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martes, noviembre 23, 2010

ESTOY QUE LO PIERDO

Que alguien me corrija si lo explico mal, pero un cuento indio dice más o menos que la vida es un palacio lleno de obras de arte y bellos objetos por el que uno tiene que atravesar portando una jarra de aceite sobre su cabeza. Si te distraes viendo las obras, corres el riesgo de que se caiga el jarrón y derrames su contenido. Si sólo estás pendiente de éste, puedes perderte la "colección permanente" de la vida y la exposición itinerante que te haya tocado en suerte. El secreto está en saber ver y disfrutar de la belleza sin dejar de atender el tesoro propio que te han encomendado. Y en eso estoy, en tratar de no perderme yo ni perderme nada... pero mucho me temo que algo se acabará cayendo por el camino.

PRIMER PARAGUAS, PRIMERA PÉRDIDA

De momento, he perdido el paraguas. Mi primer paraguas chispas. Pequeño, de bolsillo, negro, con funda negra. Lo describo para que si alguien encuentra uno de esas características tan especiales e inequívocas sepa que es el mío.

Ya sé que todo el mundo pierde el paraguas, pero eso no me sirve de consuelo: mi rigor es hacia mí; los demás, que se arreglen consigo mismos. Y lo que más me duele es que no consigo rastrear ni tan siquiera el momento es que usé mi paraguas por última vez. Puedo haberlo llevado, quizá, al futbito. Es la opción que barajo ahora mismo, aunque no sirve de mucho, no sabría a quién reclamarlo.

Tres euros creo que me costó este mismo año. Lo sé, es el paraguas más miserable del mundo, pero yo era paragüista en pruebas y no merecía la pena mayor inversión. Y, visto lo visto, hice bien en no ceder a mi tentación de comprarme ese de 20 euros en Muji, de encendido color naranja. Aunque quizá ese sí podrían reconocérmelo. Tal vez me suelte la cabeza y me anime.

¿Es metáfora de algo este descuido o sólo advertencia? ¿Descuido de qué, advertencia de quién? La persona del mundo en que más confío soy yo mismo... y empiezo a no poderme fiar.

Huy, qué final más inquietante.

lunes, enero 19, 2009

FELIZ DÍA

¿Será verdad eso de que uno siembra lo que recoge? Nuestro receloso acervo tiene un refrán para el karma negativo: "Quien siembra vientos recoge tempestades". Incluso aquello de que "el tiempo pone a cada uno en su sitio" se suele emplear con una connotación aviesa, y no deseando éxitos y parabienes a nadie. Pero, siendo justos, a quien hoy siembra soles se le puede suponer que recoja días de playa en el futuro.

En la nochevieja del 84 y primero de año del 85, escuché aquí y allá, como todos los unos de enero, el tradicional saludo "Feliz Año Nuevo". Dicha felicitación se extiende desde el final del saliente hasta los primeros días del entrante, de modo que, si uno ve a un compañero, amigo o conocido por primera vez en el año antes de, por ejemplo, el 15 de enero, pueda aplicársela. Pero de tanto usarse parecería que pierde sentido la expresión, y en aquellos días de mi convulsa adolescencia, encontré un desfase abismal entre los entusiastas "Feliz Año" y los rutinarios "Buenos días" de los días inmediatos. Era como si al decir Feliz Año Nuevo deseáramos felicidad sólo para la jornada de Año Nuevo, y al instante siguiente todos nuestros buenos deseos se hubieran olvidado, de modo que pensé: ¿por qué felicitar el año todo de una vez y no día a día? Y tuve la ocurrencia, quizás algo cursi, no lo niego, pero también simpática, de saludar a todo el mundo cada mañana con un enérgico "Feliz Día". No era yo tan feliz por aquel entonces que pudiera repartir felicidad a troche y moche, pero ¿qué quieren?, desearla es gratis, y conseguía sin mucho esfuerzo ponerle buena a cara a todos los tiempos. No sé hasta cuándo logré seguir el juego. Como mucho, hasta final del curso escolar.

Sería presuntuoso por mi parte arrogarme la propiedad de la expresión "feliz día", toda vez que son dos palabras, adjetivo y sustantivo, bastante comunes en español, y bien puede cualquier hablante ponerlas juntas. Pero, puesto que nunca antes se lo había oído decir a nadie en ese contexto - y puede que en ningún otro, creo que sí puedo atribuirme la paternidad del saludo, aunque tenga que ser compartida con muchos desconocidos que, con parecidas o distintas razones que yo, y sin tener noticia unos de otros, hayan acuñado también la misma frase, sintiéndose originales (como yo me sentí).

El caso es que el sábado, veinticuatro años después de entonces, fui a una tienda de cafés e infusiones (artículo aparte merece la disquisición de qué nombre darle, puesto que cafetería, tetería o herbolario se aplican a otro tipo de negocio), y cuando hube comprado y pagado mis cien gramos de menta piperita , recibí como un boomerang sutil que alegró mis oídos la atenta despedida de la dependienta (quizá dueña). ¿Qué me dijo? "Feliz día". Gracias. Lo fue.

miércoles, enero 07, 2009

¡POR FIN!

Queda atrás la Nochebuena, más de belenes que de Nacimientos, con mucho niñojesús y muy poco Dios; la Nochevieja con sus fiestas por decreto, y los Reyes que hemos usurpado a los niños los mayores. Damos gracias por una familia grande y bien avenida, pero acogemos con gusto la vuelta a la cotidianidad, a que los días sean lo que son y no vengan los lunes disfrazados de viernes ni los martes de domingo, y la comida no falte, pero tampoco sobre. Podemos abandonar las expectativas y volver a las esperanzas, dejarnos de "sueños e ilusiones", y tratar de despertar, para que las luces de la calle y los comercios no reemplacen a la que debería haber dentro de cada uno.

domingo, diciembre 21, 2008

EL SECRETO DE PARAR PENALTIS Y OTROS SECRETOS

Ayer jugué al fútbol sala, con resultado dispar. Finalmente ganamos, y en lo que a mí respecta defendí el resultado con uñas y dientes en los últimos minutos. Pagaba así el karma de dos cantadas que nos supusieron los dos primeros goles en contra. En mi descargo, debo decir que jugamos con un balón de fútbol, que es más grande y ligero que el de fútbol sala, y cuyo comportamiento físico es distinto. Pero también, todo hay que decirlo, paré un penalti. En esta ocasión, probablemente el tamaño y peso del balón me benefició. En un disparo a puerta, es más difícil de dirigir, coge menos velocidad y es demasiado grande para la portería. Pero lo paré.

¿Y cómo se para un penalti? A lo largo de mi carrera de guardameta, he parado muchas penas máximas. Otras me las han marcado, pero no sería descabellado pensar en un porcentaje de 50/50. 40/60, para asegurar. E incluso 30/70 si lo prefieren. Creo que no es mal resultado. Por eso, me siento autorizado a hablar de mi sistema para pararlos. La cosa consiste únicamente en mantener una postura física de alerta, con la energía concentrada, talones levantados prestos para estirar cualquiera de las dos piernas, y brazos relajados, pero atentos. La vista ha de fijarse en el balón, sólo en el balón y nada más que en el balón, de modo que, en el momento en que éste salga despedido, uno se mueva en dirección a su trayectora para interceptarlo. El mismo método he segido desde mis comienzos en portería de fútbol, más grande.

Ya sé que hay muchos colegas partidarios de la anticipación, que miran las piernas del delantero, la carrera que hace, etcétera, elementos todos con los que te pueden engañar. Ese método es puro azar. Otros, más teóricos, llevarán aprendidas las estadísticas de su contrario: por dónde ha tirado los últimos penaltis, con qué tipo de disparo se siente más seguro... y también se tirarán antes de tiempo, concendiendo una ventaja al contrincante. Las estadísticas tienen valor conclusivo sobre los datos pasados, no adivinatorio de los datos futuros, y el único penalti que cuenta es el que te van a tirar ahora. Es cierto que si uno se tira antes de tiempo, va a llegar más lejos, pero ¿adónde? Si coincides con el balón será por casualidad. También es verdad que al esperar a que el balón salga despedido, es muy posible que lo haga con tanta fuerza y velocidad que no puedas alcanzarlo. De acuerdo, te meterán gol, pero al menos lo habrás intentado correctamente. ¿O acaso no ven el gesto mezclado de rabia y de orgullo del portero que se lanza hacia el balón y no llega a alcanzarlo por apenas unos centímetros? Qué diferente de la retirada vergonzante del arquero que se tiró sin ton ni son para el lado contrario de la pelota. Sí, lectores, con mi sistema no se paran todos los penaltis, pero sí más de los que podría pensarse. Y se paran con la satisfacción de las cosas bien hechas.

Continúo con una curiosidad. Si el deporte es salud, ¿por qué había un dispensador automático de desfibriladores en el polideportivo?

Y termino con un aforismo, que no viene a cuento, pero que se me ha ocurrido:

- El paraíso consiste en aceptar que no hay paraíso.

sábado, junio 07, 2008

MÁS BREVERÍAS

Hay que hacer dos trabajos: uno para no morir de hambre; otro para no morir de Sueño.

miércoles, junio 04, 2008

PARADOJAS, ZARANDAJAS Y PENSAMIENTOS AL AIRE

Mi soberbia no es gran cosa, pero de lo que estoy muy orgulloso es de mi humildad.

Soy buena persona y tengo algunas buenas cualidades, pero me comporto mal por modestia, para no alardear.

Parezco del siglo XIX, pero soy un hombre de mi tiempo. Unos piensan en lo que hicieron o dejaron de hacer ayer, otros en lo que harán mañana. Incluso algunos las dos cosas. Yo vivo el único tiempo que tengo: el presente.

El lujo no es tener mucho dinero sino no tenerlo que contar.
La llave del lujo es la austeridad.

Sólo un lujo en mi vida: el techo solar de mi Honda Civic del 92, siempre segundas manos. Se disfrutó, no lo echo de menos.

La verdadera transgresión es cumplir las normas para que te dejen cumplir las leyes.

El deportista Agustín H, compañero de aquella clase de Tercero de BUP de letras, ingenuo, dijo:
"Sé de sobra
que nunca tendré obra,
pero dejadme que me crea
lo imposible que yo sea".
Poeta, Agustín.

Poeta quien no condiciona su vida a un trabajo. Poeta Álex. Tal vez yo.

jueves, mayo 29, 2008

EL ÁRBOL, LA SOMBRA Y EL SOL

Su madre y yo enseñábamos refranes a Lucía. "Al que a buen árbol se arrima buena sombre le cobija", le dijimos, y le explicamos el sentido. Acto seguido, puntualicé: "Pero tú eres el árbol".

Seamos todos el árbol.

En cuanto a Lucía, no se lo digáis, pero tampoco es el árbol.

Es el sol.



domingo, mayo 18, 2008

LAS RENTAS DE LA RENTA

Hace unos días rellené el borrador de la declaración de la renta, y ayer lo pasé a limpio, minuciosamente, volviendo a calcular a mano y con calculadora cada una de las casillas. Descubrí, y subsané, un error. Tendré que pagar un poquito más, qué se le va a hacer.

Me da cierta aprensión este proceso, como si el más mínimo error pudiera disparar todas las alarmas en la Agencia Tributaria, y se pusiera de inmediato un procedimiento inquisitorial para desposeerte de todo. Pero entiendo que uno debe ocuparse de sus cosas. Hace un par de años o tres, en que me salía a devolver, no me lo pagaron y me mandaron una declaración que corregía - a su favor - la mía. Comprobé que todo era correcto, la acepté, y todo se resolvió sin derramamiento de dinero.

Me asustó un poco pensar en cómo la había podido hacer tan mal y pensé en encargársela a un profesional, pero finalmente me decidí a volver a hacerla, con más cuidado si cabe. No me resigno a pensar que no puedo rellenar una declaración de la renta que son sólo sumas, restas y reglas de tres. No puede ser tan difícil. Y en todo caso, si no les gusta la mía, que me manden la suya, como esa vez.


Y, como de todo hay que sacar partido, la declaración del 2007 ha dejado para mí dos reflexiones que paso a compartir.

CONTABLE A OJO

Qué sorpresa la mía al comprobar que, al final, la cuota resultante es la que yo mismo, en mis pensamientos, había calculado sólo recordando más o menos las cantidades ingresadas y las retenidas, y comparándolas con las del ejercicio anterior.

También he acertado el tipo resultante, con una diferencia de unas décimas. Y, antes que eso, previendo los ingresos totales, ya me había anticipado durante el año a pedir en el trabajo que me rectificaran la retención.

¿Debo preocuparme porque haya un pequeño contable dentro de mí? Espero que no. También me ha sido útil para tomar decisiones, y, junto con ciertas dotes adivinatorias, cuantificar y asumir el coste de un destierro.

Matizo: la cuota resultante de mi declaración no es exactamente la misma cantidad que yo había calculado a ojo. Hay un error de un 5%. A mi favor, además. Tengo que pagar un poco menos de lo que esperaba. Soy un 5% más feliz.

EL PRECIO DE LAS COSAS

Al calcular lo que hay que pagar, hay un momento de terror, cuando ves una cantidad exagerada y, de pronto, no recuerdas que ya has pagado mucho dinero con las retenciones que te han hecho en el trabajo (dinero que no ves, bolsillo que no se resiente) y que aún te tienes que desgravar la hipoteca. Aun en esos momentos he procurado mantener una actitud abierta y agradecida.

Doy gracias porque, con mi proverbial prudencia, consigo no vivir al día, y hoy podría incluso afrontar esa cantidad. Doy gracias porque los impuestos, grandes o pequeños, justos o injustos, son siempre un porcentaje de lo ganado; es decir, que si debes pagar tanto es porque has ganado eso y más. Y cuando finalmente he comprobado que mi cuenta pendiente con Hacienda estaba casi saldada... he dado muchas más gracias.

Dice el Maestro que todo tiene un precio. Y podemos darnos con un canto en los dientes por que el ganar dinero se pueda pagar con parte de ese dinero. De modo que, si este año la declaración me ha salido positiva... eso es positivo, ¿no?

jueves, abril 17, 2008

CONFESIONES: MI VIDA AMOROSA

Me preguntan un día por mi vida amorosa y ahora que reflexiono yo la descubro intensa.

Me levanto a diario con amor. Con un poco de sueño también, claro, que con amor sacudo. Con amor me preparo un desayuno que ha de darme energía para el cuerpo, me ducho y visto luego, y hago con entrega mi tarea. Bajo a la calle, y me admira tener a mi disposición un coche, doy gracias mentalmente a mi benefactor, que lo puso en mi mano, y al orden universal que reservó mi hueco en la noche anterior, aunque tuviera que dejarlo en un paso de cebra de momento, para bajar después a cambiarlo de sitio.

Cuando llego al trabajo, aparco con amor, que amor es escoger, entre dos sitios, aquel que es más pequeño, dejando libre el otro a un coche más largo que pueda llegar luego. Camino entre adosados, escucho pajarillos y con amor recibo al sol que me deslumbra y la lluvia molesta y necesaria, cuando viene. Al entrar saludo al de seguridad, con... digamos simpatía, no se me entienda mal.

Con amor y cuidado me reviso la prensa, buscando las noticias más graciosas. Trabajo con amor, y con humor también, lo pide el puesto. Con amor intercambio palabras a millones y opiniones opuestas con mi buen compañero que me gana la mano por el nombre, pues se llama Amador, y dejo que al final sea él - así lo quiere- quien en nombre de ambos encaje las enmiendas y críticas feroces que el jefe nos dedica, quizá sin mucho amor. Y yo le escucho atento, pero sin comprensión (porque a veces no hay alma que le entienda), igual que lo haré cuando lleguen elogios (pues no sólo de amor, que también de ilusión vive el guionista).

Si se nos hace tarde, acepto estar pringando hasta las tantas, y tomo la penumbra y el aire viciado de esta redacción limpia como no ha habido otra cual si fuera mi casa (cada sitio en que estoy es cada vez mi casa). Agradezco incluso el no salir muy pronto y librarme por tanto de atascos infernales. Así puedo, además, llevar a compañeros y aligerarles un poco la carga de la vuelta. Yo agradezco también su compañía, su charla o su silencio, que justifica además que saque el coche y comparta entre varios mi cuota personal de contaminación, mal karma. Si no tardara el doble en tren o en autobús podría amar al planeta un poco más. Mis compañeros, me temo, me odiarían.

Y cada vez que luego llego a casa, también es amor la ciega confianza que pongo en encontrar plaza de aparcamiento. No la hay a la primera, mas sé que encontraré en la siguiente vuelta, en que tampoco hay, en la tercera, cuarta, o en la que ahora proyecto mentalmente. Odio, y lo sé, no debería, a todos los capullos, cabrones, hijoputas, que conducen el coche justo anterior al mío y me quitan los sitios antes que llegue yo. Y mi venganza es saber que, pese a todo, el cosmos me protege y aparcaré hoy también, una vez más.

Con pereza es frecuente y con esfuerzo siempre, hago después en casa mi tarea. Con amor, por supuesto, ésa es la cosa. Me preparo la cena - ya está descongelada, lo previne amoroso el día anterior -, y la ceno mirando con amor la tele, prefiriendo a menudo algún canal, pero sin despreciar por ello el trabajo de otros (mentira, lo sabéis, mentira y gorda). Me acuesto con frecuencia un poco tarde, con amor a la almohada y confianza en dormirme tranquilo y despertar mañana, y hacer mi cometido como siempre o mejor.

No cambio mi semana por la que vive un conde. Amo los viernes pues no trabajo ya para sobrevivir, aunque para vivir trabaje más que nunca, y, por tanto, los jueves, que sólo queda un día. Los miércoles también, porque mañana es jueves; los martes que encarrilan la semana, e incluso amo los lunes porque, por qué negarlo, mi trabajo me gusta, y, fuera ya de bromas, me entrego cada día a hacer lo que me toca, responsable y dispuesto. Sábados y domingos, que trabajo lo mismo o más que un viernes, y son mis favoritos, quiero no distinguirlos y amarlos por igual que a cada día, pues todos son mis días, y de alguna manera soy el padre de todos e hijo de cada uno.

Sigo mi recorrido por mi vida amorosa, y he de decir que amo, ¿os asombra?, la plancha. Es un amor, confieso, que es bastante infrecuente, y ha de saltar barreras que parecen gigantes. Me da mucha pereza, decirlo me avergüenza, sólo sacar la tabla, y lo dejo y pospongo para luego, después, mañana, otra semana... y a veces hasta un mes. Pero cuando lo hago pongo atención y amor. No digo yo que planche, ni mucho menos, bien, pero sí que hago bien cuando yo plancho. Estoy, con todo, lejos de ser un ser perfecto. Mi corazón se entrena, pero le falta tiempo, y aun alberga algún odio en sus rincones. Como digo lo uno, también diré lo otro. Hay algo que no amo y no hago con amor. Lo sé, voy a cambiarlo, pero al menos ahora de momento podéis señalarme censores con el dedo. Confieso y me arrepiento: odio limpiar.

martes, marzo 11, 2008

EL SEGURATA QUE SONRÍE

Todos los días aparco en una calle paralela a mi trabajo, más o menos en el mismo sitio, coche arriba, coche abajo. Salgo del coche, noto el fresco de la mañana, veo el sol, escucho el silencio, los pajaritos, respiro un aire diferente del de Madrid... La verdad es que el mini-paseo hasta el canal es bastante agradable, así que me recreo un poco en mis pasos. De pronto, me doy cuenta de que estoy pensando en estar ya dentro, trabajando, y veo que me he acelerado involuntariamente y mi cabeza va por delante de mis pies. Bajo el ritmo y y vuelvo a caminar como Dios manda. Los adosados iguales, la tranquilidad, los coches que se paran en el paso de cebra cuando cruzo... Todo es orden y armonía.

Luego, cuando llego a la puerta de entrada, veo siempre al guardia de seguridad del parking. No tienen fama de simpáticos los seguratas, y no se lo reprocho. Ocho horas de pie en el mismo sitio sin hablar con nadie y a veces incluso con frío o lluvia puede ser un trabajo un poco coñazo. Pero todo es siempre como te lo tomes. Si es un rollo no ver a nadie, ver a cualquiera tiene que alegrarte. Eso es lo que debe de pensar el guardia de la puerta, porque cada vez que llego, me mira sonriente y me saluda, casi como si me conociera. Por supuesto, yo hago lo mismo, le devuelvo el saludo y la sonrisa alegre y amistosa. Parece un hombre feliz el segurata, y yo lo parezco también. De hecho, anticipo mi buen rollo unos metros antes de llegar a su garita, y me dura hasta un poco más tarde, cuando entro por la absurda puerta giratoria como de hotel antiguo. Me recuerda un poco en los rasgos y los gestos a un amigo mío... y por momentos pensaría que él ya es otro amigo mío. Pero no nos conocemos ni sabemos nuestros nombres. No es mi amigo. Confieso que, por un momento, me decepcionó saber que saludaba con la misma simpatía a todos mis compañeros. Yo quería pensar que mi presencia le daba buen rollo, pero no: es que él es así. No es mi amigo, ya digo. Lo es de todo el mundo y de ninguno. No lo hace por amistad ni dependiendo de a quién se encuentre. Lo hace porque es así, y eso es lo mejor de todo. Lo último que ve del mundo exterior cada persona de la plantilla que entra a trabajar es una sonrisa. Aunque estoy seguro de que la mayoría no la valoran o ni siquiera si fijan.

Yo tuve una época en que saludaba cada mañana a mis compañeros y conocidos con un "feliz día".

lunes, enero 28, 2008

ESFUERZOS CÓMODOS

Contrataron un guía para escalar el Everest.
Lo despidieron porque siempre les llevaba cuesta arriba.

sábado, diciembre 29, 2007

FELICITACIONES

El detallismo me ha podido durante mucho tiempo, pero ya no más.
Ya no más pasarme la tarde entera de Nochebuena y de Nochevieja enviando SMS.
Ya sólo contestar los que reciba.
Ya no soy más detallista.
Qué situación incómoda recibir una felicitación anónima en forma de chascarrillo sin que tú móvil reconozca el número remitente. Uno contesta: "Feliz año para ti también... quien seas".
Como cuando, de pequeño, llamaba una tía segunda a tu casa y cuando descolgabas y preguntabas dígame, te decían a bote pronto: "¿Sabes quién soy?". Pues mira, no. Y si yo te llamo a tu casa tampoco sabes quién soy. Abusona, que tú sabes adónde llamas.
Como cuando te asaltan de espaldas y te tapan los ojos preguntando: "¿Quién soy?". "Ni idea, pero no me mates, el dinero está en la cartera."
Te llega una felicitación de una persona del pasado, te alegra, te sorprende, pero, sobre todo, te extraña. Y lo que más te extraña es que aparezca su nombre, que siga registrado en tu agenda.
Después de tanto tiempo, qué frío contestar: Felices Fiestas para ti también.
(Era mi mensaje estándar de contestación el año pasado).
Llamas por teléfono para agradecer el mensaje, felicitarle tú también las fiestas, saber de su vida...
Y te arrepientes justo antes de que te cojan.
El mensaje se agradece, las fiestas se felicitan; su vida, seamos realistas, te interesa tan poco como a ella la tuya...
Y, sin embargo, va y te lo dice.
"A ver si nos vemos".
¡¿Por qué?!
¿A ver si nos vemos qué es?
¿Un brindis al universo para que haga que nos encontremos por casualidad? ¿O es una invitación a quedar? ¿Por qué no decir entonces ¿"nos vemos el domingo"? Bueno, mejor no.
¿O más bien suena a... llámame un día y quedamos?
No.
Te voy a llamar y no vas a poder.
Me vas a llamar otro día y no voy a poder yo.
Y el día que podamos no nos va a apetecer a ninguno.
Si no fuera porque me da pereza llamar a la gente, convocaría una manifestación con el lema. "No al A ver si nos vemos".
Veámonos sólo si nos tenemos que ver.
Llámenme después de quince años para pedirme un favor. No me ofendo. Yo haría lo mismo.
No me llamen para decirme: sólo llamaba para saber de tu vida. A mí no se me ocurriría.

Dos felicitaciones divertidas. Una la he recibido por error. Ha llegado a mi correo electrónico, pero como si fuera dirigida a otra persona: es una animación de unos duendes bailando a quienes se les han puesto las caras de una familia: dos niños, la madre y el padre.

Otra, una foto del auténtico portal de Belén (Esteban, en este caso).

Estas navidades me ha felicitado poquita gente.
Lo estoy consiguiendo. Desaparezco poco a poco.
Se entiende, si recordamos mi mensaje estándar de contestación.
(Y, desde luego, si mis notas de entrada en mi blog tienen que servir como fe de vida, se diría que estoy en coma).
Claro que espérate a Nochevieja, que yo creo que la gente es más de felicitarse el Año.
Por favor, firménme las felicitaciones, por si acaso.

2+0+0+8 = 10
1+0= 1
2008: Año 1 de la nueva era.
Que sean ustedes buenos para el 2008

martes, julio 03, 2007

EL NOMBRE

La edad media de mi comunidad de vecinos es ... de la Edad Media. Hay dos avanzadas octogenarias; dos hermanas de edad indefinida, pero mayores; varios jubilados, y algunos ausentes (cuento seis, por lo que me han contado) que han caído en los últimos ocho años. Hoy viene una extraña, le sujeto la puerta del portal, comparto con ella el ascensor, y, entre agradecimientos y torpezas al pulsar el botón, se ve obligada a darme conversación. ¡Novedad de novedades! Viene a ver a un recién nacido. Me da su fecha de nacimiento y su nombre. Se llama como yo.

Me gusta que le pongan mi nombre a un bebé. Sólo por ello siento un vínculo hacia él, quizá algo como gremial. Me sucede también con las niñas que se llaman como mi ahijada. Como si fueran algo mío.

Y a la vez, no me gusta que nadie se llame como yo, y me roben esa parcela de exclusividad que, durante un breve tiempo en el colegio, pensé que era mi nombre. Somos demasiados. No hay sitio para tantos Álvaros.

Igualmente con las niñas, se me despierta un sentimiento encontrado (encontrado con el anterior, quiero decir) como de "territorialidad nominal": Ese nombre es de mi sobrina, no te vayas a pensar que por llamarte como ella vas a ser igual.

Aunque ojalá miles de niñas se pusieran de acuerdo para lucir al mismo tiempo e iluminar la Tierra. Es oro puro.

martes, junio 26, 2007

ASOCIACIÓN DE IDEAS

Un amigo de un amigo va a editar un epistolario de Unamuno.
Unamuno decía que filosofía es filosofía.
Filosofemos filológicamente.

Vengo yo últimamente en pensar si no será la palabra "contento" una forma participial irregular del verbo contener, y al igual que el que se distingue es distinguido o distinto indistintamente, el que se contiene es contenido o contento.

Vendría ello a darnos un sentido nuevo al contento y la alegría, tantas veces asociados con una sobresatisfacción desbordante que, sin embargo, no deja de ser causa de ansiedad, pues, aun siempre colmada, siempre quiere más, siendo así que el que "no cabe en sí" de gozo es tan alma en pena como el que está "fuera de sí" de rabia.

Entendería este "contento", no como contención o continencia, sino como un abrazo entre continente y contenido, que habrían de ser acordes uno a otro. Quien está vacío, nada contiene, y no puede estar, pues, "contento". Pero quien está lleno no necesita más. Aunque quizá pueda suceder al revés, que, por el hecho de contentarse, uno se llene.

¿Verdad que alguien lo entiende?

sábado, junio 23, 2007

UNA TONTERÍA QUE SE ME HA OCURRIDO HACIENDO LA COMIDA

La mujer que se busca a sí misma se acerca por la espalda a su gurú y le tapa los ojos con las manos:
- ¿Quién soy?
Le pregunta, en lugar de preguntárselo ella sola.
El gurú, que sabe bien lo que quieren de él, para hacerse el interesante, suelta una frase críptica sobre la identidad (plagiada, por cierto, del programa de televisión que vio la otra noche).
- Soy lo que como.
La mujer, decepcionada, contesta con ironía:
- Pues hoy, soy gazpacho y ensaladilla rusa.

Aquí, pueden ustedes hacerse su propio chiste sobre si la mujer sabe mucho, y si sabe por saber o por sabor, y si está buena o sabe a ajo o a mayonesa.


La misma mujer, quizá porque haya comido demasiado, va después a ver al médico aquejada de un malestar inconcreto, y al preguntarle el galeno (porque era de Gales) por sus síntomas, dice la mujer:
- No sé, que no termino de encontrarme.
El médico le recomienda:
- Pues búsquese bien.

Así pues, compenso la frivolidad del primer chiste, con una moraleja en serio proporcionada por el doctor: Búsquense bien.

sábado, junio 09, 2007

VINCIT QUI SE VINCIT (VENCE QUIEN SE VENCE A SÍ MISMO)

Texto en el dibujo de una lata de cerveza sin alcohol.
¿Será su departamento de marketing un pozo de sabiduría?
Más bien me inclino a pensar que es una velada (¡y tan velada!) expresión de ánimo para los ex-alcohólicos, en plan "sigue bebiendo cerveza sin alcohol, que es la que no mata".
¿Sabrán latín los alcohólicos anónimos? Raro, pues les han engañado como a chinos.
Vincit qui se vincit.
Si supieran lo que han dicho... Hasta en la selva del consumo, se cuela la Verdad.

jueves, mayo 03, 2007

IGNORADOS

Me entero por el blog chicadelatele de que hay un videojuego que se llama TV Giant en el que tienes que gestionar una cadena de televisión. He entrado a verlo. Dice lo siguiente:

"TV Giant
¡Por primera vez en un videojuego, podrás gestionar y dirigir tu propio canal de televisión!
4 canales de televisión se reparten la red local de la ciudad y sus espectadores. Como director de tu cadena, deberás intentar reunir la mayor audiencia, ganar los máximos anunciantes posibles y obtener el más alto nivel de satisfacción por parte de los telespectadores.
Para ello tendrás que echar mano de las mejores estrategias a tu disposición:
- Contrata y despide a los presentadores, actores, realizadores, cámaras…
- Compra los estudios necesarios para realizar tus programas
- Produce tus propias emisiones, telefilmes, series…
- Modifica a tu gusto la parrilla de programación
- Gestiona la administración y forma tus equipos
- Organiza la publicidad en la cadena y en cada uno de los programas
- Negocia los spots publicitarios difundidos por vuestra antena
Pero sobre todo decide las emisiones que serán pasadas en tu canal, su formato y horario… en función de los sondeos de opinión, para convertirte así en el rey de la audiencia. ¿Conseguirás seducir a todos los telespectadores de menos de 50 años ?"

Llamo la atención sobre la primera de las estrategias: Contrata y despide a los presentadores, actores, realizadores, cámaras... ¿Y dónde quedan aquí los directores, redactores y guionistas? Luego dice "Produce tus propias emisiones, telefilmes, series...". Que, claro, supongo que las escribirán los presentadores, o las improvisarán los actores, con las directrices del realizador y el visto bueno del cámara.

No es por ir de susceptible, pero en una serie en que trabajé, el actor protagonista y productor ejecutivo de la misma, reunió al equipo en un momento de crisis para agradecer el gran trabajo que se estaba haciendo (o se había hecho, no sé si ya terminábamos). Y felicitó, uno por uno, a todos los actores y a todos los equipos, dejando para el final a los guionistas. Tan para el final, que ninguno oímos que se nos mencionara.

Buena enseñanza ésta para que aprendamos a ir por la vida desaparecidos, sin darnos importancia, como si no existiéramos.

viernes, mayo 19, 2006

¿CUÁNDO TERMINA EL PASADO?

El pasado ha pasado y lo único que existe es el presente, pero el presente también pasa y el pasado, a veces, se hace presente.

Aunque hoy precisamente sí me he encontrado con una persona conocida (la conocía poco, esa es la verdad), mi característica encontradiza de que a veces alardeo lleva un tiempo de capa caída. Últimamente cuando camino por la calle o en el metro no se me da con la misma frecuencia eso de encontrarme con amigos, familiares, amigos de amigos, amigos de familiares, familiares de amigos, profesores, condiscípulos, compañeros de trabajo, jefes u otros conocidos de diversa índole. En compensación, se me presentan dos tipos distintos de encuentros:
- En un blog, encuentro (o me encuentran) de forma inopinada personas desconocidas que de otra manera hubiera sido difícil encontrarme en la vida.
- Suena el teléfono, y alguien del pasado vuelve a hacerse presente. Esto segundo me ha sucedido tres veces en lo que va de mes. Qué digo tres; hasta cuatro (O cinco, si tomamos un mail recibido hace más tiempo).

El primero se presentó precisamente como un "vestigio de mi pasado", lo cual así dicho da un poco de susto. Era un antiguo compañero de trabajo. Calculamos que haría unos catorce años desde que trabajamos juntos por última vez. Alguna vez nos habíamos visto en pasillos de Antena 3, pero aunque conservamos la estima profesional el uno del otro y un cierto sentimiento de cercanía, no era una amistad que hubiéramos cultivado. Me llamaba para pedir mi opinión sobre un proyecto de televisión. Dejo aparte el halago y la extrañeza por sentirme buscado como punto de referencia. De salir adelante el proyecto, necesitaría una persona que hiciera un trabajo similar a algo que yo, en su día, hice en ese programa que compartimos. Eso puede explicar la llamada. Y la verdad es que sería divertido.

Curioso es que este amigo es muy amigo de unos conocidos míos, y sin embargo no nos relacionó y removió Roma con Santiago para encontrar mi teléfono. Es agradable saber que en algún lugar entre estas ciudades el número de abonado de uno puede ser localizado. No estamos tan perdidos.

Otra llamada, una humorista cuentachistes y también actriz que intervino como tal en el concurso de chistes de más repercusión en que he participado. De este programa hace menos tiempo (unos doce años), pero hemos coincidido más veces, y había sabido que andaba tratando de vender un proyecto de ficción. Y en eso anda, y por eso también me buscaba: para que le echara un vistazo y lo puliera (Me maravilla la imagen que los demás se crean sobre uno). En todo caso, no dispongo de tiempo para ello, así que no acepté el encargo.

Otro: mi primo. Uno tiene muchos primos, pero siempre hay uno de edad coincidente (o casi). En mi caso, son dos. Ambos nacieron un año después que yo, y con dos días de diferencia (entre ellos), pero uno vivía en el norte (y ahora en el sur) y no nos hemos visto nunca con demasiada asiduidad. Así pues, si digo mi primo es Guillermo. Desde los tiempos de la adolescencia empezamos a distanciarnos y a tener otros amigos y otras vidas, y tampoco hemos cultivado la amistad. ¿Cuánto tiempo podía hacer que no nos veíamos? Igual dos años, a lo tonto. De ahí la sorpresa. Sí habíamos tenido entre medias un par de encuentros "desencontrados". Por un azar desconocido compartimos el mismo homeópata (o sea, que al final, no nos diferenciamos tanto), y una vez estando él en consulta, por otro azar, salió mi ficha en el ordenador y él vio mi nombre. Como si hubiera visto un fantasma. Recientemente, a mí me pasó parecido: estando en consulta yo, su ficha estaba sobre la mesa. Se ve que en ambas ocasiones los dos fuimos el mismo día, pero a distintas horas. Si eso tenía que significar algo, mi primo fue quien recogió el testigo y me invitó a su cumpleaños el sábado pasado. Conocí su casa en el campo y a sus niños, a quienes tampoco había visto apenas. (Tuvimos hace tiempo otro encuentro similar, cuando una amigo me mandó un correo masivo y, entre las direcciones de los destinatarios, vi su nombre y apellido: era él. Y sí, soy un cotilla, que leo los nombres de los destinatarios de los correos que recibo; ¿cómo, si no, va uno a encontrarse con tanta gente).

Más. Siguiendo con cumpleaños. Rosa y Carlos, mis dos primeros compañeros de trabajo (años 88-92, más o menos). Rosa cumple el 15 de mayo, fecha señalada y fácil de recordar. El domingo me acordé y pensé en llamarla al día siguiente. Vano propósito: se pasó el día sin volverme a aparecer la idea. Pero por la noche suena mi teléfono, y es Carlos. Se ha acordado también y la ha llamado, no está en casa y le ha dejado un mensaje en el contestador, y, ya que se ha puesto, ha dicho: pues voy a llamar a Álvaro. Y nos ponemos al día el uno del otro (lo mío es rápido, la verdad). Después se me ocurre llamar a Rosa, que ya ha llegado, y cierro el círculo, no sin reconocerle el mérito del recuerdo a Carlos, que no me gusta colgarme las medallas de otros.

No creo que ninguno de estos encuentros vayan a tener excesiva significación en mi vida ni que le aporten un nuevo rumbo, aunque quién sabe. En todo caso, se da uno cuenta de que su pasado empieza a tener una cierta longitud, una cierta consistencia, y que nunca sabes por dónde te va a salir. Y puesto que cualquier persona que haya aparecido en tu vida puede volver a salir, más vale estar a bien con todos, por la cosa del karma (que en español traducimos como "no la hagas y no la temas"). Sed buenos.

viernes, mayo 12, 2006

PÉRDIDAS

Hay un best-seller folletinesco ambientado en la Edad Media que es el libro favorito de un amigo mío. Una vez me lo regalaron y no desprecié su lectura. Reconozco que la historia te atrapa y quieres saber qué pasa con los personajes: la dama corajuda, el hombre de Iglesia, el artista, el malo malísimo... Toda la historia está jalonada de construcción y destrucción, consecucines y pérdidas, ascensos y caídas... en fin, las típicas cosas que en una novela dan la vida, pero que uno en la propia preferiría mantener alejadas. Nadie quiere tener una vida de novela y pasar del éxito al desahucio de la noche a la mañana.

Me chocó mucho esta cuestión: la inseguridad, sobre todo económica, pero también social y familiar. Un hombre se queda sin trabajo y cuando se traslada con su familia a otro pueblo a buscar un empleo, le asaltan y le roban los pocos ahorros que tenía. Y su mujer se muere. Pero se busca la vida y con el tiempo vuelve a casarse, hace dinero y se hace una casa. Es como si para "volver a empezar" hubiera que desposeerse de todo lo anterior. Si así fuera, ¿cuántos se atreverían? Un noble es asaltado, lo asesinan y toman su castillo. Su hija, hasta entonces una dama, lo pierde todo: techo, familia, posición social, dinero. Pero se busca la vida, se convierte en mujer de negocios, gana dinero, y vuelve a ser, ahora por mérito propio, una importante personalidad de su pueblo. Ambos personajes volverán a perderlo y ganarlo todo al menos una o dos veces más, en medio de un continuo de incendios, destrucciones, desastres y tragedias que interrumpen sus vidas cada vez que parece que hay calma y estabilidad.

A nosotros nos da vértigo no tener trabajo fijo y no saber a ciencia cierta si dentro de tres años, dos o seis meses tendremos un sueldo que llevarnos a la cuenta corriente y a la hipoteca. Y sin embargo, la mayor parte del mundo vive instalada en esa inseguridad e inestabilidad que son inherentes a la vida. La vida es cambio, y nosotros nos empeñamos en forzarla para que sea siempre igual, estable e inmutable. Es comprensible y lícito hacerlo hasta donde uno pueda. Pero si nuestro refugio está en el trabajo, en el sueldo, en el dinero, en la salud, en el respeto social o en tener una familia o una pareja, al final nos estamos engañando: estamos a la intemperie porque sólo nos tenemos a nosotros mismos.

Yo siento fobia a cualquier tipo de pérdida de dinero. Quisiera darle a todo lo que entra el uso y rendimiento óptimos, pagar el precio mínimo por las cosas y sacarles la máxima utilidad. Una especie de "ley del mínimo esfuerzo" económica. En términos médicos, por cierto, se llama economía al conjunto armónico de los órganos y funciones fisiólogicas de un cuerpo. O sea, que "economía" es, simplemente, el buen funcionamiento natural de las cosas. Pero qué difícil es que nunca te timen, que nunca pierdas una moneda, que todo el dinero que prestes te sea devuelto, incluso que te guste todo lo que te compras o que si inviertes en algo, tenga la máxima revalorización. Y luego, por muy ahorrativo que quiera ser uno, ya sabéis lo que dicen: "lo barato sale caro". Claro, que a veces lo barato sale verdaderamente barato, y lo que nunca puede salir barato es lo caro. ¿Por qué uno no tengo ningún problema en aceptar las entradas insólitas o inmerecidas de dinero que a veces se dan - injusticias a favor - y se rebela tanto contra las pérdidas sobrevenidas - injusticias en contra -? No podemos controlarlo todo.

En fin, que vienen todas estas disquisiciones a colación de que una amiga me dijo ayer que ha perdido cierta cantidad de dinero en la estafa del Forum Filatélico. No era el dinero con el que vivía, sino el que le daba seguridad, para cubrir imprevistos, para hacer algún gasto extra, para darle algún impulso necesario a su vida... No ha perdido el pan de hoy, ni siquiera el de mañana... pero sí la seguridad en él. Me ha dado vértigo ponerme en su lugar. Uno cree o quiere creer que estas cosas no pasan, que uno está a salvo, que ahorra dinero y eso le da seguridad y estabilidad, pero luego llega la estafa, la corrupción, un crack de la bolsa, una devaluación de moneda, un corralito, y lo pierde uno todo, o casi. Y eso por no hablar de una enfermedad, un accidente o una guerra, que da más mal rollo todavía.

Siempre recuerdo una frase latina que me enseñaron que dijo no sé quién (si alguien conoce todo el contexto, por favor, que me lo diga) cuando perdió a su casa y su familia en un incendio. "Omnia mea mecum porto" (todas mis cosas las llevo conmigo; o, de otra forma, "lo que soy no es lo que tengo"). Si fuéramos verdaderamente conscientes de esto, nos dedicaríamos más a atesorarnos a nosotros mismos y a darnos el máximo interés, sabiendo que, a pesar de estar invertidos en acciones, podríamos "rescatarnos" siempre que nos necesitáramos.

Termino con un chiste que le escuché a Pepe Carrol: "El dinero no da la felicidad; el que tiene 300 millones - hablaba de pesetas - es igual de feliz que el que tiene 500".

domingo, abril 16, 2006

AL HOMBRE PULGA TODO SON PERROS

En este día conmemora el mundo cristiano el triunfo del hombre (de uno, en realidad) sobre la muerte. Nos es dado a todos, pero estamos muy lejos, me temo, y no creo que ir de procesión sea la mejor manera de avanzar (no lo digo, desde luego, porque se camine despacio, que también). En fin, sírvanos - a mí me sirve - esta humorada de la neurosis como recordatorio y examen de conciencia, y que cada cual se aplique si le presta.

Al hombre pulga todo son perros.

El ladrido estridente
del perro chiquitajo del de abajo
le saca ya del sueño
sin que haya terminado su descanso.

Le llena de pelujos
pardos, grises y oscuros la cabeza;
son pelos que no pesan,
pero estorban la mente, se la ensucian.

Sin darle tiempo apenas
a saber que es un hombre, y a sentirlo,
otro perro que ladra
le pone el antifaz de sufridor.

Es un ladrido ronco,
perezoso y quejica, mantenido
en el aire por inercia.
Dice el perro del tiempo que hay borrasca.

El hombre pulga, entonces,
se siente desvalido e indefenso,
y ante el clima inclemente
guarda luto; es el viudo del sol.

Se esconde el hombre pulga
de sí mismo; cerrada la ventana,
respira aire viciado.
Por todas las rendijas entran perros.

Los dogos, los mastines, san bernardos...
los perros del pasado
le vuelven a ladrar después de muertos;
uno casi le muerde.

Y los perros de ataque tras las verjas:
dobermanes, rotwailers
que imagina sin verlos van tras él.
Está paralizado.

Se le escurre una taza, se le rompe.
Es un perro. Otro más
si se llega a cortar al afeitarse.
Hay toda una jauría.

Parece que ha dispuesto
y que ha puesto de acuerdo el universo
a millones de perros,
y a todos los achucha contra él.

Si se observa sincero,
va a ver el hombre pulga que los perros
no ladran y no muerden
si no les deja el hombre que lo hagan.

Si aguza la mirada,
incluso puede ver que no los ve,
que no hay a qué temer,
que los perros no gruñen y no existen.

Si lo ve el hombre pulga,
no ha de ser hombre pulga por más tiempo.
Al hombre pulga, mientras,
sufrimiento: todo para él son perros.