice "Bilbado". Tuve que volver a mirar para darme cuenta de que el rótulo había sido manipulado, añadiendo un palo a la "o" final de Bilbao y una nueva "o" a continuación, tan perfecta como la original. La imagen me hizo sonreír. Incluso pensé que de alguna forma mágica yo había sido el público destinatario de esa travesura. No vi que nadie en mi vagón se percatara del rótulo, y en cuanto a la gente del andén, no puedo asegurarlo, pero no parecía que a nadie le hubiera llamado la atención. Entre los túneles subterráneos tan dados al ajetreo y a la prisa, y tan poco propicios para pararse a mirar y sonreír, de pronto uno encuentra un regalo como éste. Sólo una palabra, que ni siquiera se repite en el resto de los rótulos del andén. Una sola imagen y sólo una oportunidad para descubrirla.
Uno piensa en que detrás de esa humorada ha estado el ingenio y la idea de alguien, la determinación y la osadía de llevarla a cabo, y, sobre todo, el esmero en realizarla. No hubiera sido lo mismo añadirlo chapuceramente con un rotulador: la gracia está en la perfecta imitación que, por un momento, te hace creer que el rótulo ha sido así impreso. A ojos de los guardias de seguridad y demás gente de orden, el hecho no cabría más que en el inmenso cajón del vandalismo, junto al graffiti de vagones, el "Paco quiere a Luisa" o la quema de papeleras. Como si fuera todo lo mismo. De momento, habría que hacer una cierta gradación: travesura, gamberrada y vandalismo, en función de la intención que los anima y del daño que se produce. En este caso, sin duda, ninguno. El añadido se veía tratado y pegado con mimo, de modo que pudiera despegarse sin mayor problema. Travesura, entonces, como mucho. Juego de niños. El vandalismo se define como "espíritu de destrucción" y el que tuvo "Bilbado" (y quizá sigue teniendo, si continúa ahí, desafiando la mirada que no ve de tanta gente) fue más bien de construcción, de creación o, si lo prefieren los posmodernos, de "deconstrucción" (deconstruir Bilbao para hacer Bilbado). En todo caso, si se quiere considerar vadalismo cualquier manipulación de la propiedad pública, entonces sí, Bilbado fue vandalismo. Pero un un vandalismo incruento, un vandalismo lúdico, sonriente y amable, y, sobre todo, un vandalismo mejor trabajado que muchas ingenierías (se me ocurre, por ejemplo, la del metro del Carmel, en Barcelona). Yo lo llamaría, ya lo he dicho en el título, vandalismo zen.
Gracias, artista.
Por cierto, hablando de chistes visuales (en este caso también poemas), recomiendo la exposición de fotografía de Chema Madoz en la Fundación Telefónica, en Gran Vía ( no sé el número).
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